EL ARTE DE MENTIR COMO UN BELLACO
EL ESLABÓN PERDIDO
- Saque las manos de los bolsillos – reprende a un testigo.
- Póngase derecho – increpa a otro
-Si celebramos el juicio, le voy a fundir, así que llegue usted a un acuerdo – presiona al letrado.
IURIS-FLECHAZO
-¿Otro? Ya llevamos treinta en lo que va de año, piénselo un poco- .
LOS CELOS DE MI TOGA
Hace mucho que no le dedico palabras a mi toga, será porque sigo enfadada con ella, ese afán que tiene de ser la única en mi vida me saca de quicio.
Le he dedicado más tiempo que a nadie y todavía quiere más, en cuanto bajo la guardia se va apoderando poco a poco del hueco de mi familia y del mío propio. Desde que sabe que escribo anda chantajeándome con que corren malos tiempos para dejarla aparcada en el armario y me susurra constantemente al oído: “Sin mí no eres nadie”.
No puede soportar que a estas alturas, la comparta con un amor tardío pero intenso al que reservo mi ternura y mis instantes más cálidos.
“ A mi me debes todo lo que tienes” me reprocha oscureciendo aún más su negrura. “Es cierto, pero nunca podrás tener todo lo que soy” le respondo yo.
Nadie me ha hecho sufrir como ella, aunque hayamos vivido juntas momentos de éxtasis también hemos compartido las más oscuras tormentas.
Mi toga impone, inspira respeto, incluso temor, diría yo, pero os aseguro que debajo de ese negro y envarado ropaje se esconde un espíritu soñador en busca de la justicia que se muere de celos porque un intruso, saltándose todas las normas, haya conseguido aligerar mis alforjas y elevar mis pies del suelo.
LA SOMBRA DE LA DUDA
Hace un par de semanas recibo una llamada de una entidad financiera que me comunica que me han bloqueado mis tarjetas de crédito porque figuro en una lista de morosos por una deuda de 123 € con una empresa de telefonía.
A partir de ese momento, me hacen utilizar un tiempo que no tengo en demostrar que mienten: confirmación de mi proveedor de telefonía de que estoy al día, visitas al Banco, carta pidiendo detalles de cómo, cuándo y cuanto.
Ayer recibo una carta donde un Servicio de defensa del consumidor me comunica que habiendo hecho las comprobaciones oportunas, proceden a quitar mi nombre de la lista y nada más que aquí no ha pasado nada.
Leo varias veces la carta por si me ha pasado desapercibido el renglón donde piden perdón, pero por más que lo busco no lo encuentro.
No doy crédito a lo ocurrido, ni una disculpa, ni un mea culpa, ni una pregunta sobre los perjuicios ocasionados ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el Estado de Derecho? ¿y la presunción de inocencia? ¿Qué pasa con mi imagen?
Si hay una cosa que tengo clara después de tantos años de oficio a mis espaldas es que la sombra de la duda nunca se borra. Uno de nuestros más famosos políticos acostumbraba a decir: “Difama que algo queda” o nuestro refranero popular acuña “cuando el rio suena, agua lleva”.
Nadie repara el perjuicio de esa sombra que injusta y arbitrariamente se pega un día a tu persona, por eso debería estar perseguido e incluso penado incurrir en acciones que dan por hecho que eres culpable.
Por lo pronto he cancelado las tarjetas de crédito con la entidad que las bloqueó, si ellos no se fían de mí, tampoco yo de ellos. Ya no las quiero.
Y lo mejor de todo ¿sabéis que es? Que yo nunca he sido cliente de la empresa de telefonía con la que figuraba la deuda.
¡Qué país!
EL PAN NUESTRO DE CADA DIA
Hacía tiempo que no veía reír tanto a mis chicas del departamento laboral al ver reflejadas en este vídeo sus penurias en las oficinas de la Seguridad Social.
OTROSI DIGO
Siempre que termino una demanda, la repaso para cerciorarme de que todo está en orden, de que no falta nada, los hechos, las comas, los acentos, los fundamentos de derecho, el suplico al Juzgado.
Me paro a mirar que no falte ni un detalle, ni sobre una inconveniencia y cuando termino el chequeo, siempre descubro que a esa demanda impecable, impoluta, perfecta y cabal le falta una pizca de ternura y una gran dosis de humanidad.
Después de 25 años de oficio, definitivamente sigue sin gustarme la palabra contenida, la escritura secuestrada por el protocolo, la palabra que sale con la mordaza en la boca, el lenguaje envarado, medido y controlado.
Tal vez si en vez de sacrificar la palabra al servicio de la norma, y con la legalidad en la mano, pudiera hacerle un guiño al Juez y contarle que, mi cliente es un buen tipo, o confesarle que el contrario tampoco es mal tio, lo que pasa es que son un par de testarudos y que se merecen un pescozón judicial, ambos dos…. la justicia sería más cercana y más humana.
Y ya… si pudiera convertir los litigios en poemas, o los conflictos en crónicas literarias, sería la bomba.
Mientras tanto, seguiré suplicando al Juzgado que teniendo por presentado este escrito se sirva admitirlo y en méritos a lo expuesto dicte sentencia conforme a los pedimentos de mi demanda, sin tener en cuenta si mi cliente es un hombre bueno o un perro sanguinario.
EL ESTIGMA DE LA TOGA
Pertenezco a un gremio largamente vapuleado, maltratado y condenado por la literatura, la historia y la sabiduría popular, es raro que junto con un chiste de Lepe no te cuenten uno de abogados.
Que si no tenemos escrúpulos……que si sólo nos importa el dinero……que si no hay ninguno bueno…..y otras lindezas similares.
A aquellos que nos critican indiscriminadamente les invitaría a ponerse en nuestra piel, vestirse nuestra toga solo por un día y vivir experiencias únicas como la de repetir una y otra vez al cliente lo que debe de hacer y verle como hace justo lo contrario, culpándote de su suerte.
Comprobar cómo en décimas de segundos pasamos de residir en el cielo a quemarnos en el fuego del infierno, dependiendo del fallo de una sentencia.
Aguantar consultas que no terminan nunca porque el cliente vuelve una y otra vez a preguntar lo mismo, a ver si un día suena la flauta y finalmente le dices lo que lleva mucho tiempo queriendo oír.
Si ya sé que todos los oficios tienen su luz y su sombra, pero es que el nuestro cada día está más a oscuras, nos jubilamos a los 69 años, ¡quien pillara los 67!!!! (todo es relativo) …….nos meten todos los días demandas por negligencia profesional (es fácil, tan sólo necesitas una sentencia desfavorable para cargarte al abogado) y estamos tan perseguidos que un día, a nuestros hijos les va a dar vergüenza decir que su padre/madre es abogado y no exagero, que ya está pasando con los retoños de los controladores aéreos, y en su día pasó con los hijos de los Guardias Civiles en el País Vasco.
Con todo y con eso, cuando uno se encuentra en un aprieto corre a ponerse en manos de uno de esos seres infectos y despreciables que se hacen llamar abogados y que, habitualmente, te sacan de apuros y te hacen la vida más fácil.
En cualquier caso, el estigma de la toga sobrevuela nuestra cabeza cuan maldición de la gitana: “juicios tengas y los ganes”.
ES NOTICIA
Me pregunto si es que no nos damos cuenta de cómo nos manipulan, de cómo juegan con nosotros y como vampirizan nuestro criterio. Necesitan que creamos a pies juntillas en sus mentiras, porque ni siquiera ellos son capaces de digerirlas.
Ellos deciden qué es noticia, cuando y donde, lo que es importante y lo que no y nosotros nos limitamos a escuchar o leer y muchas veces a creer.
He tenido la oportunidad de acercarme al conflicto de los controladores en vivo y en directo y vive Dios que dista mucho de lo que nos han vendido.
EN CAPILLA
El frio de la noche me acaricia mientras voy paseando por sus calles desiertas, ni un alma por el centro de esta elegante y estirada ciudad y a pesar de ello ninguna sensación de temor me acompaña. Al bajar una calle empinada, veo una coqueta iglesia iluminada, embutida entre dos sobrios edificios, y la curiosidad me llama a atravesar su puerta abierta. Hacía mucho tiempo que no escuchaba con tanta intensidad el ensordecedor sonido del silencio. Algunos sitios de culto estan impregnados de una energía especial y éste, sin duda, es uno de ellos.
Terminado mi paseo me refugio en la soledad de una habitación de hotel, un frio lunes de noviembre y me acurruco en mis palabras para conseguir el calor que le falta a estos sitios, que son casa de todos y hogar de nadie.
Sitios de paso que no llegan a impregnarse de alma, no se si por las altas dosis de lejia que emplean para eliminar cualquier rastro o porque sus ocupantes entran por una puerta y salen por otra.
LAGRIMAS DE COCODRILO
Son capaces de todo con tal de salirse con la suya, se valen de su delicada salud, apelando a tu bondad, para ponerte la última en la cola del cobro. Son expertos en dar la vuelta a la tortilla y en vez de sentirse ruines y rastreros porque no te pagan los trabajos encargados, pasan la oración a pasiva y te conviertes tú en la villana que no tiene corazón al intentar cobrar, con lo mal que lo está pasando.
Conducen coches caros, viven en los mejores barrios y frecuentan los ambientes más selectos, aparentan más de lo que son y no son nada de lo que aparentan. Van por la vida dando pena a los que deben y envidia a los que aspiran a parecer y a ti, mientras tanto, te dan una palmadita en la espalda, para que tengas paciencia y no te quejes.
Ellos se creen sus propias mentiras, pero yo no me las creo, y por muchas vueltas que den a mi conciencia, no pienso perder el equilibrio, tampoco pienso perdonar los honorarios por un trabajo bien hecho, que, por suerte o por desgracia es con lo que me gano dignamente la vida. El perdón esta reservado para otros menesteres.
Yo creo que la única razón de que siempre pidan mi indulgencia a través de terceras personas es porque no son capaces de sostenerme la mirada.
APATRIDA
Sondeé con la mirada tanto a él como a mi compañero y rápidamente descubrí el porqué. Él, un caribeño, que vino a nuestro país hace diez años con una beca, recién estrenado su doctorado, y actualmente nacionalizado español, relataba cómo este verano había vuelto a su país para reencontrarse con sus padres y sus hermanos y éstos le habían cerrado la puerta en las narices, por haberse pasado al enemigo.
Nos contaba con una sonrisa de desconsuelo que le habían adoptado con tres años, porque su madre había muerto y su padre le abandonó y que ahora le habían vuelto a abandonar. Que en España era un maldito panchito y en su país un maldito traidor. –Bueno, no pasa nada eres un ciudadano del mundo – tercié yo - Soy un hombre de ninguna parte – contestó él. Sin patria, sin raíces, sin familia, sin bandera ................
Dedicamos tres cuartas partes de la reunión a compartir la angustia de un ser humano desubicado y yo me permití hablarle con el corazón y sugerirle que cerrara capitulo y procurara curar la herida, porque sino no pararía de sangrarle durante toda la vida. Solo al final tratamos el asunto jurídico para el que nos habíamos citado.
Hoy me ha llamado por teléfono para darme un dato sobre el litigio, que, por otra parte, no me hacía falta, aunque yo se que realmente su llamada obedecía a la necesidad de decir: “gracias, me has ayudado, tendré en cuenta lo que me has dicho”, aun sin haberlo hecho palabras.
Si hay alguna razón, después de veinticinco años, para seguir vistiendo la toga, día a día, esta es, sin duda, la satisfacción que te proporciona el servir de ayuda a quien te pide auxilio.
NO ES EL HUEVO SINO EL FUERO
Hubiera deseado que no me hubiera pasado, pero me ha tocado y ¿qué hago yo ahora con esto? Pues no se me ocurre otra cosa que intentar transformar mi furia en palabras y mi cólera en un sentimiento que pueda observar desde la distancia.
Atrás queda una cantidad ingente de trabajo, de reuniones interminables para meterme en la piel del litigio y conocerlo tan a fondo que no fuera posible el ataque del contrario por sorpresa. Horas y horas dedicadas a ellas y a debatir estrategias para asegurar los mejores resultados.
Su nivel de exigencia era muy alto, pero no alcanzaba al que yo me impongo en mi trabajo y finalmente los resultados del esfuerzo dieron sus mejores frutos. Les conseguí el sueño que perseguían, les traje en una bandeja la más absoluta victoria.
Y ahora que ya lo tienen todo, que han alcanzado el cielo, me discuten el precio de su triunfo, apelando a un supuesto malentendido e intentan imponerme el cómo, el cuando y el cuanto van a pagarme.
De una forma infame intentan arrebatarme lo que es mío, ahora que ya no me necesitan. La nausea se apodera de mi cuando pienso el tiempo y el esfuerzo que les he dedicado, me pongo mala sólo de pensarlo. Han conseguido además de retrasar el inicio de mis deseadas y necesitadas vacaciones, despertar en mí sentimientos de ira y cólera que creía superados.
Es la primera vez en veinticinco años de ejercicio que me veo obligada a presentar una jura de cuentas a un cliente ante los Tribunales porque no cumple con su parte del trato.
Es la primera vez en veinticinco años que cierro la puerta a unas personas con las que he convivido estrechamente durante meses, compartiendo sus miedos y sus anhelos, y les pido que no vuelvan a entrar nunca más.
No es una cuestión económica sino de dignidad personal y profesional.
NI CONTIGO NI SIN TI
Pero lo que más huella deja sobre el cristal y más pasiones desata son, sin duda, las separaciones y divorcios. Y es que entre el amor y el odio hay una línea divisoria tan estrecha que resulta facilísimo traspasarla sin darse cuenta.
El que abandona llena el cristal de toques certeros pero nerviosos cargados de razón y culpa; el abandonado, en cambio, frota el cristal con la palma de la mano abierta, para borrar lo que le está pasando.
Cada vez que veo como dos personas que han compartido vida, cama, secretos y a veces hijos, se convierten en unos perfectos extraños dispuestos a amargarse la existencia y a sacarse mutuamente los higadillos, mi fe en el ser humano se tambalea.
Cada vez que escucho alrededor de la mesa frases como: “ Todo lo que es, me lo debe a mi”, me pregunto si realmente ha sentido alguna vez la esencia de la entrega desinteresada.
Cada vez que escucho al abandonado decir que lo da todo por sus hijos para acto seguido afirmar “a mis hijos no les oculto nada, tienen que saber que su madre me ha abandonado por otro, porque es la verdad”, me pregunto si no será peor hacer tomar partido a las victimas, que abandonarlas.
En ocasiones, cuando la esposa sustituida pronuncia frases como: “si la vieras, es mucho mas fea que yo” confirmo mis sospechas de que no ha entendido nada.
El cristal de mi mesa sería negro como el cuero de las sillas que la rodean si absorbiera las energías que las parejas rotas traen consigo, pero sigue siendo transparente porque las observa desde la distancia, las toma el pulso, las diagnostica y finalmente se las devuelve a su dueño para que se las lleve consigo, cuando se vaya.
Nec sine te nec tecum vivere possum ("Ni sin ti ni contigo puedo vivir").(Ovidio, Amores, 3, 11, 39)
COMO PESA LA TOGA.........
La chispa la suelen poner algunos compañeros de profesión y de fatigas que parecen estar más de refresco que yo y que como me ven cansada, me creen vencida, ¡¡pobres!!.
Ayer sin ir más lejos, el compañero contrario me reprochaba llegar dos minutos tarde al juicio diciéndome lindezas tales como: “Hombre, has venido. Creía que después de tener la desfachatez de meter una demanda a mi cliente como la que le has metido , ibas a tener la desfachatez de no presentarte al juicio” Le miré de arriba abajo y le contesté: ¿ No pensaras que me voy a molestar en contestarte a esa estupidez? . La chispa encendió la antorcha y me despaché a gusto con él durante el juicio, dándole hasta detrás de las orejas. Luego ganará quien Su Señoría estime que tenía la razón, pero el gustazo de que pague su desfachatez de meterse inoportunamente conmigo, no me lo quita nadie.
Creo que era Kennedy el que decía que sólo un tonto contrata al abogado que se tiene a sí mismo por cliente". Pues eso me ha ocurrido a mi esta semana con un abogado de provincias, que a la vez es el empresario de la trabajadora que yo defiendo (¡¡¡¡porque yo también defiendo a trabajadores!!!!! aclaración hecha para aquellos que lo poníais en duda) y que entró en San Google para saber quien era yo y así saber con quien tenía que medir sus fuerzas.
Mira tú por donde, empiezan a salirle mis relatitos seleccionados y el abogado en cuestión decide atacarme por la vanidad. Desde el principio se muestra muy interesado en lo que yo escribo, y en acceder a mis supuestas publicaciones. Se inicia la negociación entre nosotros y antes de tirarnos mutuamente a la yugular del contrario, me entra pidiéndome nuevamente mis creaciones literarias. A veces cuando tu interlocutor no está en su sitio, no te deja más opciones que colocarle tu y por eso, con suma educación, le digo: Mira, vamos a hacer una cosa, vamos a terminar la negociación que nos traemos entre manos o el juicio, si no llegamos a ningún acuerdo, y cuando terminemos nuestro trabajo, si todavía estás interesado por lo que escribo (que no lo estará) hablamos de ello. ¡Pues le ha parecido mal! ¿qué pensaba?.
Cada mes de julio de cada año que pasa, la toga pesa cada vez más, será por el calor, por los años, por el cansancio, por la estupidez que flota en el ambiente o vete tu a saber porqué, menos mal que siempre hay alguien dispuesto a hacerme resurgir de mis cenizas como el ave fénix, recordándome que aún sigo viva.
VIAJE EN BALDE
Una copiosa herencia, un matrimonio mayor, envenenado por un odio cosechado cuidadosamente durante veinte años y el mundo entero contra ellos. Tres agotadoras horas de reunión, la primera para enterarnos de qué es lo que querían, la segunda para decirles qué es lo que tenían que hacer y la tercera para comprobar que no venían buscando nuestro consejo, sino nuestra adhesión a su causa.
Ella, una mujer de porte distinguido y finos modales, no tardó en convertirse en la hidra de las siete cabezas cuando comprobó que no estábamos de su parte, no quería escuchar soluciones, quería seguir quejándose por las esquinas y echando por la boca la hiel que con tanto esmero llevaba veinte años fabricando.
El, un hombre elegante, que se asomaba al mundo a través de la traducción simultanea de su esposa desde hace dos décadas, estaba queriendo entender nuestras explicaciones, menos mal que ella le llevaría nuevamente al redil, cuando volvieran a casa.
Tres horas durante las que Ramón y yo cruzábamos furtivamente nuestras miradas, en busca de consignas de actuación al unísono, la última fue clara “ vámonos que aquí no hacemos nada ”.
Dimos por terminada la reunión a la vez que nuestra paciencia y tras comprobar que habíamos hecho el viaje en balde y que habíamos perdido todo el día, decidimos darnos un homenaje en un restaurante de cocina de autor.
Un homenaje por los muchos momentos en los que aguantas el tirón y contienes tu lengua para no decir a alguien una verdad que se merece y que no soportaría escuchar.
Un homenaje por las muchas horas invertidas en trabajar los problemas de otros, que casi nunca compensan los tiempos robados a nuestras familias.
Un homenaje por nuestra dedicación y porque todavía somos capaces de creer en lo que hacemos.
Un homenaje porque a día de hoy podemos decir, con la cabeza muy alta, que actuamos conforme a los dictados de nuestras conciencias y no de nuestros bolsillos.
CON LA VENIA
Envuelta en esa parafernalia de solemnidad que proporcionan las togas, las salas de justicia y la jerga judicial, he vivido momentos de gloria en los que acabas seduciendo con tu alegato a Su Señoría; al público, al que percibes entregado y si te descuidas a la parte contraria. Esos momentos de gloria en los que sientes como se te eriza la piel haciendo palabras las razones de tu cliente. Esos momentos en los que el mundo desaparece y solo queda lo que dices y lo que defiendes.
Pero también en el estrado he descendido a los infiernos empujada por Su Señoría, de la mano de frases como –Sra. Letrada no le voy a consentir que vaya por ahí- consigna típica para reventarte todo tu argumentación y dejarte sin defensa. Cuando insistes en tu alegato, entre otras cosas porque no tienes otro, empieza con las amenazas – Sra Letrada, si persiste en su actitud le voy a tener que retirar el turno de palabra- y finalmente vienen las represalias – Sra. Letrada, se acabo su turno. Tiene la palabra la parte contraria – y entonces tu haces la protesta y apelas a la Constitución y al derecho a la defensa y el juez te mira perdonándote la vida.
Aún es peor cuando el Magistrado con tono mordaz te suelta –Sra. Letrada ¿de verdad me está usted diciendo lo que acabo de escuchar?- frase que se traduce en “Estás muerta, bonita” “has perdido el juicio”. La presión a la que a veces te somete Su Señoria es lo más parecido a una operación de acoso y derribo, como interrumpirte constantemente haciéndote perder el hilo de tu alegato o declararte impertinentes todas las preguntas que le haces a tu testigo. Esos son los momentos en que te gustaría desaparecer del mundo, y sólo queda tu frustración y tu impotencia.
Cuando empieza el juicio y dices –Con la venia – no sabes si vas a ser engullida por los leones o vas a salir por la puerta grande, con dos orejas y el rabo.
ATRAPADA
Quiero cambiarme de carretera, no puedo moverme, siento una sensación de claustrofobia y tengo que reprimir los deseos de abandonar el coche en medio del atasco y salir corriendo. Evoco otro momento estelar de la semana, una negociación donde tuve que desplegar las mejores artes de jugadora de mus, para hacer creer a la otra parte que tenía una batería de pruebas para masacrarles en el juicio, echándoles un órdago a grande con cuatro pitos y conseguí que pasaran por el aro. Un éxito rotundo, sin duda, sino fuera porque la inicial alegría de mi cliente dio paso a un “podíamos haber conseguido más”, siguiendo la premisa de que la felicidad nunca está donde tu te encuentras.
Avanzo lentamente y a trompicones, como el día, como la semana, como la justicia, como mi dolor de cabeza y consigo finalmente atravesar el túnel, al final del cual está la luz del día, el tráfico fluido, el fin de semana y el ansiado descanso
LA CARTA
Venía en un sobre distinto, fuera del convencional por eso, quizá, me llamó la atención. Era una carta del Colegio de Abogados que me recordaba que este año cumplo 25 años en el oficio y con tal motivo me invitaban a una ceremonia organizada para la ocasión donde me entregarían un diploma a la vez que a mis colegas contemporáneos.
No cuenten conmigo para la ceremonia, no me gustan estos actos institucionales de pompa y boato y de culto al ego, donde un señor que no te conoce de nada te dedica un discurso cargado de frases rimbombantes sobre la consagración de tu vida a la abogacía y donde un grupo de colegas, a los que, a muchos de ellos, ni siquiera conoces, te aplauden a rabiar mientras sales a recoger el diploma. No, no, gracias, a mi no me pillan en una de estas.
Después de 25 años vistiendo la toga y escudriñando el alma humana, conviviendo con sus miserias y con sus grandezas, sólo creo en las celebraciones que salen del corazón, éstas no me las suelo perder, pero huyo, como de la peste, de los eventos de plexiglás que bajo su grandilocuente fachada no albergan nada.
Agradezco el gesto del Colegio Profesional pero agradecería más que en vez de darme un diploma por incombustible, pertinaz y madurita, me rebajaran la edad de jubilación, que una está ya muy trabajada.
NO ES LO MISMO ¡QUE VA!
Parece igual pero no es lo mismo, ¡que va! Todos en mayor o menor medida, hemos tenido alguna vez el pálpito e incluso la convicción de que la justicia es un cachondeo: juicios que tardan años en llegar........... sentencias que no hay por donde cogerlas.....................jueces que se creen el eslabón perdido entre Dios y el hombre.......,abogados marrulleros que dilatan ladinamente los procesos........, esto es estar arriba.
Ahora veamos lo que es estar abajo o tomarse la justicia a cachondeo: el que va de pobrecito y de victima y niega ante el estrado hechos irrefutables como la autenticidad de su firma, para no reconocer su deuda, y hace que un juicio se suspenda, que se ponga en marcha una querella criminal por una falsedad que no existe y a partir de aquí el proceso se alimenta sólo, entonces es cuando se da cuenta del alcance de su mentira, y se le ponen de corbata cuando descubre que puede dar con sus huesos en la cárcel. ¡¡ Está la justicia como para gastarle bromitas.!!! Esto es estar abajo y las consecuencias de tomarse la justicia a cachondeo.
Tal vez nuestro diligente Ministerio de la Igualdad ocupado en tan enaltecidos menesteres podría dedicar una campaña para la igualdad de trato en la justicia.
Y no es que no esté de acuerdo en que todo el peso de la ley caiga sobre el mentiroso, que utiliza el entramado judicial para sus intereses, al contrario, lo aplaudo, pero el mismo trato deberían recibir los togados con puñetas y sin puñetas que contribuyen activamente a que la función de la justicia se degrade hasta tal punto que se equipare a un autentico cachondeo.



















