SIEMPRE EN NUESTROS CORAZONES

 


Nunca nos despedimos porque no entraba en tus planes marcharte. Siempre había un proyecto en qué ocuparse, la boda de Ana… la celebración de tu cumpleaños… preparar el viaje a Soto en verano… No había tiempo para morirse. Por eso tu partida nos pilló desprevenidos, aun así nos dio tiempo a mostrarte lo mucho que te queremos. Seguro que allí donde estás hay una cocina de leña donde preparar sequillos sin preocuparte por si la lumbre se “amormia” y un banco para sentarse al sol y charlar con los que se acercan a compartir la eternidad contigo. Aquí repetías como un mantra “Estoy bien, no me puedo quejar” haciendo gala de tu fortaleza y energía, y te marchaste cumpliendo tu objetivo de no ser una carga para nadie ¡qué más se puede pedir! No sé como será el lugar, nadie ha vuelto para contarlo, pero seguro que se ha convertido en un sitio mejor desde que tú estás. 

MI HADA FAVORITA

 


Dicen las malas lenguas que las hadas no existen ¡qué sabrán ellas! Yo, sin ir más lejos, conozco una que habita en este bosque. Habla el idioma de los animales, los mima, los cuida y les pone nombre de ríos y de montañas para que se arraiguen, aún más si cabe, a esta tierra. Ella no se hace mayor, sigue volando como el primer día, de cocina en cocina, repartiendo cuidados y curando heridas. Cuando te das cuenta ha desplegado sus alas y te ha arropado antes de que sientas frio. Capaz de resistir una gran nevada pero no un mal gesto, su corazón de cristal tintinea peligrosamente frente a la maldad. 

Mi hada hoy no cumple años, solo cumple sueños.


¡Felicidades Memé!

EL CONFINAMIENTO DE UNA CAMPEONA




Cada mañana, como un acto reflejo, miro por mi ventana hacia las suyas y después al cielo, esperando que el día transcurra sin sobresaltos. Desde que empezó toda esta locura no ha pisado la calle, sola en casa, sin más compañía que la radio y el “ok google” al que le pide que le ponga asturianadas y no comprende por qué no lo hace. Menos mal que su nieta le enseñó a utilizar las videollamadas de whatssap, así que cada noche se pone su collar de perlas y se reúne con sus hijos y nietos y comentan cómo ha ido el día. En ocasiones se unen invitados sorpresa que se asoman a su ventana virtual para charlar un rato con ella. Para alguien que pasó la guerra y que, cuando era niña, envolvían en toallas empapadas de nieve para bajarle la fiebre, esto es una prueba más que encara con esa actitud positiva con la que envuelve su vida y la de todos los que estamos a su alrededor. Sigue cocinando como nadie, sus cocidos, tortillas de patata y tartas de manzana son insuperables. Esta vez la tarta corre de nuestra cuenta y cuando esta noche nos asomemos a su ventana virtual encenderemos una vela cada uno para que ella las sople en soledad pero más acompañada que nunca. Se llama Sara y hoy cumple 92 años.


¡¡Felicidades mamá!!

ONCE






Dicen que el 11 es un número maestro, es aquel al que llegan algunos iniciados tras evolucionar por el camino de la vida. No se si alguno de los once que nos juntamos en Costa  Ballena bajo la hospitalidad de Ovi y Mariluz eramos iniciados pero lo que es seguro es que todos llevamos recorrido mucho trecho vital como para no saber que la clave está en exprimir al máximo los buenos momentos y así lo hicimos. Entre puestas de sol, tortillitas de camarones y tostadas sin gluten saboreamos a sorbitos la chispa gaditana; aprendimos a distinguir entre comparsas y chirigotas y recorrimos la ciudad entre las calles estrechas disfrazadas de carnaval.  Nos echamos unas buenas risas con Maritina que con acento francés y gracia española nos relató las andanzas  de Mariluz   y sus sicarias  cuando era niña y la larguísima respuesta de Ovi a una pregunta la mar de corta. El número 11 da cabida a todos, a la energía de Maite, a la mirada de niño que ha librado mil batallas de Chema, a las respuestas contundentes y cortantes de Juan Miguel y a las ganas de integrarse y de entender nuestro idioma de Franck. Compartí confidencias y momentos off con Marisa, la mujer que acaricia todas las palabras que salen de su boca y descubrí de nuevo el cariño  guardado en el tiempo y en la distancia de Ángel. Instantes para recordar, películas que adivinar, risas que compartir y días guardados ya para siempre en el rincón donde habitan mis momentos felices.Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

TERCER PREMIO EN TERRITORIO ARTLANZA

Mis amigos me reprochan que tenga tan abandonado el blog que no publique ni los premios que me dan. Y lo peor de todo es que tienen razón. Este relato que cuelgo a continuación se llevó este verano el tercer premio del I Concurso de Microrrelatos de Territorio Artlanza. A ellos se lo dedico. 
El tema era el mundo rural inspirándose en los pueblos contados por Miguel Delibes y en la naturaleza de Félix Rodríguez de la Fuente.



Para Ángeles y Jose

Allá donde se forjan los sueños


Dicen en la plaza que lo mío es el hierro, siempre lo ha sido. No hay nada que me inspire más que el eco del golpe certero sobre el yunque para exprimir la ternura del metal. Donde otros ven chatarra y desechos, yo veo esculturas que esperan ser destapadas, arte en estado puro que moldeo y muestro al mundo. Siempre que puedo me encierro en el taller a crear mi propio universo de hierro. Me gusta imaginar qué hubiera sido de mí si me hubiera ido a vivir a la gran ciudad, cierro los ojos, pero me cuesta transportarme lejos de estos paisajes donde descansa mi vista; de los robles que llevan tatuados en su piel mis historias de amor; de esos cielos limpios y azules que me sirven de sombrero y de esa águila real majestuosa que planea sobre mi cabeza cada vez que me subo al cerro a ver caer la tarde. Lo intento de nuevo, e imagino mis trabajos expuestos en una importante sala de arte de la capital, pero mi mente vuelve una y mil veces aquí, a mi pueblo, a las tardes de verano tejidas a ganchillo y siestas, para ser jugadas al tute después; a los campos de cereales dorados mesados por el viento. Cierro los ojos por tercera vez, y me aferro con más fuerza a la imagen del triunfo en la gran urbe. Es inútil, no puedo dejar de imaginar a mis musas atrapadas en un ascensor, languideciendo con la contaminación y las prisas. No lo intento más, ellas son felices corriendo tras las gallinas y chapoteando en el rio y yo sacando el arte que esconde cada pieza de hierro que cae en mis manos. Cuando llega la noche, las invito a que se acurruquen en mi regazo y juntos contemplamos el manto de estrellas que nos cubre mientras escuchamos, a lo lejos, el canto de una lechuza.


ÁNGELES Y DEMONIOS





Para Marta
Crónica del 24 de Agosto de 2019 

Ir a recoger un premio, por esta afición que tiene una de juntar letras, se convirtió en la excusa perfecta para pasar un poco más de 24 horas juntas. Nos unen lazos de sangre, aún más las lágrimas lloradas juntas, los momentos vitales tatuados en nuestras almas con tinta indeleble, el dolor que se esconde en nuestras miradas y todas las risas reídas y que aún nos quedan por reir y que empezamos el fin de semana.
Lerma nos acogió con unos boquerones en vinagre y un queso de cabra que bien podían haber preparado los ángeles que nos esperaban en “Las Edades del Hombre” y que el demonio, que también estaba allí, acompañó con pan prohibido. Seguramente que fue el mismo que nos indujo a dar placer al cuerpo con un masaje relajante que nos dieron dos ángeles en el hotel. Después de relajarnos, nos centramos en el objeto de nuestro viaje: recoger el premio. Llegamos al Corral de Comedias Felipe Segundo de Territorio Artlanza a tientas y en la oscuridad, tan solo guiadas por las voces que llegaban desde allí. Aún no sabíamos si me correspondería el primer, segundo o tercer premio y salimos con la estatuilla más pequeña y con la sensación de que los demonios de Angelis habían hecho de las suyas con el jurado sembrando la confusión entre qué es un cuento y qué un microrrelato. Un rapsoda y un violinista hicieron las delicias de la concurrencia y fueron los verdaderos protagonistas de la velada. De vuelta a Lerma, al filo de la medianoche nos tuvimos que conformar con improvisados bocadillos de cortezas y salchichón en la habitación del hotel. El domingo la visita obligada al convento de las clarisas y la compra de ese manjar angelical que son sus trufas puso punto final a nuestra escapada. No se si habrán sido los ángeles los que pusieron este premio en nuestro camino pero de lo que estoy segura, MiMarta, es que a tu lado es más fácil luchar contra los demonios que se atrevan a asomar.  


PEQUEÑAS ALEGRÍAS

Esta vez no pudo ser, me quedé con las ganas de estar en la Quedada de Santiago, por eso quise estar presente de alguna manera participando en el concurso del Ayuntamiento de Betanzos en la categoría de "No Asistentes" y las meigas se pusieron de mi lado y me alcé con la victoria. Son esas pequeñas alegrías que te animan a seguir juntando letras para contar historias. A partir de esta foto,  incluyendo la palabra "ochocientos" conmemorando los 800 años de esta villa gallega, un relato sobre uno de mis temas favoritos: el paso del tiempo. Espero que os guste. 

  
Tempus fugit
Maruxa fue un regalo tardío e inesperado para unos padres en edad de malcriar nietos. Ya de niña apuntaba maneras y cuando pasaba por delante de los relojes del Parque del Pasatiempo caía en trance. Creció a la vez que su atracción hacia esas 41 esferas que consiguió parar atrapando el tiempo que señalaban con sus agujas. Los primeros minutos que rescató se los regaló a una señora que pasaba por ahí. Enseguida se corrió la voz y pronto había más de ochocientas personas en la cola, en busca de horas, días e incluso años qué inyectar a sus apretadas vidas. La Parca también esperaba su turno para llevarse a Maruxa porque había usurpado un oficio de dioses y ella, que fue regalo tardío, inesperado y breve para sus padres, solo pudo ofrecerles los segundos que quedaron prendidos entre sus dedos para decirles adiós.

VIENTOS DEL NORTE






Todo empezó con un simple comentario “podíamos hacer una quedada” Dicho y hecho, no estábamos todos los que eramos, pero eramos todos los que estábamos. Y fue, en “El Batán del Molino” un antiguo molino del siglo XI, que a decir de la dueña, había sido construido por monjes, tal vez esa era la razón por la que conseguí dormir como una niña en paz durante el fin de semana o quizá por esas sábanas blancas de algodón con primorosos remiendos que han guardado el sueño de muchos huéspedes. Lo cierto es que los astros se alinearon para disfrutar de un fin de semana digno de recordar. Bajo una esmerada organización por parte de Rubén y una cuidada intendencia dirigida por Belén, dimos buena cuenta de las ricas viandas traídas para la ocasión, donde no faltaron los bizcochos caseros de nuestras improvisadas reposteras, Toña, Belén y Marta, ni el jamón de Maria Jesús, y nos quedamos con las ganas de escuchar a Alberto tocar su nuevo piano de cola. Degustamos los vinos de Arlanza en una cata con maridaje en compañía de “los barnizados” que se apropiaron de la guía y de las sillas. Disfrutamos del desfiladero de la Yecla aún arriesgando el móvil de Marta para inmortalizar el momento. Saboreamos Lerma, sus miradores recitados por Zorrilla y sus pasadizos presididos por el Duque de Lerma que intentó convencernos de que era una pobre víctima, sin conseguirlo y rematamos la jornada en el Territorio Arlanza, que abrió los ojos de Juan a las infinitas posibilidades de realizar un Territorio Jorakaño y convencer a Vicente de que “El Pascualín” se les había quedado pequeño. Covarrubias nos esperaba el domingo, con sus calles y plazas y su magnífica Colegiata que nos enseñó un joven con cara de ángel, voz de haber rezado mil rosarios y zapatos de cura. Rematamos el encuentro con una magnífica comida en “Galin” donde no faltó la olla podrida y las morcillas. Ni los 3000 pasos que separaban a Marta de María Jesús, ni el talante “cañero” de Andrés que no pasó ni una en el “Tabú”, ni la afonía de Rubén, consiguieron perturbar lo más mínimo un encuentro donde reinó el cariño, el buen rollito y donde, una vez más, pudimos comprobar que esos lazos que nos unen desde la infancia siguen siendo tan fuertes como los vientos del norte que cantamos a voz en grito junto con Nando Agüeros, coronando el encuentro.


LÁGRIMAS VERDES





Las primeras gotas del rocío le salpican en los ojos y se despierta armando tal escandalera que los luganos huyen en desbandada. Ha dormido tantas lunas que su gorro se ha cubierto de musgo y sus polainas de hiedra. Se atusa mirando su reflejo en la charca de las ranas y se sacude la chaqueta para quitarle el olor a hierba recién cortada. Con un trébol de cuatro hojas en la solapa, avanza decidido hacia el claro del bosque desde el que se divisa la aldea y tras rascarse con fruición sus orejas puntiagudas suspira porque, por fin hoy, ella se unirá a él para siempre. Mientras la espera, se mimetiza en un arbusto y después en un sauce bajo el que, unas mujeres hacen la colada. Las escucha hablar de la hija del furtivo, cuentan que ha acabado en un manicomio porque le dijo a todo el mundo que en el bosque habitaba un duende que la amaba. El agua se vuelve verde y las lavanderas huyen despavoridas. El sauce que les daba sombra ahora llora, a través de sus hojas, lágrimas verdes.




XANA



Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba aventuras increíbles sobre mi madre y mi abuela; yo escuchaba con los ojos muy abiertos cómo volaban entre los árboles y se escondían tras las ramas para que nadie las descubriera. A papá no le gustaba que el abuelo me contara esas historias, ni que pronunciara mi nombre con una “x” delante, pero no podía evitar que me escapara al bosque ni que mi pelo oliera a lluvia, ni que aquella noche de luna llena crecieran bajo mis omóplatos unas minúsculas alas. Papá dijo que era mejor que nadie se enterara, pero ya era tarde, desde el borde del camino los ojos negros de una lechuza fueron testigos.


Con este relato me hice con el segundo premio del concurso "A Curuxa"

Los requisitos eran que empezara con la frase "Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba... y terminara con "desde el borde del camino los ojos negros de una lechuza fueron testigos"y no más de 100 palabras, sin contar con las frases de inicio y final". Le tengo un cariño especial a este micro porque Xana es el avatar con el que participo y me conocen en unos cuantos concursitos de estos que nos gustan a los microrrelatistas y esta hadita me ha proporcionado muy buenos momentos.  



¡CUÉNTAMELO OTRA VEZ!






De pequeña quería ser peluquera y después, monitoria de aerobic. Jamás dijo que seguiría mis pasos como abogada, aunque había que estar muy ciego para no ver que la vocación la llevaba en la sangre. Cuando era niña le leía el flautista de Hamelín y disfrutaba con sus ojillos repletos de fascinación por un hombre que con una simple flauta defendía los derechos de la ciudadanía, librando a un pueblo de las ratas. Otras veces me agotaba cuando se convertía en acusación particular contra los cuarenta ladrones por pervertir al bueno de Ali Babá, aunque siempre terminaba diciendo “cuéntamelo otra vez”. Hoy el destino une nuestras togas y mientras yo celebro mi veinticinco aniversario de profesión, ella jura la Constitución como nueva letrada. Este oficio le viene como anillo al dedo y estoy segura de que dentro de poco compartirá sus éxitos conmigo y entonces diré “cuéntamelo otra vez”.


Relato seleccionado este mes de octubre en el X concurso de microrrelatos sobre abogados que organiza el Consejo General de la Abogacía. Los requisitos son que trate sobre abogados, que no supere las 150 palabras y que incluya estas cinco: Constitución, cuarenta, aniversario, derechos, ciudadanía. 

LA MIRADA DEL TIBURÓN BLANCO


El miedo me recorrió las entrañas la primera vez que me topé con su mirada.  Los ojos del tiburón blanco son negros como el carbón, con esa negrura que solo da la ausencia de materia, la vacuidad; y me siguen haya donde yo vaya, es capaz de revirarlos hacia atrás y no perderme de vista ni estando de espalda, soy su presa favorita. Se mueve con tal sigilo que nunca percibo su presencia hasta que está junto a mí y es entonces cuando un escalofrío acompaña las palabras que me susurra al oído: «La espero en mi despacho, señorita Peláez»

EL VESTIDO DE FLORES




Al anochecer, la encargada llega al mostrador y con un simple gesto indica a las dependientas que deben recoger y marcharse antes del toque de queda. Cierra la puerta tras ellas, y recorre con parsimonia el almacén de la improvisada tienda, ojeando los nuevos sombreros recibidos, que empiezan a no caber ya en las estanterías, las blusas, las faldas y por último los vestidos. Se detiene ante uno con estampado de flores y cuello de encaje, No hay duda, es el de su vecina de arriba, lo llevaba puesto la última vez que la vio. Lo superpone a su silueta ante el espejo y piensa que con descoser la estrella amarilla de la manga y subirle un poco el bajo, le quedará perfecto. Aporrean la puerta, un nuevo cargamento de ropa procedente de Auschwitz acaba de llegar.

(Con este relato me hice con el 2º premio del V Concurso de Microrrelatos de la Asociación Cultural Olombrada)


CUANDO APARECE LA ILUSION




Margot era una mujer de esas que nunca se olvidan. Un tornado recién llegado de Chiapas que fue a parar a un pueblo de Albacete. Recuerdo el revuelo que se armó la mañana que llegó y se presentó ante unos como santera y ante otros como hechicera. Se asomó al balcón de la que iba a ser su casa y ante la mirada recelosa de todos los allí congregados para cotillear, exclamó “Padrísimo”. Al día siguiente sacudió una manta con dibujos florales por el balcón y la plaza quedó repleta de margaritas y claveles. Unos días después, sacó al balcón una toalla con un mar y palmeras, y las eras se convirtieron en playas de arena blanca y aguas cristalinas. Después vinieron los manteles con cestos de fruta y ricos manjares. Las viejas del lugar no pararon hasta que el cura habló con ella y la invitó a irse por donde había venido. Y se fue, pero antes sacudió por el balcón una sábana grande con un dragón que anduvo aterrorizando al pueblo hasta que el SEPRONA logró reducirlo. Ya nada es igual desde que ella no está.


EL CUADRO DEL SALÓN




Desde que el abuelo desapareció un día mientras ponía la mesa, mamá nos mandaba todas las tardes a casa de la abuela para entretenerla, y allí hacíamos los deberes bajo la atenta mirada de esos señores a caballo rodeados de perros de caza del cuadro del salón. A ninguno nos gustaba esa pintura que ocupaba toda la pared y procurábamos no mirarla mucho, excepto mi hermano pequeño que juraba haber visto al abuelo entre los monteros y siempre pegaba sus gafitas de empollón al lienzo para buscarlo de nuevo. Una tarde mientras los demás estábamos en la cocina, mi hermano pequeño desapareció sin dejar rastro. Apareció una semana después en medio del salón con las gafas rotas y lleno de arañazos. Nunca supimos lo que pasó. Ayer murió la abuela y mi hermano se esfumó de nuevo. Hoy durante el entierro ha aparecido y ha dejado una carta sobre el féretro que empieza diciendo “A mi querida esposa”. 

EL NÚMERO 11





Dicen los expertos que el 11 es el número maestro de los destinados a alcanzar la iluminación. Tal vez por ello fuimos 11 los que nos adentramos en la aventura de descubrir esa belleza que la naturaleza solo enseña a aquellos que se atreven con sus cumbres.
11 expedicionarios. Unos, avezados montañeros, otros, no tanto, incluso estábamos aquellos que sufríamos en silencio el miedo a no resistirlo.
A veces en fila india, a veces en grupos, recorrimos bosques, subimos cuestas que parecían imposibles de remontar y pisamos tanta piedra bajando que nuestros pies no paraban de gritar, eso cuando no resbalaban por los pedregales.
El silencio nos rodeó entre los robles, la niebla jugó con nosotros al escondite hasta Panderrueda y el brezo nos regaló la mejor de sus caras, en solitario y mezclada con otras especies y el más dulce de sus aromas. Dos inmensos buitres nos sobrevolaron majestuosos durante una parte del camino, tal vez porque no perdían la esperanza de que cayéramos alguno. También tuvimos oportunidad de avistar a un rebeco custodiando fielmente la entrada de una cueva y de encontrarnos un pequeño Belén que alguien había colocado allí, entre las rocas más altas, salpicadas de una verbena de colores por los líquenes.
Cuando las botas de uno llegan a estos parajes, la belleza ya no te cabe en los ojos y se expande al corazón y ahí se queda a vivir por algún tiempo, por eso cuando llegamos a Soto 25 kilometros después, nos sentamos en el puente de la fuente, unos frente a otros, como si no quisiéramos que se acabara.

Dicen que el número 11 está unido a los grandes proyectos y a los grandes encuentros. Seguro que por eso fuimos 11.     

INTELIGENCIA ARTIFICIAL




Debí imaginarlo cuando empezaron a hacerme esas preguntas «¿Así que eres capaz de leer una sentencia de 250 páginas en una hora?» «¿Cómo? ¡Solo te ha llevado un día solventar un sumario de 1000 folios!» Mira que me lo tenía dicho mi madre: «No te signifiques, que vas a tener problemas» y siempre terminaba dándome un meneo «tan listo, tan listo y no te enteras de nada» Creía que estaban encantados conmigo cuando me contrataron en el bufete, número 1 de la promoción, cinco idiomas, premio extraordinario de carrera, como iba a pensar que todos los miembros del despacho estaban confabulados contra mí y ciegos por el dinero, la mayor pandemia de este siglo, iban a cambiar las cuatro paredes del despacho por las praderas de Silicon Valley y ofrecer mi ADN para reproducir mi secuencia en todos esos robots. ¡Quiero volver a casa! ¡Mamá!


Relato presentado al Concurso de Microrrelatos de Abogados del mes de mayo, con poca suerte. Las cinco palabras obligatorias eran: solventar, pandemia, pradera,meneo,ADN 

APUNTES DEL OCASO



No es fácil desmenuzar una novela cuando el autor es un buen amigo porque siempre se lee con más cariño del habitual, pero en este caso puedo asegurar que aunque no le pongas emoción a la lectura, la historia engancha desde la primera página.

Apuntes del ocaso” nos cuenta las reflexiones de su protagonista, Juan Sánchez, en su último año de vida en una residencia de ancianos y lo hace a través de las cartas que envía a su sobrina Irene. Un hombre instruido, con especial sensibilidad para la música, nos ofrece su visión del mundo y nos habla de Dios, de la religión, de la literatura, de Delibes, de Ana, su compañera y de la soledad en la que vive desde que murió.

El autor reparte la historia en once capítulos que se corresponden con cada uno de los meses que narra, valiéndose de unos pocos personajes muy bien perfilados, todos ellos al servicio del protagonista: Paco, su conductor y confidente; el Doctor Sarriá, el médico de la residencia con quien mantiene largas e interesantes tertulias; el Padre Ángel, que no es un sacerdote al uso; y Patrocinio, que le proporciona la última chispa vital y pone la nota de erotismo e ilusión a la narración.

A medida que la historia avanza, el tono se va volviendo más intimista y te va atrapando cada vez más. He disfrutado mucho con su lectura hasta el punto de resistirme a que terminara. Cuando se escribe con el corazón, pasa eso, que las páginas quedan impregnadas de sentimientos y llegan fácilmente al lector.

La foto del autor que figura en la solapa no le hace justicia, es el único reproche que le puedo hacer, aunque se contrarresta con la foto de portada, en la que ha tenido el buen gusto de elegir una de mis bosques preferidos en Picos de Europa.

En su debut como novelista, José Andrés Antón se ha dejado a sí mismo el listón muy alto, aunque conociéndole, seguro que lo supera.

http://www.casadellibro.com/libro-apuntes-del-ocaso/9788416705825/4768548
https://www.elcorteingles.es/libros/A20911055-apuntes-del-ocaso-tapa-blanda-9788416705825/

RELATO GANADOR WONDERLAND 26.11.2016


Este fue el relato ganador de Wonderland de ayer. Un magnifico e inesperado regalo de cumpleaños y como siempre bien acompañada en el podio de estupendos amigos como Sergi Cambrils, Paloma Hidalgo, Nicolás Jarque, Luis San José, Belén Saez y Miguel Angel Cejudo. 






D” de dádiva


Ayer vinieron otra vez los del juzgado y no abrió. Hoy ya no tiene luz. No hace tanto que era un ejecutivo de corbata y maletín y coincidíamos en el descansillo cuando llevaba a los niños al cole. Mi mirilla solo me deja ver que desgracia se escribe con “d” de divorcio, despido, depresión y desahucio. Hace unos días le vi de lejos rebuscando en el contenedor del callejón. A mí no me cuesta nada echarle una mano. Hoy, de paso que voy a trabajar, le dejaré una tarrina con ternera asada allí, para que se lo encuentre. Mañana, lasaña.   

FINALISTA EN EL CONCURSO DE MICRORRELATOS DE ABOGADOS


EL  ADIVINO


Quedé con él en una cafetería para indicarle como testificar de forma eficaz y resultó ser una caja de sorpresas. Cuando llegué, extendí mi mano para saludarle y me dijo: «No se moleste, el fallo no será favorable, perderá el juicio, señora letrada, el juez decretará la inadmisión de la prueba». Yo aún seguía de pie con la mano extendida y la sonrisa congelada, tardé en reaccionar, sentarme y preguntarle: «¿Como lo sabe?». «Lo sé» fue su única respuesta y durante los quince minutos que permanecí allí, no conseguí sacarle más. Me despedí de él y cuando me alejaba le escuché decir: «¡Tenga cuidado con el escalón, le recomiendo que se trate el esguince con ultrasonido!». Le miré con incredulidad y pregunté: «¿qué esguince?» instantes antes de caerme en el escalón y lesionarme el tobillo. Y eso que estaba advertida...

Las palabras obligatorias este mes eran:   testificar, fallo, caja, inadmisión, ultrasonido