EL SUSURRO DEL DUENDE (59ª entrega)

Alía


Acurrucados el uno en el otro, iba transcurriendo la noche sin que Roberto consiguiera pegar ojo, no paraba de darle vueltas a cómo continuar con la búsqueda de Diana, ¡si no se me hubiera caído la pista al agua! se reprochaba una y otra vez, ¡como seguir ahora!. Se levantó silenciosamente de la cama para no despertar a Laura y bajó a beber un vaso de agua. Se asomó a las cristaleras del salón para contemplar la noche estrellada y decidió salir al jardín.

Caminaba lentamente sobre el césped con sus pies descalzos, intentando encontrar un sosiego que parecía no llegar. Finalmente decidió sentarse sobre el césped en posición de loto, en busca de la tan ansiada paz. Cerró los ojos, se concentró en su respiración, y muy poco a poco fue entrando en un estado de quietud y relajación.

No habían transcurrido ni diez minutos cuando oyó un susurro a lo lejos. Su respiración volvió a agitarse pero decidió mantener la postura y no abrir los ojos. El susurro se acercó tanto que no sólo podía oírlo sino también sentirlo. Alguien que olía a tierra mojada, pisaba la hierba a su alrededor, susurrando una cantinela ininteligible. El susurro se fue convirtiendo en palabras silbantes que decian “Buen retiro te has procurado para buscar la paz......pero no has de descansar todavía, el diablo está al acecho, ni siquiera los más antiguos tratados te ayudaran a vencerle, tan sólo te conducirán a él.”

Roberto sentía como el corazón parecía salírsele del pecho, pero no se movió. Las palabras volvieron a convertirse en susurros y poco a poco se alejaron adentrándose en la Casa de Campo. Cuando se impuso el silencio de la noche, abrió los ojos y subió corriendo al despacho en busca de papel y lápiz para apuntar lo que había escuchado, antes de que se le olvidaran las palabras exactas.

Después volvió a la habitación y se encontró a Laura despierta, nerviosa y sentada en la cama.

- Me ha hablado – decía Laura – Diana me ha hablado, ha estado aquí, no ha sido un sueño, todavía percibo su olor y veo el rastro de su color –

- Me ha dicho “el día que yo nací, mamá, busca en el día que yo nací” Créeme Roberto, no ha sido un sueño –

- Lo sé, mientras Diana estaba aquí contigo, yo estaba abajo con el duende –

(Continuará)......................

¿FANTASIA O REALIDAD?



Hay días en que mi dial está especialmente sensible a la percepción de ondas etéreas. Frases inconexas, comentarios, voces que flotan, murmullos constantes, presencias que no ves pero sientes, caricias que llegan pero no tocan.

Hay días en que se me muestra el abanico de colores que cada ser lleva prendido en su alma, y ya no necesito sus palabras para saber a quien tengo delante.

Hay días en que me topo con lugares impregnados de historias inconclusas que mantienen prisioneros a sus protagonistas a la espera de que venga alguien y las termine por ellos.

Otros días sólo capto las ondas de radio que mi torpe dial acierta a sintonizar y que me conectan con el mundo y sus miserias y me convierto en el más terrenal de los mortales.

Hay días en que sólo escribo fantasías e ilusiones y me convierto en personaje de mis cuentos, otros días escribo sobre lo que soy y lo que siento y me transformo en aire, en nube y a veces en viento.

Tal vez te he contado una fantasía, tal vez un sentimiento, tal vez lo que sueño, tal vez lo que siento, tal vez sea lo mismo.

EL SUSURRO DEL DUENDE (58ª entrega)

Arquepoetica


- Esto es una pesadilla ¿qué vamos a hacer ahora? – se lamentó Laura mientras Roberto examinaba por arriba y por abajo la pista mojada, intentando descifrar la mancha de tinta que tenía ante sus ojos.

- ¿Por qué no volvemos a la Rosaleda? El duende estaba allí, tal vez nos de otra oportunidad – contestó Roberto.

Laura chasqueó la lengua en señal de fastidio – Roberto, eres un ingenuo, a ese duende, si es que existe, le importamos un bledo. Está jugando con nuestro sufrimiento, bueno, con el mío, porque es mi hija la que ha desaparecido ¿no lo entiendes? ¡¡¡Estoy atrapada en un juego diabólico!!!-

No había terminado de oír sus propias palabras, cuando ya se había arrepentido de haberlas dicho. Apretó sus párpados para no ver la torpeza cometida y para no encontrarse con la mirada de Roberto, no se sentía con fuerzas de sostenerla.

La voz de Roberto le retumbó en el pecho: - No pienso competir contigo para ver quien sufre más, Diana no es mi hija, pero lo he dejado todo por encontrarla y no voy a dejar que te enredes en el papel de pobrecita víctima y mucho menos que tires la toalla, ahora que estamos a punto de conseguirlo –

Laura sólo atinó a susurrar un – lo siento, perdóname – sin atreverse a levantar la mirada.

Roberto la cogió de la cintura, le dio un beso en el cuello y le susurró al oído – me lo cobraré en carne, no te preocupes - Le guiñó un ojo y le dijo: - venga, no perdamos tiempo, volvamos a la Rosaleda, además tenemos que cortar una rosa blanca ¿recuerdas? “y reserva una rosa blanca, te hará falta”. –

Faltaba poco para que cerraran el recinto de la Rosaleda cuando Laura y Roberto volvieron a entrar en él, no parecía que hubiera nadie, se fueron aproximando despacio a la fuente de “Maria la guapa”, recorriendo las matas de rosas de infinitos colores. Se pararon frente a una mata de rosas blancas y Roberto cortó una que aún no había abierto sus pétalos.

- ¡¡Pero, bueno!! ¡Usted no tiene remedio! – oyó a sus espaldas. Roberto sobresaltado, se volvió y se encontró con la anciana que un rato antes había presenciado su inmersión en la fuente.

-¡Joder! ¡que susto me ha dado!, ¿de donde ha salido usted? Hace un momento no había nadie!!!. -

-¡¡Si ya se lo dije a los policías que usted no era extranjero!!! ¡No le da vergüenza! ¡¡Que ya no tiene usted edad para andar haciendo gamberradas!!!-

-¡¡Policia!! ¡¡Policia!! ¡Es usted un gandul! –

Roberto y Laura salieron apresuradamente de la Rosaleda antes de que volviera la Policia, sin ninguna pista pero con una rosa blanca en la mano.


(Continuará) .................

EL SUSURRO DEL DUENDE (57ª entrega)

Alia


El timbre de puerta la sacó de sus embelesos. Chelo solía soñar con los ojos abiertos, imaginaba que era una tranquila madre de familia, felizmente casada y con dos maravillosos hijos y se figuraba que su trabajo realmente eran las tareas domésticas de su hogar. Tras la puerta le esperaba su sórdida realidad, el Comisario Vielva.

- Buenas tardes Chelo, ¿está sola? – preguntó el Comisario entrando en la casa sin esperar que le invitaran a hacerlo.

Chelo contestó con un movimiento de cabeza y con la mirada sumisa clavada en el suelo. El Comisario siempre le había inspirado temor, se sentía muy envarada en su presencia, la última vez que le había visto no había ocurrido porque estaba Roberto delante, pero ahora estaba sola.

El comisario entró directamente en la cocina y tomó asiento.

- Bueno, bueno, seguro que usted sabe muchas cosas de esta familia y seguro que usted lo que quiere es que aparezca Diana ¿a que sí? –

Chelo había reanudado su tarea de plancha y alisaba nerviosamente una sábana, sin dar contestación a lo que le habían preguntado.

- Seguro que usted sabe donde están ahora Laura y su amiguito –

Chelo planchaba cada vez más deprisa y sin levantar la vista dijo en voz baja: - Yo no, no, yo no se ná.-

- ¿Están investigando por su cuenta Laura y su amigo la desaparición de Diana? -

- Le repito que yo no sé ná. –

- Es una pena que no quiera colaborar. ¿Sabe una cosa? Tengo encima de la mesa el expediente policial de su hijo Jonathan, ¡que lástima! este chico va por muy mal camino, la próxima que haga entrara en la cárcel, salvo que usted me cuente lo que están haciendo Laura y su amiguito. En ese caso, a lo mejor puedo hacer algo por Jonathan......

Chelo se mordía los labios nerviosamente y luchaba por reprimir las lágrimas, pero guardaba silencio y seguía planchando.

- ¿Sabe Laura que su hijo ha tenido varios juicios por robo? Seguro que no le agradará nada enterarse que tiene en casa a la madre de un chorizo –

Una lágrima de impotencia corrió por su cara y fue a parar a la prenda que estaba planchando en ese momento, pero se mantuvo firme en su silencio hasta que el Comisario volvió a atacar de nuevo, esta vez con más virulencia todavía.

- Yo se que en el fondo es buen chico, mire, como yo se que se mete....... tengo en Comisaria unas sustancias estupendas requisadas de redadas anti drogas que le van a poner a tono ¿qué le parece? Le voy a regalar unas cuantas.

Chelo se sintió acorralada y finalmente ante la amenaza de hundir aun más a su hijo en el fango de las drogas, dijo:

- Yo lo único que se es que se tiran horas muertas ante el ordenador buscando pistas y luego las siguen –

- ¿Quién le da la pista? –

- No sé, yo no se más – dijo Chelo con fastidio y culpa.

- Es una pena que no pueda hacer nada por Jonathan – dijo Javier Vielva mientras que se disponía a marcharse.

(Continuará) ...........

EL MICRORRELATO DE ESTA SEMANA


Un microrrelato es una historia completa contada en pocas palabras. He de confesar que crea adicción y que te obliga, dada su brevedad a usar técnicas que en otros generos ni siquiera existen. El microrrelato es casi el único genero al que me puedo dedicar porque mi tiempo, a pesar de que lo estiro todo lo que puedo, no da para más. Esta semana el microrrelato de la Cadena Ser tenía que empezar con la frase Como los ángeles al caer el sol. Espero que os guste.

MONA LISA

- Como los ángeles al caer el sol, me deslicé en la noche abrazado a tu sonrisa, y ya no hubo más nube ni más brisa, que pudiera aquietar mi corazón –

Lo he escrito para ti. Si te gusta puedo traerte más mañana . De hecho, puedo venir todas las tardes, si quieres. ¿Sabes? he puesto tu imagen en la mesilla...en el salón....en la cocina..... en mi cartera, en todas partes. Tal vez llegue el día en que no tengamos que separarnos más ............

–Señor, vamos a cerrar, vaya saliendo, por favor- le dijo en voz baja el vigilante del museo.

EL SUSURRO DEL DUENDE (56ª entrega)

Alía


- Pues para estar buscando un anillo, su amigo parece estar muy despistado, ¡como va a saltar hasta la estatua! ¡busque en el agua! ¡en el agua! – seguía diciendo la anciana casi gritando.

Laura veía como se acercaban los policías municipales – Date prisa Roberto, por Dios, que ya están aquí -

- Hago todo lo que puedo, pero no veo nada – dijo Roberto al tiempo que recorría el cuerpo de Maria la Guapa en busca de la siguiente pista. Tocó la cabeza de la estatua y de detrás de la rosa que llevaba en el pelo, cayó un papel que Roberto intentó coger antes de que cayera al agua.

- Salga de la fuente – le increpó uno de los policías mientras el otro le pedía la documentación a Laura.

Roberto empezó repentinamente a hablar en ingles, y dirigiéndose a los policías empezó a decir con un marcado acento canadiense “Futbol, Sibeles, España, Campeón del Mundo” .

Laura no daba crédito a lo que estaba viendo, los policías se intercambiaban miradas que lo decían todo: “otro guiri” y la anciana, preguntaba “¿qué ha dicho?” .

- ¿Le conoce?- preguntaron los policías a Laura.

- No, no,.........bueno sí, quiero decir...... que le acabo de conocer y que yo me encargo de él, yo le acompaño hasta su hotel-

Mientras Laura entretenía a los policías, Roberto recogió el papel que había caído al agua, lo metió en el bolsillo de su pantalón, salió de la fuente con una gran sonrisa en la boca y siguió representando su papel de extranjero.

La anciana seguía los acontecimientos en primera fila y relataba a los policías en un elevado tono de voz, que dejaba en evidencia su incipiente sordera – ya le he dicho yo que ahí no se podía bañar-

- No le entiende, es extranjero – gritó un policía a la anciana mientras Roberto y Laura se alejaban con dirección a la salida del recinto de la Rosaleda.

- ¿Extranjero? ¡Pero si hace un momento estaba hablando español!- contestó la anciana.

- Esta sorda como una tapia – le dijo un policía al otro mientras que observaban a Roberto y Laura saliendo de la Rosaleda.

- ¿Lo tienes? – preguntó Laura

- Lo tengo, pero ........- contestó Roberto sacando el papel de su bolsillo y desplegando ante Laura un texto emborronado e ilegible por la acción del agua.

(Continuará )................

EL SUSURRO DEL DUENDE (55ª entrega)

Gotencool

-¿Por donde empezamos?- preguntó Roberto cuando llegaron a la Rosaleda del Parque del Oeste.

- Esto es como buscar una aguja en un pajar – apuntó Laura mirando de un lado a otro, esperando la llegada de alguna inspiración para empezar a buscar.

- Bueno, no desesperemos......vamos a leer de nuevo la pista – dijo Roberto. Se sentó en uno de los múltiples bancos de madera y leyó varias veces el papel, luego se lo extendió a Laura y le preguntó -¿se te ocurre algo?-

Laura lo leyó nuevamente y negó con la cabeza, luego sacó del bolso las dos sentencias que había elegido y las volvió a leer detenidamente por si concretaban algún lugar dentro de la Rosaleda .

- Nada, aquí no hay nada, tal vez no sean éstas las sentencias a las que se refería el duende - comentó Laura con desanimo.

Roberto permanecía en silencio, absorto en sus pensamientos, Apenas había gente, tan sólo una joven con su bebe paseaba entre las rosas y a lo lejos, una anciana observaba con gran atención un rosal aterciopeladamente rojo.

Roberto se puso de pie, en situación de alerta, -¿qué pasa?- preguntó Laura, él la hizo callar rápidamente poniendo su dedo índice en los labios. Roberto dio unos pasos a su izquierda y luego a la derecha, como si estuviera buscando algo.

- ¿No lo oyes? – le dijo él

- ¿El qué? –

- El susurro del duende –

- ¿De donde viene el sonido? – preguntó ella – no oigo nada -

- De allí- contesto Roberto señalando con el dedo la fuente de "Maria La Guapa".

- ¡Claro! ¡Como no se me había ocurrido antes! ¡la fuente! Los duendes viven en los bosques, alrededor de las fuentes. - dijo Roberto al tiempo que se dirigía rápidamente hacia la fuente seguido de Laura.

A pesar de que examinaron minuciosamente todo su contorno, no había rastro alguno de la nueva pista.

- No queda otro remedio – dijo Roberto, descalzándose, remangándose los pantalones y finalmente introduciéndose en el agua.

- ¡Oiga, señor! ¿pero que está usted haciendo? - vociferó la anciana que contemplaba los rosales – ¡no puede usted bañarse! –

Laura intentó hacer callar a la anciana, que con sus voces había despertado la atención de la joven madre que paseaba a su bebe.

- Tranquila, Señora, no grite, es que se me ha caído un anillo a la fuente y él se ha metido para rescatarlo –

Ya era tarde, una pareja de policías municipales entraban por la puerta de La Rosaleda, tras cruzarse con la joven y su bebé.

(Continuará).............

EL SUSURRO DEL DUENDE (54ª entrega)

Caese

Allí estaba de nuevo desplegando sus dotes de seductor, preguntándola cómo se encontraba, diciéndole lo mucho que la echaba de menos y lo preocupado que estaba por la desaparición de Diana. Laura escuchaba con los ojos cerrados, apretando los labios, conteniendo la cólera que le subía por el estomago hasta que no pudo más.

- ¡Basta, Luis! ya no me creo tus mentiras, tu nunca has querido a nadie, no te has preocupado nunca de nada que se aleje un centímetro de tu ombligo, la pena es que haya tardado tanto tiempo en darme cuenta....... ¿Sabes una cosa? Que creo que tu eres el mayor responsable de la desaparición de Diana y que no se si lograré perdonarte algún día. Probablemente no. –

- Comprendo que te dure el enfado pero....- intentó argumentar él, Laura volvió a tomar la palabra sin dejarle terminar.

- ¡Tu no comprendes nada! Tu eres el mayor error que he cometido, no te quiero otra vez en mi vida. Me gustaría no haberte conocido.-

Roberto hizo ademán de abandonar el despacho, pero Laura le retuvo.

- Laura no te consiento que me hables así- dijo Luis visiblemente enfadado.

- Tienes razón, no debes consentirlo, no vuelvas a llamarme – y le colgó el teléfono.

- ¿No crees que has sido un poco dura con él? – le apuntó Roberto.

- ¿Dura? Duro es que el padre de tu hija desaparezca del mapa cuando más lo necesitas.

- Bueno, Laura, reconoce que si se hubiera quedado, tampoco habrías contado con él- terció Roberto.

- Tienes razón – reconoció ella – tal vez lo más duro es reconocer que elegí a la persona equivocada para compartir mi vida –

- No le des más vueltas, lo importante es darse cuenta – le dijo Roberto acariciándole ligeramente la mejilla – Venga, no perdamos más tiempo, vámonos al Parque del Oeste, tenemos que traer a Diana a casa.

(Continuará) ..................