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EL SUSURRO DEL DUENDE (ADDENDUM)

A menudo nos acomodamos a nuestras pequeñas miserias porque siempre es menos arriesgado que luchar por nuestros sueños……….casi siempre descubrimos el valor de lo que tenemos cuando lo perdemos y algunas veces…. muy pocas, conseguimos ver más allá de donde alcanza nuestra mirada.

Gracias a todos por vuestra fidelidad, por vuestra paciencia y sobre todo, por vuestro cariño.



EL SUSURRO DEL DUENDE (última entrega)

Para Beatriz, por su apuesta y por su victoria.


- Dime cielo …..¿quien te llevó al parque donde nos encontramos? – preguntó su madre acariciándole su melena rubia.

La niña le miró con ojos suplicantes – si te lo cuento ¿te vas a enfadar conmigo? - Laura negó serenamente con un movimiento de cabeza.

- El duende, mamá, el duende me llevó allí –

Volvía a aparecer la figura del duende que tantas dudas despertaba en Laura y cuya existencia tanto alimentó Roberto, ahora que parecía que toda la historia del duende había sido un cuento, Diana volvía a evocarlo. Laura decidió seguir interrogando a su hija

- Pero….. ¿el duende ha estado contigo siempre? –

Diana afirmó con la cabeza - él me sacó de la habitación que tenía y me acompañó al parque, estaba cerquita andando y me dijo que los dos ibamos a volver a casa. –

- ¿y donde está ahora? -

- Volviendo a Loya, se fue con Roberto – contestó Diana con una sonrisa.

Laura recordó que Roberto llevaba una caja en una mano y la maleta en la otra, cuando se marchó.

- Demonio de chica – contestó divertida Chelo – Si ya lo decía el señor Arturo, ¿quien va a creer a una criatura de seis años?-

El timbre de la puerta rompió el clima de absoluta atención que se había creado en torno a la historia de Diana. Chelo hizo ademán de levantarse a abrir, pero Laura se adelantó.

- Deja, ya voy yo – albergaba la remota ilusión de que tras la puerta se encontrara Roberto, dispuesto de nuevo a entrar de lleno en su vida.

En su lugar encontró una adolescente que no conocía, aunque su rostro le resultaba familiar, no le dio tiempo a hacer más cábalas sobre su identidad, la joven la saludó y se presentó:

- Soy Marta Hidalgo. –

La noche se estaba echando encima, pero el color azafrán del atardecer de Madrid se resistía a darle paso, el aire se le antojó repleto de olor a pino y a lavanda y el canto de los pitos reales y las bisbitas se confundía más que nunca con el susurro de un duende.

F I N

EL SUSURRO DEL DUENDE (83ª entrega)


A Laura le vino a la cabeza la conversación mantenida entre Javier Vielva y Roberto la noche anterior en el Retiro, las elucubraciones disparatadas de ambos estaban empezando a tomar cuerpo, no obstante quiso seguir indagando para cerciorarse.

- Dime cariño, ¿ te acuerdas quien te sacó de casa? –

Diana seguía pintando ajena a la pregunta de su madre. Laura volvió a hacerle la pregunta.

– No sé – contestó está. -El papá de pelo blanco y negro me traía helados, trozos de pizza y hamburguesas y el otro papá tenía gafas y barba y yo me asusté mucho porque entró con una pistola y creía que me iba a matar. Se pusieron a discutir mucho rato, mucho rato y después ya solo hablaban.-

- El de pelo blanco y negro quería que le preguntara al duende si sabía donde estaba su hija y el policía de gafas decía que estábamos majaretas – describió gráficamente Diana llevándose el dedo índice a su sien mientras lo hacía girar sobre sí mismo.

La cabeza de Laura trabajaba a gran velocidad para poder encajar cada una de las piezas del puzzle, entre lo que le contaba Diana y lo que había escuchado la noche anterior en el Retiro de boca de Roberto y Javier Vielva, tal vez podría reconstruir lo que realmente había ocurrido.

Todo apuntaba a que Arturo Hidalgo había planeado el secuestro de Diana, tras descubrir el extraordinario parecido con su hija, posiblemente Chelo en alguna de sus visitas a su amiga Justa había puesto sobre la pista a Arturo que apareció de repente en la vida de Laura con una referencia falsa. Había montado un sofisticado y difícil juego de pistas poniendo al frente a un duende traicionero con la intención de no devolver nunca a Diana a su casa. Había elegido un destino tan lejano como Las Bahamas para que nunca nadie más la encontrara y había nombrado como su hombre de confianza y también de paja, a Esteban Herrera por si sus planes se iban al traste, tener un cabeza de turco que respondiera.

Sin duda, Javier Vielva sabía lo que decía, pero su intuición le indicaba que también Roberto tenía razón. El Comisario se había hecho cargo de la investigación, había descubierto el escondite de Arturo y en vez de desmantelarlo pensó que podía sacar provecho de dicha situación. Roberto había apuntado que Javier sólo buscaba la revancha por esa hija que nunca tuvo y ahora la vida le daba la oportunidad de acabar con ese odio que le roía las entrañas.

Una incógnita le quedaba sin resolver, .......si no pensaban devolver a Diana...... ¿Quién la llevó al Retiro la noche anterior?

(Continuará….)

EL SUSURRO DEL DUENDE (82ª entrega)

duendecillo

- Toos los hombres son iguales, se lo digo yo señora, que porrazos llevo ya unos pocos, van a lo que van y cuando lo consiguen…. si te he visto no me acuerdo. Toos cortaos por el mismo patrón, se lo digo yo – apuntó Chelo haciendo gala de su inexistente tacto.

- No esté triste, ya verá como en dos días se ha olvidao de este gañan, venga a la cocina que le voy a preparar una infusión que le va quitar la pena –

Diana estaba dibujando sobre la mesa de la cocina, sonrió a su madre cuando entró y le hizó un gesto con la mano para que se sentara a su lado. Laura le dio un beso en la frente y se sentó muy lentamente, como si el roce de la madera sobre su piel provocara heridas. Descansó el rostro entre sus manos mientras percibía la cantinela de Chelo como un molesto murmullo ininteligible.

Laura desvió su atención hacia el dibujo de Diana – ¿que estás pintando?-

- La habitación donde he estado, mi cama….mis muñecas…..mis juegos….. aquí estaba el baño…… -

- ¿y la ventana? Diana ¿Qué veías por la ventana? – preguntó Laura con extremado interés.

- ¿ventana?– respondió la niña, evocando la imagen en su memoria - No había ventana-.

Laura observaba con gran atención el dibujo de su hija intentando descifrar el enigma de su desaparición, localizó las cosas que había ido nombrando Diana y la figura grande de una niña en mitad de la habitación. Había dos figuras más en el papel, a Laura le parecieron niños, uno, llevaba algo parecido a un plato y el otro un objeto que no supo identificar.

- ¿Quiénes son? -

- Unos papás, éste – señaló Diana – me traía la comida y éste, venía a veces –

- ¿Sabes como se llaman? –

Diana se quedó mirando fijamente a su madre, rebuscando en su memoria los nombres de esas personas y finalmente contestó – No, sólo se que éste tenía una hija igualita que yo y el otro….. el otro era policía.

(Continuará …….)

EL SUSURRO DEL DUENDE (81ª entrega)


Decidió irse pronto a casa, la falta de sueño empezaba a pasarle factura, notaba como se apoderaba de ella el cansancio por momentos. Tenía ganas de abrazar de nuevo a Diana, respirarla, mirarla y volverla a mirar, estrecharla entre sus brazos recuperando todo el tiempo perdido.

Queria estar cerca de Roberto, pedirle disculpas por haberle exigido explicaciones en vez de agradecerle todo lo que había hecho por ella, quería enseñarle los papeles que probaban que Luis había salido oficialmente de su vida… deseaba decirle cuanto le quería, sin que viniera a cuento, besarle por sorpresa, abandonarse a la locura de quererle sin condiciones, sin límites….

La mirada de Chelo buscandola a través del cristal, la devolvió a la realidad y a la incertidumbre. Conocía esa mirada nerviosa de la extremeña. Cuando atravesó la puerta supo la razón de esa mirada, una maleta le esperaba en el hall. Todas las locuras inventadas se rompieron en mil pedazos, la pasión imaginada se disolvió dolorosamente en el aire.

Roberto salio a recibirla – Me voy, Laura, este no es mi sitio, ni mi mundo, ya tienes a Diana, ya no me necesitas –

Laura intentó retenerle, preguntarle porqué, pedirle que se quedara a su lado, pero no salió ninguna palabra de su boca, tan sólo una lánguida tristeza de sus ojos.

- No puedo quedarme, Laura, no seríamos felices, no me veo viviendo como una sombra a tu lado, acabarías despreciándome y lo que es peor, acabaría despreciándome a mí mismo. Me vuelvo a Loya, a mis bosques y a todo lo que me llena de energía. Te pediría que vinieras conmigo, pero sé que me vas a decir que no, siempre pertenecimos a mundos distintos, los dos lo sabemos, yo me vuelvo al mío y sé que tu no vas a abandonar el tuyo. -

Laura seguía sin pronunciar palabra, mientras una lágrima empezaba a resbalar por su rostro

- Te estaré esperando – dijo Roberto al tiempo que abrazaba a Laura. Permanecieron así apretadamente juntos durante unos instantes que se antojaron una eternidad. Se besaron tierna y cálidamente, acariciaron mutuamente sus rostros, memorizando cada ángulo, cada poro y tras un largo beso de despedida se dijeron adiós.

Laura le vio alejarse portando su maleta en una mano y una caja en la otra, y acarició con nostalgia los papeles de Luis que llevaba en el bolsillo, esos que nunca llegaría a mostrar a Roberto.

(Continuará…..)

EL SUSURRO DEL DUENDE (80ª entrega)


Era lo más parecido a una demanda de divorcio, pero sin estar casada, en ella el abogado de Luis Arana proponía a Laura para que ejerciera la guarda y custodia de Diana. –Me hubiera sorprendido que la hubiera pedido para él, tener una hija siempre se le hizo grande – pensó Laura y siguió leyendo, el régimen de visitas..… la pensión de alimentos…… Esta reacción de Luis le había pillado por sorpresa, en el fondo, albergaba una vaga esperanza de que cambiara, que volviera a casa para decirle que era la mujer de su vida, que luchara por recuperarla, todo menos echarse un fracaso sentimental a la espalda y tener que reconocer que se había equivocado.

-Enhorabuena – dijo un Esteban Herrera sigiloso que acababa de entrar en el despacho de Laura sin que ésta lo percibiera. Laura susurró un “Gracias” sin apenas levantar la vista de la mesa. En otras circunstancias le hubiera enseñado la demanda de Luis y hubiera pedido su consejo, pero si había algo que no se podía permitir en este momento era parecer una mujer desvalida y vulnerable.

Esteban se sentó enfrente de ella, con cierta parsimonia, parecía tranquilo y dispuesto a charlar tranquilamente: - Laura, llevamos muchos años juntos, hemos vivido épocas difíciles y momentos muy buenos, hemos luchado codo con codo para montar este despacho y sacarlo adelante y ahora no me gustaría tirar por la borda todo lo que hemos conseguido a lo largo de este tiempo, incluidos los lazos que se han ido creando entre nosotros.

Ya me he enterado de la muerte de Arturo Hidalgo, él sabía que esto podía ocurrir, tenía un presentimiento al respecto, por eso me dejó una copia de su testamento, donde me nombra Administrador de todos sus bienes a la espera de que su hija aparezca o sea declarada fallecida.-

Esteban hizo una pausa a la espera de algún comentario de Laura, pero éste no se produjo y reanudó su monólogo

- Es una oferta que no puedo rechazar, a estas alturas de mi vida, esto es un reto que ha despertado en mí sensaciones que tenía olvidadas. Me ha inyectado una dosis de ilusión que hace tiempo que ya había perdido…. Me voy a las Bahamas, Laura, al fin y al cabo aquí ya no me espera nadie. Mis hijos ya han volado del nido y mi matrimonio entró hace tiempo en una vía muerta, Choni se ha refugiado en el cuidado de su madre y estoy seguro que va a vivir mi partida como una liberación. Después de todo, su estatus se va a mantener intacto, porque no nos vamos a separar, incluso puede presumir delante de sus amigas de que a su marido le han encomendado una difícil tarea en Las Bahamas y no sabe cuando volverá.-

Esteban dejó asomar una agria sonrisa y prosiguió:

- Tu te sobras y te bastas para manejar el despacho, los empleados te aprecian a ti bastante más que a mí, y en poco tiempo se olvidarán de mi. Te lo dejo todo, entenderás justo que lleguemos a un acuerdo de pago por mis derechos sobre este negocio ¿no? –

Laura seguía en silencio, con la espalda recostada sobre su sillón de piel, sin dejar escapar ni una mueca, ni un gesto, ni un sentimiento, como si el discurso de Esteban no estuviera dejando ninguna huella en su interior, como si ya no le quedara capacidad alguna para asombrarse, aunque ella no sabía que en casa le esperaba aún una última sorpresa.

(Continuará…….)

EL SUSURRO DEL DUENDE (79ª entrega)


No podía dormir, estaba demasiado cansada y demasiado excitada para conciliar el sueño, así que después de varios intentos se levantó, se metió bajo la ducha e intentó que el agua hiciera las veces del sueño sobre sus músculos y sobre su cabeza. Después abrió el armario y eligió un traje gris de raya diplomática que solía reservar para las reuniones donde se ventilaban y negociaban cuestiones importantes. Sentía la necesidad de investirse de autodominio y seguridad para volver al despacho y enfrentarse con todos los problemas que había dejado allí, como la anunciada marcha de Esteban, que no sabía si seguía en pie ahora que Arturo Hidalgo había muerto. Necesitaba despejar cuanto antes todas las incógnitas y superar el vértigo de hacerse cargo en solitario del negocio.

Todo fueron abrazos y felicitaciones cuando entró por la puerta, aunque percibió con clara nitidez el aroma de la incertidumbre que flotaba en el ambiente. Podía oir a Esteban a lo lejos hablando en su despacho. –Lleva toda la mañana encerrado hablando por teléfono – le apuntó por lo bajo Marga.

Sobre la mesa de su despacho Laura encontró un cerro de papeles que habían sido ya procesados a decir por las notas autoadhesivas que llevaban pegados, con indicaciones de cómo se había procedido en cada caso. Le llamó la atención un documento que estaba separado de todos, sin notas, sin filtrar, apenas sin tocar, venía de un despacho matrimonialista muy conocido y acompañaba un Convenio Regulador de lo que parecía un divorcio. Iba dirigido a ella, como tantas otras veces, pero esta vez, algo era distinto, no hacía alusión a ninguno de sus clientes, apenas empezó a leerlo, comprobó que era una demanda interpuesta por Luis Arana contra Laura Semprun.

(Continuará .......)

EL SUSURRO DEL DUENDE (78ª entrega)


Chelo se echó las manos a la boca con intención de ahogar su sorpresa y después de unos segundos, replicó: “Pobre Justa, con la falta que le hacía este trabajo”.

Laura nunca acababa de sorprenderse con Chelo y mientras la extremeña se alejaba hacia la cocina murmurando lamentos, se dirigió a Roberto con la intención de pedirle explicaciones: -¿No tienes nada que contarme ?-.


Roberto le sostuvo la mirada, estaban muy cerca el uno del otro, casi invadiendo y entremezclando sus espacios vitales, pero se masticaba la distancia. El con las manos en los bolsillos, ella con los brazos cruzados sobre su regazo, llevaban escritos en sus ojos las heridas que les sangraban por dentro, el recelo se leía en los de ella, un hilo de ternura que se alejaba lentamente se leía en los de él y el sórdido silencio entre los dos.


- ¿Qué quieres saber? ¿No tienes suficiente con tener a Diana de vuelta en casa? ¡Eres insaciable, Laura! –

- No me gusta que me engañen, hay algo que me estás ocultando y quiero saber que es, esto no es un juego Roberto, tenemos dos muertos a nuestras espaldas y toda una investigación policial por delante, todavía no me explico que hacían Arturo Hidalgo y Javier Vielva anoche en el Retiro, tampoco logro entender el tono con el que te dirigiste a Arturo reprochándole lo que había hecho, me dí cuenta de que le conocías perfectamente ¡quiero explicaciones! ¿Tan extraño es que me quiera enterar de lo que ha pasado?. –

- ¿De verdad quieres saber lo que ha pasado? …… Te lo llevo diciendo desde el principio, un duende enfadado nos obligó a pasar unas difíciles pruebas que logramos superar y por eso Diana está placidamente durmiendo en su habitación. Eso es lo que ha ocurrido.

(Continuará…..)

EL SUSURRO DEL DUENDE (77ª entrega)



- Mire señora, lo importante es que la Diana está ya en casa y lo demás ¿Qué más da?, voy a acostarla – respondió Chelo subiendo escaleras arriba hacia la habitación de la niña.


- ¿Qué me estáis ocultando Roberto? -


El tomó su rostro entre sus manos y le dijo en voz baja – Estamos agotados, vamos a dormir y después, hablamos de lo que tu quieras. –

Ella se zafó con enfado de las manos de Roberto y dijo - ¿Qué está pasando? ¡Quiero una explicación ahora! –

- Yo se lo explico – respondió Chelo que acababa de bajar de la habitación de Diana. –A usté no la voy a engañar, no se crea, que a mi no me se olvida too lo que usted ha hecho por mí. Les estaba esperando, es verdad, me puso en aviso el Señor Arturo –

- ¿Arturo Hidalgo? –

- el mismo – respondió la extremeña.

- ¿y como conoce usted a Arturo Hidalgo? preguntó Laura visiblemente nerviosa.

- Pos yo se lo explico ahora mismito. ¿Se acuerda usted de La Justa? ¿Esa paisana mía que estaba sirviendo en una casa de postín? Pos está en casa del Señor Arturo, al pobre también le raptaron una hija y me había dicho la Justa que llevaba años buscándola. Cuando se llevaron a la Diana y via que pasaban los días y la muchacha no aparecía, le pedí ayuda al Señor Arturo. Ayer por la tarde le llamé pa ver como iba too, si se había enterado de algo y me dijo que a lo mejor hoy soltaban a la chica, por eso estaba pendiente, sino llámele usted, si no se fia – dijo Chelo extendiéndole su movil a Laura.

- Arturo Hidalgo ha muerto – contestó Laura con tono imperativo y desconfiado.

(Continuará……)

EL SUSURRO DEL DUENDE (76ª entrega)


Chelo les esperaba impaciente en la cocina, moviéndose de un lado a otro, con su frente pegada al cristal de la ventana, a cada instante. Cuando por fin vio detenerse el taxi en la puerta, salió de casa y corrió a su encuentro.

Abrió con ímpetu la puerta trasera del vehículo, gritando – ¡Ay mi chica!, ¡ay mi chica!, ¡que ya está en casa! - Arrebató a la niña de los brazos de su madre, la sacó en volandas del taxi, y se alejó con ella hacia la casa, dando, a voz en grito, las gracias a la Virgen del Amor Hermoso por su intercesión. Roberto pagó la carrera mientras el taxista seguía con una mirada sorprendida el recorrido de Chelo.

Roberto sintió que tenía que darle una explicación y lo hizo con lo primero que se le ocurrió – Es que la niña ha estado un tiempo fuera de casa, y ya sabe….. –

- ¡Que barbaridad! ¡ni que la hubieran secuestrado! – murmuraba el taxista mientras se alejaba de la casa.

Diana seguía profundamente dormida a pesar de los gritos de Chelo, sus abrazos y sus sonoros besos.
- ¿No le pasará nada a mi chica que no se despierta? – preguntó Chelo a Laura cuando ésta entró en casa.

- Que está muerta de sueño, nada más – respondió Laura mirando con extrañeza a su asistenta.

- Chelo……una pregunta……¿Cómo se ha enterado de que habíamos rescatado a Diana ?

La extremeña dudó un instante y titubeando, con cierto nerviosismo, contestó – Eh…..¿que como? …..porque les he visto llegar…..-

Laura se plantó delante de ella y cruzando sus brazos, le replicó con gravedad – Desde la cocina no has podido ver el interior del taxi, ¿Cómo sabías que éramos nosotros y que traíamos a Diana?

Roberto acababa de entrar, Chelo clavó su mirada en él y no respondió.
- ¿Me he perdido algo? – contestó Laura pidiendo explicaciones con la mirada.


(Continuará…..)

EL SUSURRO DEL DUENDE (75ª Entrega)


Arturo Hidalgo cayó fulminado por un impacto de bala en la cabeza. Javier Vielva, al que todos creían muerto, había conseguido, con su último halo de vida, dispararle, mientras los allí presentes contemplaban horrorizados la escena, sin poder hacer nada por evitarla. Laura sepultó la cabeza de Diana en su regazo y Roberto las abrazó a las dos con la intención de protegerlas del sórdido espectáculo que acababan de presenciar.

El susurro del duende se fue alejando cada vez más hasta que desapareció totalmente entre las sirenas que acapararon el sonido de la noche.

Estuvieron hasta el amanecer a merced de la policia y de sus preguntas. Eran muchos los interrogantes y casi ninguna las respuestas. Madrid empezaba a despertar cuando Diana, Laura y Roberto salían por la puerta de la Comisaría, libres por fin de la angustia y de los interrogatorios policiales y aturdidos aún por la intensidad de los acontecimientos que acababan de vivir.
Tomaron un taxi para volver a casa, Diana se acurrucó en el regazo de su madre y se durmió antes de que pararan en el primer semáforo.
La radio daba las primeras noticias de la mañana: “ Anoche se produjo un tiroteo en el Retiro que se saldó con dos muertos, la Policía investiga las causas, todo apunta a un posible ajuste de cuentas…..” .
- Como está el patio, ya no vamos a poder ni pasear por el Retiro, ¡ hay que fastidiarse! ¡La peña está fatal! – dijo el taxista mirando por el espejo retrovisor.
Roberto y Laura cruzaron sus miradas sin pronunciar palabra.
(Continuará…….)

NO OS VAYAIS

Panteropinco

Ya sé, ya sé, os estaréis preguntando qué diablos pasa con la novela ahora que esta en la recta final. Pues os lo voy a explicar......... por un lado me invade un sentimiento de nostalgia por lo que llega a su fin, me pasa lo mismo con algunos libros, a medida que avanzo en su lectura, los empiezo a leer en pequeñas dosis para que no se terminen ............por otro lado, llegado este punto siempre me peleo conmigo misma buscando el final perfecto, la pieza del puzzle que encaje a la perfección y complete la escena, eso me conduce a constantes ejercicios de escribe, borra, escribe.

Lo dicho, me cuesta aceptar que todo se acaba y por eso se me dan tan mal los finales y las despedidas.

Si os pudiera pedir algo, esto sería un poquito de paciencia y mucha fidelidad.

Gracias,

EL SUSURRO DEL DUENDE (74ª entrega)


Diana se vio libre de las invisibles ataduras que le impedían moverse y corrió hacia Laura. Madre e hija se abrazaron entre sollozos, besos, caricias y palabras que pugnaban por salir .


Una sombra se acercó en la oscuridad, dio un pequeño puntapié al cuerpo caido en el suelo, comprobando que no se movía y se dirigió hacia donde se encontraba el duende.


-¿Qué has hecho? ¡Te has vuelto loco! ¡Le has matado! – reprobaba Roberto con voz ahogada a Arturo Hidalgo, mientras a lo lejos se adivinaba el sonido de las sirenas de la policia.

-¡Que más da! Nadie le esperaba, al fin y al cabo ha sido un estorbo desde el principio. – contestó Arturo con indiferencia.


Las sirenas de los coches patrullas se oían muy cerca y ya comenzaban a verse sus destellos en la oscuridad de la noche.


Arturo presentía que el tiempo se le terminaba y buscó al duende desesperadamente, como no conseguía verle, gritó al viento –dime donde está mi hija, porque no la has traído contigo –


De repente, la sombra que desprendia un intenso olor a tierra mojada, se colocó delante de él y le dijo: - ¿Tu hija? No se de que me hablas -


-Tire el arma – gritó un policia que acababa de salir del coche patrulla empuñando su pistola.

-Tirela al suelo y ponga los brazos detrás de la cabeza – le seguía indicando el policia mientras le encañonaba.

Arturo Hidalgo seguía esperando una pista de la sombra que ahora no sólo no veía sino que ni siquiera olía y presa de la desesperación gritó - ¿dónde la tienes? maldito cabrón –

Un nuevo disparo atravesó el silencio de la noche y algo más

(Continuará .........................)

EL SUSURRO DEL DUENDE (73ª entrega)


- ¿A quien persigues? ¿Contra quien luchas? – le preguntó Roberto con desprecio, al tiempo que de una rápida zancada se puso delante de él - ¿Contra Arturo Hidalgo.......contra Diana.......o contra tus propios fantasmas?. –


La cabeza de Roberto estaba a escasos centímetros del cañón de la pistola de Javier Vielva. Un escalofrio le recorrió la espalda, aún así, estaba dispuesto a jugar su última carta.

-Estabas apuntando a Diana, ¿no será que ella es tu objetivo? ¿no será que su existencia es lo que no te deja conciliar el sueño? Esa niña tenía que haber sido tu hija ¿verdad? y como no pudo ser, tampoco será de Laura ¿no es cierto? -

Javier Vielva seguía encañonándole y Roberto decidió continuar con su argumento – Tu sabias que tarde o temprano, ibas a poder tomarte la revancha, y mira por donde, te encuentras de sopetón dirigiendo esta investigación. Un golpe de suerte, te pone en el camino a Arturo Hidalgo, y ya tienes al chivo expiatorio, la excusa perfecta para que otro cargue con el asesinato de Diana ¡la coartada perfecta!

- No sabes ni lo que dices, apartate si no quieres que te vuele la cabeza – contestó el Comisario

-¿Si no es verdad lo que digo, porque no dejas que Diana se vaya con Laura? Reconócelo, vives sólo para que Laura muerda el polvo por perder el hijo que esperabas –

Javier Vielva apoyó el cañón de su pistola en la frente de Roberto, diciendo: -Eres hombre muerto -.

Un disparo rompió el silencio de la noche, despues, nada, tan solo el ruido sordo de un cuerpo desplomándose.

(Continuará) ..............................

EL SUSURRO DEL DUENDE (72ª entrega)


Laura intentaba escuchar la conversación entre Javier Vielva y Roberto, pero los gritos de Diana y su propia desesperación se lo impedían. Lo que no le pasó desapercibido es como Roberto se iba acercando al Comisario muy lentamente.

- Tal vez el que no te hayas enterado de nada seas tu – contestó Roberto sin poder reprimir la respuesta.

-Eres un imbecil, te calé en el primer momento en que te ví, no se como Laura ha podido caer en tus redes – dijo Javier Vielva con cierta crispación – Arturo Hidalgo es un psicópata, perdió a su hija y ha encontrado un repuesto en Diana y ha montado todo el paripé del duende y el absurdo jueguecito de las pistas para darle una cobertura a su coartada de llevarse a Diana.-

-Es un tio listo – siguió diciendo - ha jugado con la desesperación de Laura y se ha quitado de en medio a los que podían dar al traste con sus planes, como Esteban Herrera, ofreciéndole un caramelo que no podía rechazar, dirigir sus negocios en Bahamas. Luego el caldo de cultivo lo ha aportado un tonto como tu, salido de las montañas, que cree a pies juntillas en los elementales de la naturaleza –

Roberto extremó la precaución porque era consciente de que el Comisario estaba vigilando su lenta aproximación y porque en los últimos segundos, el arma de Javier ya no se movía buscando la sombra y apuntaba directamente a Diana.

(Continuará) ......................

EL SUSURRO DEL DUENDE (71ª entrega)


El tiempo se detuvo, la noche se alió con el misterio y Laura, inmovil, en medio de ninguna parte, a un paso de la salvación y a otro del infierno, contemplaba impotente a su hija, que intentaba desesperadamente acercarse sin conseguirlo, luchando contra una fuerza invisible que se lo impedía.


Javier Vielva empuñaba una pistola apuntando a la sombra que rodeaba a Diana, cambiando la dirección del tiro nerviosamente para localizarla según aparecía y desaparecía.

-Vete, por favor – le gritó Laura.


-Déjame recuperar a mi hija, márchate, Javier, sino te vas, la perderé para siempre –


Javier Vielva no se movió, siguió empuñando el arma y dijo con una voz grave que retumbó en la oscuridad – Suelte a la niña o disparo –

La respuesta fue una risa gutural despectiva y socarrona, cuyo eco aumentaba según pasaban los segundos.

Roberto presenciaba la escena a media distancia del Comisario. Diana lloraba lanzándo con impotencia los brazos hacia su madre y gritaba – Mamá, ayudame-


- Marchate de aquí, Javier , esta no es tu guerra – dijo Roberto acercándose lentamente al Comisario.


-Te equivocas, esta es mi guerra, no la tuya – contestó Javier Vielva sin quitar la vista de Diana, pero controlando la amenaza que se acercaba por su derecha.

-¿No te das cuenta de que no vas a poder disparar a una sombra que aparece y desaparece? No es un mortal, no le puedes matar – apuntó Roberto mientras seguía aproximándose muy lentamente.

-No te has enterado de nada, la sombra es un sicario, idiota – contestó el Comisario

-¿Un sicario? ¿De quien? – respondió Roberto.

-De Arturo Hidalgo, o ¿de verdad te creías que había un duende?

(Continuará) .........................

EL SUSURRO DEL DUENDE (70ª entrega)

(Este capítulo esta dedicado a Beatriz, a quien espero le parezca lo suficientemente largo y emocionante como para contar con su fidelidad hasta el final)

Laura sacó temblorosa la rosa blanca del bolso, la desenvolvió y se la tendió a la pequeña sombra que tenía frente a ella.

- Espera – terció Roberto capturando la rosa en el mismo momento en que la iba a recibir el duende. –Tu ya has visto la rosa, pero nosotros no hemos visto a Diana ¿dónde está?-

Una risa gutural seguida de un grave gruñido les hizo dar un respingo. La pequeña sombra que olía a tierra mojada estaba moviendose a su alrededor, aparecía y desaparecía hasta que se paró delante de Laura y le dijo:

– Me has traido una rosa marchita, blanca pero marchita, no sé, no sé, si te has ganado recuperar a tu hijita. –

Laura sintió como la furia y la impotencia contenida durante todos estos días de angustia afloraban con toda su fuerza y le gritó – No juegues más conmigo, he hecho todo lo que me has pedido, he conseguido descifrar los enigmas, he cumplido mi parte de este ridiculo juego, cumple ahora tú con la tuya y devuelveme a mi hija – .

La sombra desapareció, pero la risa con olor a tierra mojada flotaba en el ambiente. Roberto y Laura, cogidos de la mano, intentaban mantener la calma, estaban tan cerca de recuperar a Diana que no querían dar ningún paso en falso.

Laura apretó la mano de Roberto, parecía que alguien se acercaba, sentía la presencia de Diana aunque aún no la veía. Tras unos segundos, vio acercarse a su hija, se soltó de Roberto y empezó a correr a su encuentro cuando el ruido de un arma cargándose la paralizó.

- Alto, Policia –


(Continuará) ......

EL SUSURRO DEL DUENDE (69ª entrega)


La noche estaba oscura, la poca luz que había, la aportaba un gajo de luna oculta entre las nubes. No había nadie en la glorieta, tan solo una pareja de novios tomaba tranquilamente un refresco en la terraza de la esquina del Paseo Duque Fernan Nuñez. El susurro del duende se hacía cada vez más patente y venía de la zona deportiva aledaña a la glorieta.


Laura podía oir los latidos de su corazón, la tensión y el miedo le hacían temblar, buscó la mano de Roberto y la apretó fuertemente. Tenían toda la atención volcada en el susurro que se acercaba. Los segundos se hicieron eternos, esperaban oirlo con más nitidez , pero esto no ocurrió. El susurro no se acercó más. Se miraron buscando el uno en el otro una consigna a seguir, y como si se hubieran puesto de acuerdo con la mirada, se acercaron lentamente al area deportiva.


No veían nada tan solo escuchaban al duende, cuando percibieron el susurro a su lado, pararon y Laura preguntó con una gran dureza en su voz - ¿dónde está mi hija? .-


Una sombra pequeña surgió inesperadamente delante de ellos y una voz senil y juguetona anunció: - te cambio la rosa blanca que yo deseo por la niña que tu pretendes-


(Continuará ........)

EL SUSURRO DEL DUENDE (68ª entrega)

Humanofuma

- Fuimos novios durante unos cuantos años en la facultad. Eramos muy jovenes. Un día descubrí que estaba embarazada y para mi la noticia fue como un mazazo, pero para él fue todo lo contrario, se puso a buscar trabajo y se empeñó en que nos casáramos. Para mi seguir adelante con ese embarazo era dar por finalizados mis sueños, sin, ni siquiera, haberlos empezado.


Ahí comenzaron nuestros problemas, yo le propuse abortar y él se negó en rotundo. Al final, la vida resolvió el conflicto, sufrí un aborto espontaneo cuando iba a cumplir el tercer mes de embarazo. Javier se puso como loco, me acusó de que yo lo había provocado de alguna manera. Rompimos de muy malas maneras y no le volví a ver hasta que Diana desapareció -

Se produjo un silencio entre los dos mientras seguían caminando en círculo alrededor de la fuente.

- Javier había hecho ya todo tipo de planes para nuestro hijo, que él estaba convencido que sería una niña. Se había montado ya todo tipo de películas, me decía que la protegería de todo lo malo......... que se convertiría en su guardaespaldas........en fin....... por eso cuando le volví a ver, calificó la desaparición de Diana como una ironia del destino.- concluyó Laura

-Ahora entiendo – dijo Roberto.

Se habían quedado solos en la glorieta y el tiempo transcurría sin que ocurriera nada. Roberto se paró de repente y dijo – ¡La rosa blanca! No tenemos la rosa blanca y en la segunda pista decía que nos haría falta. Tengo que ir a por ella –

Laura se dio una palmada en la frente y dijo – me había olvidado de ella – rebuscando en su bolso sacó un envoltorio de papel celofán y aluminio, - me la llevé al despacho para ponerla en mi mesa, pero como luego se precipitaron los acontecimientos me olvidé de ella. -

Roberto aguzó el oido - ¿no lo oyes?...... Es el susurro del duende....... Se está acercando - .

(Continuará......)

EL SUSURRO DEL DUENDE (67ª entrega)

Atajo de locos

Llegaron en un santiamén a la glorieta del Angel Caido, rodearon cada uno por un lado la fuente que alberga la estatua y cuando se encontraron de nuevo, se miraron esperando cada uno que el otro tuviera la solución.

La primera en romper el hielo fue Laura con la pregunta fatídica - ¿y ahora qué?-.

Roberto se mostraba nervioso y parecía desorientado, miraba incesantemente de un lado al otro, buscando respuestas, sin encontrarlas, a la vez que buscaba con la mirada la sombra que les seguía.
- No lo se, Laura, no lo se, si lo supiera, no estaría aquí parado como un pasmarote ¿no te parece?- el tono de Roberto estaba cargado de irritación y una buena dosis de reproche. Laura parecía haber tirado la toalla y a Roberto le exasperaba verla derrotada.

Estaba empezando a anochecer pero todavía quedaba gente paseando por el lugar, decidieron permanecer allí , si era el lugar acertado pronto tendrían noticias.
Cogidos de la mano daban vueltas lenta y repetidamente alrededor de la fuente del Angel Caido, mientras esperaban pacientemente que algo ocurriera.

- ¡Que bonitos son los atardeceres de Madrid! Son casi, casi, tan bonitos como los de Loya – exclamó Roberto apretando con complicidad la mano de Laura.

-Oye Laura.....me gustaría preguntarte una cosa ¿Qué relación has tenido con Javier Vielva? . No es que me quiera entrometer en tu vida, pero, tal y como se comporta, parece como si éste fuera un asunto más personal que profesional para él-.
(Continuará......)