Laura sacó temblorosa la rosa blanca del bolso, la desenvolvió y se la tendió a la pequeña sombra que tenía frente a ella.
- Espera – terció Roberto capturando la rosa en el mismo momento en que la iba a recibir el duende. –Tu ya has visto la rosa, pero nosotros no hemos visto a Diana ¿dónde está?-
Una risa gutural seguida de un grave gruñido les hizo dar un respingo. La pequeña sombra que olía a tierra mojada estaba moviendose a su alrededor, aparecía y desaparecía hasta que se paró delante de Laura y le dijo:
– Me has traido una rosa marchita, blanca pero marchita, no sé, no sé, si te has ganado recuperar a tu hijita. –
Laura sintió como la furia y la impotencia contenida durante todos estos días de angustia afloraban con toda su fuerza y le gritó – No juegues más conmigo, he hecho todo lo que me has pedido, he conseguido descifrar los enigmas, he cumplido mi parte de este ridiculo juego, cumple ahora tú con la tuya y devuelveme a mi hija – .
La sombra desapareció, pero la risa con olor a tierra mojada flotaba en el ambiente. Roberto y Laura, cogidos de la mano, intentaban mantener la calma, estaban tan cerca de recuperar a Diana que no querían dar ningún paso en falso.
Laura apretó la mano de Roberto, parecía que alguien se acercaba, sentía la presencia de Diana aunque aún no la veía. Tras unos segundos, vio acercarse a su hija, se soltó de Roberto y empezó a correr a su encuentro cuando el ruido de un arma cargándose la paralizó.
- Alto, Policia –
(Continuará) ......







