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ONCE






Dicen que el 11 es un número maestro, es aquel al que llegan algunos iniciados tras evolucionar por el camino de la vida. No se si alguno de los once que nos juntamos en Costa  Ballena bajo la hospitalidad de Ovi y Mariluz eramos iniciados pero lo que es seguro es que todos llevamos recorrido mucho trecho vital como para no saber que la clave está en exprimir al máximo los buenos momentos y así lo hicimos. Entre puestas de sol, tortillitas de camarones y tostadas sin gluten saboreamos a sorbitos la chispa gaditana; aprendimos a distinguir entre comparsas y chirigotas y recorrimos la ciudad entre las calles estrechas disfrazadas de carnaval.  Nos echamos unas buenas risas con Maritina que con acento francés y gracia española nos relató las andanzas  de Mariluz   y sus sicarias  cuando era niña y la larguísima respuesta de Ovi a una pregunta la mar de corta. El número 11 da cabida a todos, a la energía de Maite, a la mirada de niño que ha librado mil batallas de Chema, a las respuestas contundentes y cortantes de Juan Miguel y a las ganas de integrarse y de entender nuestro idioma de Franck. Compartí confidencias y momentos off con Marisa, la mujer que acaricia todas las palabras que salen de su boca y descubrí de nuevo el cariño  guardado en el tiempo y en la distancia de Ángel. Instantes para recordar, películas que adivinar, risas que compartir y días guardados ya para siempre en el rincón donde habitan mis momentos felices.Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

ÁNGELES Y DEMONIOS





Para Marta
Crónica del 24 de Agosto de 2019 

Ir a recoger un premio, por esta afición que tiene una de juntar letras, se convirtió en la excusa perfecta para pasar un poco más de 24 horas juntas. Nos unen lazos de sangre, aún más las lágrimas lloradas juntas, los momentos vitales tatuados en nuestras almas con tinta indeleble, el dolor que se esconde en nuestras miradas y todas las risas reídas y que aún nos quedan por reir y que empezamos el fin de semana.
Lerma nos acogió con unos boquerones en vinagre y un queso de cabra que bien podían haber preparado los ángeles que nos esperaban en “Las Edades del Hombre” y que el demonio, que también estaba allí, acompañó con pan prohibido. Seguramente que fue el mismo que nos indujo a dar placer al cuerpo con un masaje relajante que nos dieron dos ángeles en el hotel. Después de relajarnos, nos centramos en el objeto de nuestro viaje: recoger el premio. Llegamos al Corral de Comedias Felipe Segundo de Territorio Artlanza a tientas y en la oscuridad, tan solo guiadas por las voces que llegaban desde allí. Aún no sabíamos si me correspondería el primer, segundo o tercer premio y salimos con la estatuilla más pequeña y con la sensación de que los demonios de Angelis habían hecho de las suyas con el jurado sembrando la confusión entre qué es un cuento y qué un microrrelato. Un rapsoda y un violinista hicieron las delicias de la concurrencia y fueron los verdaderos protagonistas de la velada. De vuelta a Lerma, al filo de la medianoche nos tuvimos que conformar con improvisados bocadillos de cortezas y salchichón en la habitación del hotel. El domingo la visita obligada al convento de las clarisas y la compra de ese manjar angelical que son sus trufas puso punto final a nuestra escapada. No se si habrán sido los ángeles los que pusieron este premio en nuestro camino pero de lo que estoy segura, MiMarta, es que a tu lado es más fácil luchar contra los demonios que se atrevan a asomar.  


VIENTOS DEL NORTE






Todo empezó con un simple comentario “podíamos hacer una quedada” Dicho y hecho, no estábamos todos los que eramos, pero eramos todos los que estábamos. Y fue, en “El Batán del Molino” un antiguo molino del siglo XI, que a decir de la dueña, había sido construido por monjes, tal vez esa era la razón por la que conseguí dormir como una niña en paz durante el fin de semana o quizá por esas sábanas blancas de algodón con primorosos remiendos que han guardado el sueño de muchos huéspedes. Lo cierto es que los astros se alinearon para disfrutar de un fin de semana digno de recordar. Bajo una esmerada organización por parte de Rubén y una cuidada intendencia dirigida por Belén, dimos buena cuenta de las ricas viandas traídas para la ocasión, donde no faltaron los bizcochos caseros de nuestras improvisadas reposteras, Toña, Belén y Marta, ni el jamón de Maria Jesús, y nos quedamos con las ganas de escuchar a Alberto tocar su nuevo piano de cola. Degustamos los vinos de Arlanza en una cata con maridaje en compañía de “los barnizados” que se apropiaron de la guía y de las sillas. Disfrutamos del desfiladero de la Yecla aún arriesgando el móvil de Marta para inmortalizar el momento. Saboreamos Lerma, sus miradores recitados por Zorrilla y sus pasadizos presididos por el Duque de Lerma que intentó convencernos de que era una pobre víctima, sin conseguirlo y rematamos la jornada en el Territorio Arlanza, que abrió los ojos de Juan a las infinitas posibilidades de realizar un Territorio Jorakaño y convencer a Vicente de que “El Pascualín” se les había quedado pequeño. Covarrubias nos esperaba el domingo, con sus calles y plazas y su magnífica Colegiata que nos enseñó un joven con cara de ángel, voz de haber rezado mil rosarios y zapatos de cura. Rematamos el encuentro con una magnífica comida en “Galin” donde no faltó la olla podrida y las morcillas. Ni los 3000 pasos que separaban a Marta de María Jesús, ni el talante “cañero” de Andrés que no pasó ni una en el “Tabú”, ni la afonía de Rubén, consiguieron perturbar lo más mínimo un encuentro donde reinó el cariño, el buen rollito y donde, una vez más, pudimos comprobar que esos lazos que nos unen desde la infancia siguen siendo tan fuertes como los vientos del norte que cantamos a voz en grito junto con Nando Agüeros, coronando el encuentro.


APUNTES DEL OCASO



No es fácil desmenuzar una novela cuando el autor es un buen amigo porque siempre se lee con más cariño del habitual, pero en este caso puedo asegurar que aunque no le pongas emoción a la lectura, la historia engancha desde la primera página.

Apuntes del ocaso” nos cuenta las reflexiones de su protagonista, Juan Sánchez, en su último año de vida en una residencia de ancianos y lo hace a través de las cartas que envía a su sobrina Irene. Un hombre instruido, con especial sensibilidad para la música, nos ofrece su visión del mundo y nos habla de Dios, de la religión, de la literatura, de Delibes, de Ana, su compañera y de la soledad en la que vive desde que murió.

El autor reparte la historia en once capítulos que se corresponden con cada uno de los meses que narra, valiéndose de unos pocos personajes muy bien perfilados, todos ellos al servicio del protagonista: Paco, su conductor y confidente; el Doctor Sarriá, el médico de la residencia con quien mantiene largas e interesantes tertulias; el Padre Ángel, que no es un sacerdote al uso; y Patrocinio, que le proporciona la última chispa vital y pone la nota de erotismo e ilusión a la narración.

A medida que la historia avanza, el tono se va volviendo más intimista y te va atrapando cada vez más. He disfrutado mucho con su lectura hasta el punto de resistirme a que terminara. Cuando se escribe con el corazón, pasa eso, que las páginas quedan impregnadas de sentimientos y llegan fácilmente al lector.

La foto del autor que figura en la solapa no le hace justicia, es el único reproche que le puedo hacer, aunque se contrarresta con la foto de portada, en la que ha tenido el buen gusto de elegir una de mis bosques preferidos en Picos de Europa.

En su debut como novelista, José Andrés Antón se ha dejado a sí mismo el listón muy alto, aunque conociéndole, seguro que lo supera.

http://www.casadellibro.com/libro-apuntes-del-ocaso/9788416705825/4768548
https://www.elcorteingles.es/libros/A20911055-apuntes-del-ocaso-tapa-blanda-9788416705825/

MERCEDES GARCÍA LLANO

La conocí el año pasado cuando se alzó con el primer premio de la I edición de Concurso de Relatos Breves Leonardo Barriada con un relato muy evocador "Tras las brumas de los sueños". Es una escritora que no sabe que lo es, un diamante en bruto que ya emite destellos, no la perdáis de vista.

Vladimir Kush

GUSTOS Y DISGUSTOS

Me gusta que el mar me robe los ojos; me gusta que su orilla se adueñe de mis pies , me gusta que me permita acariciar su piel camaleónica. Me gusta que me regale al oído el ronroneo de sus olas y que me salpique con agua del agua del horizonte. Me gusta ver cómo las mareas desafían  las alturas de los acantilados y sin embargo odio asomarme al vértigo.
No me gustan las flores pero  me enternece cuando alguna se digna a sobrevivir entre el asfalto. Me gusta callejear sin rumbo por la ciudad y recoger supervivientes margaritas que decoran mis jarrones.
Me gusta cuando mi amigo Martín hace alarde de la palabra “amigo” y me regala ramilletes de libros. Me gusta cuando él me advierte de no dejarme llevar por el romanticismo temiendo que los deshoje y pierdan su esencia.
Me gustan las pelis de “llorar y llorar” y mentir cuando digo que me sorprende su final feliz.  Me enloquecen las de amor y desamor, especialmente si sus protagonistas se camuflan en cuerpos de Richard Gere o Antonio Banderas, y no necesariamente en ese orden.
No me gusta la lógica aplastante de mi amiga Isabel cuando me recuerda que tengo muy poco en común con ellos: Ni me gustan las alfombras ni el color rojo me apasiona especialmente. Y sin embargo yo insisto, practicando desfiles en tacones imposibles que me hacen perder la razón. No me gustan esos test de compatibilidad de los que ella tanto se fía. Creo que desahucian de amor relaciones incipientes y son innecesarios para las duraderas.
Me gustan las sonrisas de la gente que un día se convierten  en imprescindibles: la tímida del chico desconocido con el que me cruzo en la calle cada mañana. La disimulada de mi hija, a la que su rebeldía de adolescente no le permite mostrarse  como niña. La calentita, con olor a hogaza recién hecha, del panadero de mi barrio. La de sonido a bostezo de mis compañeras de trabajo. La fantasmal de mi marido a las 7 de la mañana frente a la cafetera. La libertadora de mi jefe los viernes a las 3. La inesperada de mi madre cuando el olvido le presta algún recuerdo.
Me gusta el chocolate y en consecuencia, no me identifico  con las verduras. Me gusta de disfrutar de una buena comida (cualquiera)  y digerirla en  una buena sobremesa, aunque carezco de conversación con las básculas.
No me gustan los médicos. Me producen hipocondría y sin embargo mi pareja empieza a sospechar que le engaño con “Hause”.
Me gusta recordar mis 17 con las canciones de “Los Secretos”. Sí es cierto. Me gusta la melancolía. Me gusta creer en el azar y no obstante creo que no es casualidad que me apasione Paul Auster. No me gusta hablar tanto de mí misma y sin embargo, le he robado parte del mes de octubre a Sabina para confesar que, “el gusto ha sido mío.”


Mercedes García Llano


DESCANSO HELÉNICO


“Primeros cruceristas” nos denominó la atenta señorita de la Agencia de Viajes que nos vendió el paquete vacacional y que dejó de ser amable una vez hubo consumado la operación.
Esta vez, tocaba crucero, mis hijos se  habían salido con la suya gracias a su persistencia y a nuestra flaqueante resistencia.
Volamos una mañana de lunes de Madrid a Bolonia y de allí nos trasladaron a Ravenna donde embarcamos en un buque de bandera maltesa con doce cubiertas, 720 camarotes, bares, restaurantes, casino y tantos servicios volcados en conseguir la diversión a toda costa que, solo me hizo falta asistir al espectáculo de la primera noche, de humor soez y escatológico,  para tomar la firme decisión de no participar en la vida social de aquel barco que me evocaba la serie televisiva de “Vacaciones en el mar”.

La primera parada: Venecia. La ciudad de los suspiros, de los canales y de las máscaras se mostraba tan bella como siempre, a pesar de la mañana nublada y la plaza de San Marcos inundada. En una ciudad donde  el poder de su historia y sus leyendas conviven con el amenazante anhelo del agua de engullir su memoria, todo cobra un tinte de efímera eternidad.
Mientras me recreo en su seducción, veo como una señora sale de su casa saltando a la lancha por la ventana,  la puerta está anegada  por el agua.

La vuelta al barco es más llevadera cuando se vuelve impregnado de la magia de la basílica de San Marcos. No sé qué extraño poder tiene este templo de estilo bizantino que, cada vez que lo he tenido delante, me he preguntado:
 ¿Será verdad que Dios existe? quienes fueron capaces de construir tanta belleza han debido de tener línea directa con él.


La llegada a Croacia  supuso el encuentro con la frialdad eslava, desde la bella policía que chequeó nuestros pasaportes en la frontera, hasta el antipático taxista que nos llevó al centro de Dubrovnik, pasando por la estirada dependienta de la tienda que parecía hacernos un favor vendiéndonos una sudadera.

Menos mal que  la ciudad amurallada brilla por sí sola, como los adoquines de sus calles, que parecen recién pulidos; sus vertiginosas cuestas; sus estrechos callejones y el encanto de sus rincones ambientados por la cálida luz de sus farolas, hacen de esta ciudad justa portadora de la distinción de Patrimonio de la Humanidad. Tal distinción no le sirvió para librarse de ser uno de los escenarios más castigados de la cruenta guerra  con Serbia en 1991.
A pesar de que todo está en su sitio, que el reloj de la torre marca inexorablemente el paso de las horas  con una sola aguja y que no hay huella visible de la contienda, solo hace falta sentarse en alguna de sus escalinatas y  respirar la ciudad, para percibir el alma herida de Dubrovnik que tardará en curar tanto como nosotros en darnos cuenta de la absoluta inutilidad de las guerras.

De vuelta al barco, el pertinaz equipo de animación nos ofrecía  una noche inolvidable: “La noche del terror” para celebrar  Halloween.  Siguiendo mis firmes convicciones eremitas, decidí no participar en semejante mascarada, no sabía entonces que no iba a hacer falta disfrazarme para vivir una autentica noche de ánimas:
“Navegamos en condiciones adversas” nos advirtieron. Cruzando  aguas albanesas, sobrevino una tormenta. Me pilló en el camarote intentando conciliar el sueño, la puerta del armario se abrió inesperadamente y los cajones empezaron a salir uno a uno ellos solitos, para dos olas después volver a su sitio y repetir la operación una y cien veces a lo largo de la noche. Las gafas de Juan, que dormía plácidamente, se escurrieron por la mesa hasta el suelo y el camarote se iluminaba cada vez que un relámpago se empeñaba en medir su fuerza con el mar.
No recuerdo haber deseado nunca con tanta intensidad que amaneciera de una vez.

La llegada a Corfú me pilló durmiendo la resaca de la noche vivida y ya en tierra firme no me dio tiempo a explorar el Corfú de Gerard Durrell, me conformé con asomarme al de Sissi Emperatriz en su residencia de verano. Para las niñas veteranas que, como yo, crecieron con sus películas, he de susurrarles al oído que, en muchos de sus retratos, se adivinan recortes de un entrecejo poblado y una cintura imposible aún con corpiño ceñido, lo que me lleva a la conclusión de que el mito lo alimentó  el “photoshop” artesano de la época y lo remató  Romy Schneider.

Abandonamos Corfú con un séquito de mosquitos que a juzgar por el tamaño de las picaduras de mi hija Ana debían estar ávidos de sangre joven.  

Resulta difícil imaginar cómo se desarrollaron los primeros juegos olímpicos, visitando lo que queda de Olimpia, pero nosotros lo intentamos e incluso siguiendo la magnífica orientación de Antonio conseguimos ubicar el gimnasio, la palestra y el Estadio

Nos quedaba todavía lo mejor del viaje, Santorini y Mykonos. Siempre que me hablan maravillas  de un sitio, me decepciona cuando lo conozco, quizá porque mis expectativas suelen ser  muy elevadas, pero esta vez no ocurrió así.

Santorini es una isla de cuento, que se me antoja moldeada por Atlas, hijo de Poseidón, en sus  instantes de paz mientras soportaba bajo sus hombros la bóveda del cielo. La luz y el agua  se encargaron de  pintarla de azul y blanco y sus casitas sin esquinas y cúpulas redondeadas, con un entramado de laberínticas escaleras de peldaños amables,  obraron  el milagro de juntar el cielo y el mar.
 Eterna candidata a ser la mítica Atlantida vive entre Thira, su capital y Oia, el cofre de sus  atardeceres.  Paseamos la isla, degustamos su pescado, el queso feta y los yogures griegos. Después el grupo optó por bajar en burro hasta el puerto, mientras Antonio y yo lo hacíamos en funicular aplastados entre un grupo de franceses abducidos por una cantante que surgió de no se sabe dónde, que debía ser una diva a juzgar por cómo la recibieron y que se coló descaradamente para bajar la primera ante nuestra indignación y el babeo galo.

Nuestra penúltima parada fue Mikonos, a la que no se le puede negar su belleza, sus aguas cristalinas y sus callejuelas llenas de vida y marcha nocturna que no llegamos a probar porque nuestras obligaciones de embarcar a una hora, para tomar rumbo a Atenas, no nos lo permitieron. En petit comité confesaré que ni Juan ni yo, ni los amigos que nos acompañaban, Almudena y Antonio, hubiéramos participado de la movida nocturna,  aunque no existiera la excusa del embarque.


Atenas fue nuestro último destino, disponíamos de pocas horas para ella antes de coger el avión, así que en cuanto arribamos el puerto del Pireo, nos dirigimos a la Acrópolis. Desde allí contemplamos toda su área metropolitana extendida con el desorden contenido de los núcleos que crecen antes de que les regulen.

Esta anciana ciudad que, a pesar de sus años, nunca envejece, sigue bailando el sirtaki que inventó Zorba “El Griego” ante Frau Merkel  y  sigue estrellando los platos contra el suelo delante del Parlamento para demostrarles que sus demoledoras imposiciones podrán matar su bolsillo pero no su alegría. No en vano son la cuna de la democracia y hacen gala de ello.

La semana de crucero por las islas griegas duró, parafraseando a Sabina, lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rock, pero lo suficiente para descubrir nuestra pequeñez ante la inmensidad del mar y la belleza de unos lugares dignos de ser visitados y divulgados.

LA CHARCA DE LAS RANAS


Allí me encontrareis chapoteando con mi primer ranorrelato, en el reino de Puck, un lugar mágico donde su reina desenrolla la alfombra roja a tus pies, te regala la mejor de sus sonrisas y te invita a contar la historia de cualquiera de sus habitantes, las ranas. 

Espero ser digna ranacronista de este rincón. Aquí os dejo el enlace para que chapoteéis conmigo  http://charcaderanas.blogspot.com.es/2012/09/rasgos-de-familia-esperanza-temprano.html

  

VICTORIA TRIGO BELLO

Me gusta hablar de mis amigos, por eso tienen su propio rincón en mi casa. Siempre me aportan algo nuevo y valioso: un abrazo, una canción, una sonrisa, un hombro para llorar o incluso un cuento como el que ahora os presento.

A Victoria Trigo no le hace falta presentación, ya tiene su sitio de honor en el mundo del microrrelato, del cuento y de la poesía. Se atreve con todo porque puede con todo. Maneja el lenguaje con gran maestría para  hacerlo bailar al son de los sentimientos. Sus historias nunca pasan desapercibidas. Tuve la suerte de compartir pupitre con ella y con Elena Casero en la Escuela de Escritores y formamos entonces un trío literario bien avenido que aún perdura. 

Os dejo en inmejorable compañía.

 ¡Que disfrutéis! 


Dibujo: Mateo Tarengui

HISTORIAS DE TROMPÍN
Publicado en Heraldo de Aragón el martes 21 de agosto de 2012
Victoria Trigo Bello

Yo repelía la comida como si estuviera electrizada. Mi padre se enfadaba y me decía que iba a venir aquel médico cuyas puntas de bigote anunciaban el dolor de las inyecciones. Tú, con paciencia sin reloj, cuando me ponía más impertinente -el babero ya se habría comido la mitad del puré-, me contabas historias de Trompín, el elefante de calcomanía de la baldosa, el de la trompa cortita, como tu dedo meñique triturado en la máquina de coser cuando trabajabas en casa de doña Leo.
Trompín estaba en el río. Sí, en un río como el del pueblo. Y cucharada. Trompín se iba con sus amigos. ¡Claro que tiene amigos…! Otra más. Mi padre protestando. Mejor una zurra que tanta pamplina. Tú, como si no le oyeras, volvías a marear mi puré con la cuchara, llevándote un poco a los labios para soplar –aunque aquello estaría ya casi helado-, o más bien para añadir mimos a aquella mezcla de verduras, jarrete y amor. Trompín va en un tren. Y cucharada. Porque Trompín va a actuar en un circo. Otra más. En un circo muy grande.
            Más de medio siglo después seguimos igual. Tu meñique atormentado. El puré en el plato. La cuchara enfrentándose a una boca cerrada y Trompín como mediador. ¿Te acuerdas del elefantito…?
Ahora vendrá la enfermera. Voy de tarde y comes tan despacio –lo de comer es un decir…- que no puedo esperar a que termines. No llores mujer, que luego volveré. Te doy un beso, me miras con lágrimas secas y te giras hacia la pared encogiéndote como una oruga para retornar a tu posición fetal.
Si doña Leo te hubiera arreglado los papeles, cobrarías algo. Pero esa bruja sabía más de costura que de legalidades. Cuando la máquina se cebó en tu dedo, te arrancó la aguja y la uña y calló tu grito amenazando despedirte por haber manchado de sangre la blusa que una señorona iba a estrenar en la jura de bandera de su hijo. Aquello se zanjó con una semana de sueldo más el descuento de los dos días que faltaste al trabajo. ¡Y aún le estabas agradecida por los botones imitación de azabache que te regaló para tu vestido de novia pobre…!
El ascensor abre sus puertas y me incorporo al silencio colectivo. Salgo del edificio y me asalta una angustia más allá de la individual. Es la certeza de que mientras te hundes en la niebla, la humanidad se resigna un poco más a privar de nombre a sus elefantes.

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Victoria ha atendido a nuestras sugerencias y ha iniciado un proyecto de blog. Tomad nota:  
http://lasdoscarasdelfolio.blogspot.com.es/

EL YING, EL YANG Y BLUES


Huyendo del calor del asfalto emprendimos el fin de semana una escapada de turismo rural, y aunque ya allí, nos dimos cuenta que  vino con nosotros y se quedó, no consiguió derretir ninguno de los buenos momentos que hemos compartido: la música de lo que fuimos y de lo que somos presidió la primera velada, hábilmente seleccionada por Carlos, secundado después por Pedro  y nos arrancó las ganas de cantar, cosa que hicimos a voz en grito  hasta que una vecina rabiosa por no haber sido invitada a la fiesta y  celosa de que  le pisáramos su carrera a Eurovisión, puso fin a nuestro karaoke improvisado.

Y es que el calor abotarga el entendimiento, y sino que se lo digan a nuestros chicos,  por más que intentamos explicarles la importancia de desarrollar su lado femenino no conseguimos llegar más allá de su oposición a mostrarse como “mariconas”, reafirmando  su hombría.  El único que no parecía aturdido por el calor era Blues que correteaba de un sitio para otro, ajeno al ladino gato que se zampó su comida. 

Dos días tórridos en los que Petri, Beatriz, Mercedes, Loli y yo, hemos podido  compartir silencios con sabor a chocolate amargo,  risas de chocolate con leche y nubes naranjas en el rinconcito de pensar, mientras Paco  buscaba adeptos para seguir pegado a la barbacoa, Maxi preparaba sus exquisitas ensaladas antes de  volver de nuevo a su universo particular y Juan iba a completar las provisiones, no fueran a faltar.

Ni el sofocante calor, ni los interminables atascos de ida y vuelta, han conseguido apagar el buen sabor de boca que este encuentro entre amigos me ha dejado,  amenizado  por  el “cachondeito” sobre  el ying  y el yang y la leal y agradable compañía del bueno de  Blues.  

DOS PALÍNDROMOS DE MARIA JOSÉ ABIA


¿Agota la toga?

                           Yo voy a darte letras, arte, LETRADA. Yo voy.

Agota la gota.
Se ata,
se desata esa toga.
La toga.

Estos palíndromos me los ha dedicado Mª José Abia que maneja el derecho y el revés de la
palabra como nadie. Le agradezco especialmente la dedicatoria a una profesión como la mía,
muy criticada, poco entendida e injustamente desprestigiada,

¡Que si agota la toga! ¡no sabes hasta que punto! Muchísimas gracias por el detalle. 

No dejeis de visitar su blog "Versos y Reversos" http://depalindromeo.blogspot.com.es 
merece la pena, es una artista. 


MIS AMIGAS

luarenbepe


Me han confesado que ya no se atreven a comentar en mi blog, ellas no pertenecen a este mundo y se sienten intimidadas por él, son MIS AMIGAS, con las que comparto risas, cervezas, preocupaciones y sueños, las que me aportan cada día  mucho más que lo que yo les doy, las que alimentaron este blog cuando nadie más me leía, las que me aprecian escriba como escriba, las que cantan jotas, las que cocinan,  las que hacen abalorios,  las que bailan, las que se embadurnan la boca de chocolate y el corazón de alegría, las que se apuntan a un bombardeo y cierran filas alrededor  cuando la situación lo requiere.

¡Chicas! os echo de menos.  

DIAS DE ZAMBOMBA Y MARIMORENA

Huahe

Hacía mucho que no paseaba por las calles del centro de Madrid, y mira por donde, fui a elegir la tarde más fría de todo el otoño, aunque debo ser poco original, porque la misma ocurrencia la tuvieron miles y miles de madrileños que se lanzaron a la calle la tarde del sábado, no sé si con la intención de matar el frío o de matar el tiempo.

Pertrechados con buen abrigo y la buena compañía de Beatriz y Paco, nos sumergimos en el ambiente navideño que se respira estos días en los alrededores de la Puerta del Sol. Una parada en La Pajarita para llamar a la suerte el próximo miércoles, dia español de la salud, como todo el mundo sabe. La siguiente en Casa Mira, para deleitar la vista con sus señoriales vitrinas y el paladar con sus turrones artesanos, de donde salimos con la cartera dulcemente maltrecha.
Un paseo por la nostalgia nos llevó a las puertas de Las Cuevas de Sésamo, y a mi ya lejana época universitaria. Y tras pegar nuestras narices en el escaparate de la pastelería de la calle del Pozo para contemplar sus doradas balanzas de mármol, sin más preámbulos, nos adentramos en la vorágine de llamativas pelucas, cabezas de reno, mimos callejeros, artistas urbanos y gitanas vendiendo lotería con recargo.
Engullidos por la multitud intentamos salir ilesos de tanto despropósito pseudonavideño y de tanta alegría fingida y refugiarnos en una taza de chocolate caliente en la Chocolatería Valor, pero tampoco pudo ser, Paco y Juan no estaban muy receptivos, el primero porque le daba igual Valor que Zahor y el segundo porque lo único que quería era alejarse de tanta locura.

Finalmente entre villancicos rocieros en la Plaza de Oriente abandonamos el ruido y el gentío, y rematamos agradablemente la noche con una cena en el barrio que me supo a calma y a agradable charla entre amigos.

Dicen que la diferencia entre un capricho y una pasión es que el primero dura toda la vida. Así que ya sabes, Beatriz, lo del chocolate tenemos que resolverlo cuanto antes, pero eso sí, cuando se pasen estos infames días de zambomba y marimorena que tanto aturden y asustan.

"No hay más que salir a la Gran Vía madrileña para darte cuenta de que si el fin del mundo no se produce hoy, ocurrirá mañana."
Álex de la Iglesia

EL PAIS DE LOS BORDILLOS

Foto: Pedro Ballesteros



Cuando una viaja a un país como éste, ha de dejarse los prejuicios en casa si lo que pretende es disfrutar de la experiencia.

A la mirada occidental le cuesta creerse lo que esta viendo, millones de personas viviendo entre basuras, escasez y arena, sin perder la sonrisa. El egipcio es un pueblo amable y tramposo, capaz de venderte lo que no está en el mercado y hacerte creer que has conseguido el mejor precio, cuando , realmente, el negocio lo han hecho ellos.

Un pueblo que vive de su pasado, del esplendor de una época faraónica que le reporta pingües beneficios sin necesidad de ponerlo en valor, pues de esto va sobrado. Un pueblo de mujeres tapadas y hombres con estigma en la frente por la oración, un pueblo que se sienta a la puerta de su casa para contemplar la vida pasar, mientras todo se desploma a su alrededor.

Si quieres saber lo que es el riesgo, sólo tienes que ir al Cairo, que no es una ciudad, como todo el mundo cree, sino un disparate, con su contaminación, las bocinas de sus coches, los atascos, sus invisibles semáforos, ... allí uno no cruza las calles, se tira a ellas, confiando en la grandeza de Alá.

Bordillos por doquier vayas donde vayas, en las ciudades...en las pirámides.... en el barco...., bordillos por todas partes, aun cuando no haya aceras. El mundo al revés, escrito de derecha a izquierda, un mundo con barreras y sin normas, con policías y sin ladrones, con riqueza en los bolsillos y miseria en las calles, un país disparatadamente bello e irresistiblemente atractivo.

He tenido la suerte de recorrer Egipto de la mejor manera posible: Con el guía perfecto, porque para conocer un país, ha de enseñártelo alguien que lo ame profundamente, y ese ha sido Walid, un egipcio simpático y entrañable que nos ha enseñado a mirar con respeto a su pueblo y acercarnos a él...............Con la mejor compañía: Juan, Pedro, Antonio, Almudena y Guzmán, compañeros de viaje y de vida, sin ellos, nada sería igual ni siquiera este magnífico país y con un grupo de valencianos con los que compartimos barco, hotel, excursiones, taxis y comidas, que encajaron con nosotros como si de la horma de nuestro zapato, se tratara, Aurelio, Pilar, Oscar, Sonia, Nacho y Javier.

A todos ellos gracias por este maravilloso e irrepetible viaje.

LOS REYES DEL TÓPICO


En todas las reuniones de amigos, donde cada oveja va con su pareja, nunca falta el chascarrillo de ellos sobre el lastre que supone el matrimonio.

Que si el matrimonio es un acuerdo económico..........que si me he casado con ella y con toda su familia.................que si mi padre no me advirtió lo que era esto.......bla,bla, bla y bla,bla,bla

¡Como os gusta adheriros a los tópicos! ¡Como os gusta convertiros en el Mariano de Forges burdamente pisoteado por la Concha!. Y yo que creo que, en el fondo, todas esas risas a costa de vuestras mujeres, es una forma de mantener vuestra mal entendida hombría ante vuestros amigotes, no sea que vayan a creerse que estáis con ellas por amor............

Ayer, durante la comida, Carlos, parapetado por el otro Carlos, que apuntillaba sus frases, hizo una larga disertación sobre el maridaje y sus grandes inconvenientes, con más pose que sentimiento. Todos los demás entraban y salían en la conversación excepto yo, que allá donde haya polémica, allá que estoy, echando más leña al fuego.

La verdad es que es un tema que da mucho juego, o mejor dicho, vosotros, sois los que dais mucho juego, porque vuestra condición os impide reconocer que estáis donde habéis querido estar, compartís vuestra vida con la mujer que amáis y bajo esas poses de comemundos, se encuentran almas sensibles y tiernas que tienen miedo a que las descubran, no vaya nadie a creerse que sois gais. Claro que teniendo en cuenta la ubicación de vuestra única neurona.......¡que más os vamos a pedir!.


El no poder mascar chicle y cruzar la calle a la vez, es lo que tiene.

EL REENCUENTRO


Para Angel M.P.


Veinte años sin verte, sin oírte, sin seguirte, sin saber nada de ti y por carambolas del destino nos volvemos a reencontrar en un fin de semana de mayo, de frío y lluvia.

Que bien te conservas, canalla, parece que hubieras hecho un pacto con el diablo para que no corriera el tiempo por tu aspecto. Tienes menos pelo, eso sí, pero más serenidad en esa mirada de Peter Pan que se negó a crecer porque no le dieron la oportunidad de vivir una infancia como Dios manda.

Mis ganas de saber de ti y mis preguntas sin rodeos pudieran parecer indiscretas y hasta morbosas a los ojos de cualquiera que no sepa cómo nos conocemos y la fuerza de los lazos que nos unen. Afortunadamente, seguimos siendo los mismos, en mi se ha limado y canalizado esa vena reivindicativa y soñadora que vestía en mi juventud y tu te has convertido en el mejor superviviente posible de lo vivido. ¡que más podemos pedir!.

El fin de semana me ha sabido a poco, sólo ha dado tiempo para enunciar los triunfos y airear las heridas, no para ayudar a curarlas. Aunque tu no lo creas, la historia no siempre se repite, a veces es posible escribir una nueva canción y no una nueva versión.

En mi intento de resumir tantos años de ausencia, tuve la poca delicadeza de confesarte que de tanto luchar perdí una uña, sin darme cuenta que tú ya habías perdido las dos manos, me sentí una villana cuando me di cuenta de mi torpeza. Te pido disculpas, aunque se que tengo tu perdón y tu cariño.

Nos dimos un abrazo al encontrarnos y otro al despedirnos, y con ellos abrazamos nuevamente nuestras vidas y esa amistad que se ha mantenido intacta, sin arrugas y sin grietas a pesar de la distancia y de la ausencia.


¡No te vuelvas a marchar!

EL PLACER DE VIAJAR

Foto: Carlosctv

Sienta francamente bien hacer un alto en el camino de vez en cuando. No conozco mejor terapia para aliviar la tensión del trabajo diario que cambiar de aires.

Una fabulosa comida en Lerma, unas deliciosas trufas de las clarisas y un paseo nocturno a la orilla del mar en Fuenterrabia, son suficientes para que el stress que reside en mi azotea se aburra y se vaya a buscar nuevos inquilinos con los que ensañarse.

Todo ello acompañado de una estancia en un palacio del siglo XIV-XV, sin niños, me hizo olvidarme durante tres días de quien era, de donde venía y adonde iba. Aunque yo soy un alma de montaña reconozco los efectos sedantes del murmullo de las olas en mi sistema nervioso y la calma que me dejó un largo paseo por la playa de la Concha no creo que la proporcione ningún tranquilizante al uso.


Sin prisas y sin planes, pasé tres días entre Fuenterrabia, San Juan de Luz y San Sebastián que me dejaron el alma serena y la mente quieta. La suerte de poder vivirlo con Juan y compartirlo con buenos amigos como Antonio y Almudena añade un dulce sabor a la serenidad del caminante y al placer de viajar sabiendo que el propio viaje es el destino.

¡¡¡ HASTA SIEMPRE !!!


Nunca antes la cancha estuvo tan vacía. Nunca antes se respiró tanto dolor en ella. Diego se fue, no sin antes, luchar como nos tenía acostumbrados, aunque esta vez si que le fue la vida en ello.

Pasos: los que les llevaron a hacer entre todos, poco a poco, un gran equipo. Dobles: los lazos que se fueron creando entre ellos a fuerza de entrenar y crecer juntos. Falta antideportiva al destino que se saltó las reglas del juego y técnica para la parca que se lo llevó cuando aún le quedaban muchos partidos por jugar.

No hay consuelo cuando no hay remedio, pero nos dejó su recuerdo y seguirá estando entre nosotros porque siempre ocupará un sitio en nuestros corazones.


Hoy la canasta llora su pérdida, el balón siente su ausencia y su equipo le busca mirando al cielo para decirle:


¡¡¡ Hasta Siempre, Diego !!!

EL CAMINO

Brandeis Special Colections

La tarde derivó en el Camino de Santiago, que dio de sí lo suficiente como para servir de nuevo pretexto para organizar futura excursión y para matar el frío al calor de la amistad y de una taza de café.

Entre el “No me atrae nada” de Beatriz, y el “me apetece mucho” de Paco, se desplegó el “porqué no” de Pedro y Loli y se apuntó como “asignatura pendiente” para Petri y para mí.

Mis razones son espirituales, que no religiosas, y aún a riesgo de ser peyorativamente tachada de “iluminada” (¡ójala que lo fuera!) me propongo clarificar mi interés en él.

El Camino es la metáfora de la vida. El Reino de los Cielos reflejado en la tierra, arriba es la Vía Láctea, abajo el Camino de Santiago.

Es la ruta de la introspección y del recogimiento. Es el camino hacia dentro, el que llega a nuestro corazón, el que puede enseñarnos que somos mucho mas de lo que sentimos e infinitamente más de lo que vemos.

El camino esta lleno de penalidades, porque para alcanzar la luz has tenido antes que respirar la sombra, pero también esta lleno de señales, iglesias templarias cargadas de mensajes esotéricos que te indican el sentido del camino, el sentido de vivir.

La energía que despliega el camino hacia el corazón está cargada de solidaridad y de buenos sentimientos, y es que el Reino de los Cielos está dentro de nosotros mismos, lo trabajoso es llegar a él.

Todo este despliegue de espiritualidad no está en absoluto reñido ni con un buen cocido maragato ni con el componente lúdico de cualquier excursión con amigos.

Beatriz ¿he despertado tu interés o por el contrario he reforzado tu decisión de no hacerlo?

THE INVISIBLE WOMAN

Foto: Nelmol

Estos días pasados en Londres he descubierto nuevas sensaciones, hasta ahora para mi desconocidas, como la de ser invisible, ahora entiendo lo que puede sentir un espectro que no sabe que lo es, cuando habla y no recibe respuesta. Claro que alguno puede pensar que no tiene nada que ver con los fantasmas sino con el mal uso del idioma, que también, pero, aunque así fuera, el chapurreo no esta reñido con la buena educación.

Los famosos modales de gentleman de los que tanto hacen gala los británicos, brillaron por su ausencia. Ya podían aprender los ingleses de Miguel, un “spanish gentleman” capaz de cambiar una cena en un restaurante con encanto por un kebab engullido a la intemperie en Leicester Square y no perder la compostura, ni siquiera cuando su pringosa salsa se escurre vertiginosamente por su abrigo, poniéndolo perdido.

A pesar de todo, no hay ejercicio mejor que viajar rodeado de buenos amigos, porque no hay ciudad que se resista a la risa sonora y contagiosa de Almudena ni al sentido de la orientación de Antonio, ni a un grupo de amigos reunidos en el Soho alrededor de un plato de rúcula debatiendo las diferencias entre los impulsivos, los compulsivos y los obsesivos.

Londres sigue teniendo ese olor a pared húmeda, recién pintada de temple, que tenía en el año 81, cuando aterricé en ella, con tan sólo 18 años para trabajar de au-pair y de paso asomarme al mundo y ponérmelo por montera si pintaba la ocasión.

Guardo gratos recuerdos de aquella experiencia que me hizo madurar a pasos agigantados y que me hizo tomar un cariño especial a esta grandiosa ciudad que entonces me acogió y ahora ni siquiera se ha dado cuenta de que he vuelto.

AL MAL TIEMPO BUENA CARA

Foto: pYpuS
El puente del Pilar que tanto habíamos esperado, pasó como un suspiro. Nada salió conforme a lo previsto. Nos estrenamos con largas caravanas de salida, seguimos con unos pronósticos de buen tiempo equivocados y terminamos con unos cálculos de comida desproporcionados.

Unos días intensos donde no faltó el toque amargo del reproche ajeno por una chiquillada y las lecciones de una madre modélica haciendo de la anécdota una cuestión de Estado, y de lo esencial algo olvidado.

Aprendimos que perder el conocimiento tal vez no sea importante, sobre todo si tu padre nunca lo tuvo y a pesar de ello ha sobrevivido.

Pero ni una sola de estas contrariedades consiguió hacernos perder la alegría y las ganas de pasárnoslo bien.

Cristina nos prefirió a su Pilarica y saltando la temida barrera del ridículo, a pesar de la resistencia de su santo, se arrancó cantando unas jotas, que le bailó Carlos, siempre dispuesto a secundar la vena artística allí donde aflore. Petri nos contagió con su “Ay Candonga” y se impregno de mi bosque y de mi entorno, mientras Maxi se hacía con la cocina y nos/me reprendía por chuperretear el chocolate y me dedicaba una tierna y entrañable canción. Beatriz aterrizó prudente y elegantemente en el grupo, al tiempo que Paco entraba de lleno en él con su riau, riau. Todo esto bajo la mirada serena de Mercedes, que disfrutó sin perder la compostura, mientras las demás nos embadurnábamos la cara de chocolate.

Extensas y divertidas veladas que el otro Carlos se encarga brillantemente de inmortalizar con su cámara y que yo registro en mi memoria y en mi corazón como momentos irrepetibles.

Este puente, Soto vistió el cachirulo sobre sus mejores galas de otoño y con sus pulgares ocultos en la faja, lanzando su voz a una Peñasanta oculta entre la niebla, cantó una jota a la amistad, aunque tendrá que seguir ensayando para que la próxima vez que la cante, no llueva.