EL SUSURRO DEL DUENDE (71ª entrega)


El tiempo se detuvo, la noche se alió con el misterio y Laura, inmovil, en medio de ninguna parte, a un paso de la salvación y a otro del infierno, contemplaba impotente a su hija, que intentaba desesperadamente acercarse sin conseguirlo, luchando contra una fuerza invisible que se lo impedía.


Javier Vielva empuñaba una pistola apuntando a la sombra que rodeaba a Diana, cambiando la dirección del tiro nerviosamente para localizarla según aparecía y desaparecía.

-Vete, por favor – le gritó Laura.


-Déjame recuperar a mi hija, márchate, Javier, sino te vas, la perderé para siempre –


Javier Vielva no se movió, siguió empuñando el arma y dijo con una voz grave que retumbó en la oscuridad – Suelte a la niña o disparo –

La respuesta fue una risa gutural despectiva y socarrona, cuyo eco aumentaba según pasaban los segundos.

Roberto presenciaba la escena a media distancia del Comisario. Diana lloraba lanzándo con impotencia los brazos hacia su madre y gritaba – Mamá, ayudame-


- Marchate de aquí, Javier , esta no es tu guerra – dijo Roberto acercándose lentamente al Comisario.


-Te equivocas, esta es mi guerra, no la tuya – contestó Javier Vielva sin quitar la vista de Diana, pero controlando la amenaza que se acercaba por su derecha.

-¿No te das cuenta de que no vas a poder disparar a una sombra que aparece y desaparece? No es un mortal, no le puedes matar – apuntó Roberto mientras seguía aproximándose muy lentamente.

-No te has enterado de nada, la sombra es un sicario, idiota – contestó el Comisario

-¿Un sicario? ¿De quien? – respondió Roberto.

-De Arturo Hidalgo, o ¿de verdad te creías que había un duende?

(Continuará) .........................

LA JUSTICIA DEL ABOGADO


Tarde de sábado. Siesta de pijama y orinal. Que deleite entreabrir los ojos y sentir los efectos pegajosamente placenteros del sueño, darme la vuelta y volver a dormir, sin hora y sin prisa, hasta que mi cuerpo decide que ya es momento de despertar. Me dispongo a dedicar el tiempo que me resta de tarde a escribir y leer, ¡como no!, pero un reportaje en televisión atrapa mi atención. La lucha de una madre por su hijo, que tras una operación de estética se queda en estado vegetativo y lleva veinte años pidiendo que se imparta justicia.

Me estremecen y conmueven tanto las declaraciones de esa mujer coraje como sus actos, vivir en una improvisada tienda de campaña cerca de la Puerta del Sol, durante diecisiete meses, llamando la atención para que revisen su caso.

No conozco los detalles del procedimiento y desconozco si realmente se produjo una negligencia médica o no, pero este asunto hace que destape de nuevo la caja de los truenos sobre el papel de los abogados en la justicia. ¿donde empieza nuestro encargo profesional y donde termina nuestra ética personal? Parece que un nuevo testigo apunta que si hubo negligencia, si fuera así ¿hasta donde es lícito que el abogado mantenga la inocencia de su cliente médico y arrastre a una familia a vivir por y para clamar justicia y pagar 400.000 € de costas?

Me viene a la memoria el famoso caso de la joven sevillana desaparecida hace casi dos años y cómo sus asesinos confesos han dado todo tipo de datos contradictorios sobre la localización del cadáver. ¿Hasta que punto es lícito que reciban recomendaciones de sus abogados para que actúen así? ¿Es que el derecho de defensa no tiene límite?

Pasamos por la Facultad cinco años (ahora cuatro) estudiamos todo lo habido y por haber sobre las leyes, nos exploran y juzgan la suficiencia de nuestros conocimientos mediante los exámenes, pero empezamos a ejercer sin haber aprobado el más importante: El examen de conciencia.

“Honeste vivere, naeminem laedere et jus sum cuique tribuere” (Vivir honestamente, no dañar al otro y dar a cada quien lo que le corresponde)

Ulpiano


"Mea mihi conscientia pluris est quam omnium sermo" (Mi conciencia me importa más que el discurso de todos).

Cicerón


EL SUSURRO DEL DUENDE (70ª entrega)

(Este capítulo esta dedicado a Beatriz, a quien espero le parezca lo suficientemente largo y emocionante como para contar con su fidelidad hasta el final)

Laura sacó temblorosa la rosa blanca del bolso, la desenvolvió y se la tendió a la pequeña sombra que tenía frente a ella.

- Espera – terció Roberto capturando la rosa en el mismo momento en que la iba a recibir el duende. –Tu ya has visto la rosa, pero nosotros no hemos visto a Diana ¿dónde está?-

Una risa gutural seguida de un grave gruñido les hizo dar un respingo. La pequeña sombra que olía a tierra mojada estaba moviendose a su alrededor, aparecía y desaparecía hasta que se paró delante de Laura y le dijo:

– Me has traido una rosa marchita, blanca pero marchita, no sé, no sé, si te has ganado recuperar a tu hijita. –

Laura sintió como la furia y la impotencia contenida durante todos estos días de angustia afloraban con toda su fuerza y le gritó – No juegues más conmigo, he hecho todo lo que me has pedido, he conseguido descifrar los enigmas, he cumplido mi parte de este ridiculo juego, cumple ahora tú con la tuya y devuelveme a mi hija – .

La sombra desapareció, pero la risa con olor a tierra mojada flotaba en el ambiente. Roberto y Laura, cogidos de la mano, intentaban mantener la calma, estaban tan cerca de recuperar a Diana que no querían dar ningún paso en falso.

Laura apretó la mano de Roberto, parecía que alguien se acercaba, sentía la presencia de Diana aunque aún no la veía. Tras unos segundos, vio acercarse a su hija, se soltó de Roberto y empezó a correr a su encuentro cuando el ruido de un arma cargándose la paralizó.

- Alto, Policia –


(Continuará) ......

EL SUSURRO DEL DUENDE (69ª entrega)


La noche estaba oscura, la poca luz que había, la aportaba un gajo de luna oculta entre las nubes. No había nadie en la glorieta, tan solo una pareja de novios tomaba tranquilamente un refresco en la terraza de la esquina del Paseo Duque Fernan Nuñez. El susurro del duende se hacía cada vez más patente y venía de la zona deportiva aledaña a la glorieta.


Laura podía oir los latidos de su corazón, la tensión y el miedo le hacían temblar, buscó la mano de Roberto y la apretó fuertemente. Tenían toda la atención volcada en el susurro que se acercaba. Los segundos se hicieron eternos, esperaban oirlo con más nitidez , pero esto no ocurrió. El susurro no se acercó más. Se miraron buscando el uno en el otro una consigna a seguir, y como si se hubieran puesto de acuerdo con la mirada, se acercaron lentamente al area deportiva.


No veían nada tan solo escuchaban al duende, cuando percibieron el susurro a su lado, pararon y Laura preguntó con una gran dureza en su voz - ¿dónde está mi hija? .-


Una sombra pequeña surgió inesperadamente delante de ellos y una voz senil y juguetona anunció: - te cambio la rosa blanca que yo deseo por la niña que tu pretendes-


(Continuará ........)

TOCA UN MICRORRELATO

Heart Industry

Hoy toca una de microrrelatos. Este es el que he enviado al Concurso de la Cadena Ser de esta semana. A mi me gusta, se ve que el jurado no comparte la misma opinión.


AVARUS

Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada, desde que transformó el desagüe de sus miserias en el cofre de sus tesoros, es habitual encontrarla así. Se cree que no me he dado cuenta de que ha vaciado la cisterna para que nadie moje sus sueños, pero yo la he llenado de agua y he tirado de la cadena. Puedo oír sus gritos desde la calle, mientras me alejo esperando que alguien asome exultante por la alcantarilla

UNA VEZ AL AÑO

Angel M.Piñán

No se que pasa, pero siempre, llegado a este punto, me pongo a ordenar. Esta vez le ha tocado a mi mesa de trabajo, otras veces le tocó el turno al armario de mi habitación, o a la librería, o incluso a los cacharros de la cocina.

No se porqué lo hago, si por conocer que es lo que tengo y así saber qué es lo que me falta, o por deshacerme de lo inservible y andar por la vida cada vez más ligera de equipaje.

Es curioso ese interés porque todo esté en su sitio, ese afán en utilizar la palabra precisa en el instante adecuado, en que las cosas se muestren como realmente son y no como deben ser, ese empeño en no perder el tiempo en lo que no me interesa y derrocharlo en lo que me apetezca.

Debe ser fruto de la madurez esa lágrima siempre preparada para acompañar una emoción, esa risa que estalla ante lo absurdo y que te deja tan buen sabor de boca que se te olvidan los nubarrones que viven encima, ese dolor por lo sufrido y por lo perdido, que reaparece cuando menos te lo esperas.

No se que pasa, pero siempre, cuando cumplo años, me pongo a ordenar.

Si alguien está realmente interesado en saber cuantos me caen, que se atreva a preguntármelo, es fácil.

EL SUSURRO DEL DUENDE (68ª entrega)

Humanofuma

- Fuimos novios durante unos cuantos años en la facultad. Eramos muy jovenes. Un día descubrí que estaba embarazada y para mi la noticia fue como un mazazo, pero para él fue todo lo contrario, se puso a buscar trabajo y se empeñó en que nos casáramos. Para mi seguir adelante con ese embarazo era dar por finalizados mis sueños, sin, ni siquiera, haberlos empezado.


Ahí comenzaron nuestros problemas, yo le propuse abortar y él se negó en rotundo. Al final, la vida resolvió el conflicto, sufrí un aborto espontaneo cuando iba a cumplir el tercer mes de embarazo. Javier se puso como loco, me acusó de que yo lo había provocado de alguna manera. Rompimos de muy malas maneras y no le volví a ver hasta que Diana desapareció -

Se produjo un silencio entre los dos mientras seguían caminando en círculo alrededor de la fuente.

- Javier había hecho ya todo tipo de planes para nuestro hijo, que él estaba convencido que sería una niña. Se había montado ya todo tipo de películas, me decía que la protegería de todo lo malo......... que se convertiría en su guardaespaldas........en fin....... por eso cuando le volví a ver, calificó la desaparición de Diana como una ironia del destino.- concluyó Laura

-Ahora entiendo – dijo Roberto.

Se habían quedado solos en la glorieta y el tiempo transcurría sin que ocurriera nada. Roberto se paró de repente y dijo – ¡La rosa blanca! No tenemos la rosa blanca y en la segunda pista decía que nos haría falta. Tengo que ir a por ella –

Laura se dio una palmada en la frente y dijo – me había olvidado de ella – rebuscando en su bolso sacó un envoltorio de papel celofán y aluminio, - me la llevé al despacho para ponerla en mi mesa, pero como luego se precipitaron los acontecimientos me olvidé de ella. -

Roberto aguzó el oido - ¿no lo oyes?...... Es el susurro del duende....... Se está acercando - .

(Continuará......)

EL SUSURRO DEL DUENDE (67ª entrega)

Atajo de locos

Llegaron en un santiamén a la glorieta del Angel Caido, rodearon cada uno por un lado la fuente que alberga la estatua y cuando se encontraron de nuevo, se miraron esperando cada uno que el otro tuviera la solución.

La primera en romper el hielo fue Laura con la pregunta fatídica - ¿y ahora qué?-.

Roberto se mostraba nervioso y parecía desorientado, miraba incesantemente de un lado al otro, buscando respuestas, sin encontrarlas, a la vez que buscaba con la mirada la sombra que les seguía.
- No lo se, Laura, no lo se, si lo supiera, no estaría aquí parado como un pasmarote ¿no te parece?- el tono de Roberto estaba cargado de irritación y una buena dosis de reproche. Laura parecía haber tirado la toalla y a Roberto le exasperaba verla derrotada.

Estaba empezando a anochecer pero todavía quedaba gente paseando por el lugar, decidieron permanecer allí , si era el lugar acertado pronto tendrían noticias.
Cogidos de la mano daban vueltas lenta y repetidamente alrededor de la fuente del Angel Caido, mientras esperaban pacientemente que algo ocurriera.

- ¡Que bonitos son los atardeceres de Madrid! Son casi, casi, tan bonitos como los de Loya – exclamó Roberto apretando con complicidad la mano de Laura.

-Oye Laura.....me gustaría preguntarte una cosa ¿Qué relación has tenido con Javier Vielva? . No es que me quiera entrometer en tu vida, pero, tal y como se comporta, parece como si éste fuera un asunto más personal que profesional para él-.
(Continuará......)