APATRIDA

Habíamos quedado a las seis y media. Llegó mucho antes y tuvo que esperar a que yo terminara de conciliar mi vida familiar con la profesional. Cuando por fin, entré en mi despacho , Ramón conversaba placidamente con él haciendo tiempo para que yo llegara. Me llamó la atención la tristeza de sus ojos transparentemente verdes y el tono grave e intimista que mantenían ambos.

Sondeé con la mirada tanto a él como a mi compañero y rápidamente descubrí el porqué. Él, un caribeño, que vino a nuestro país hace diez años con una beca, recién estrenado su doctorado, y actualmente nacionalizado español, relataba cómo este verano había vuelto a su país para reencontrarse con sus padres y sus hermanos y éstos le habían cerrado la puerta en las narices, por haberse pasado al enemigo.

Nos contaba con una sonrisa de desconsuelo que le habían adoptado con tres años, porque su madre había muerto y su padre le abandonó y que ahora le habían vuelto a abandonar. Que en España era un maldito panchito y en su país un maldito traidor. –Bueno, no pasa nada eres un ciudadano del mundo – tercié yo - Soy un hombre de ninguna parte – contestó él. Sin patria, sin raíces, sin familia, sin bandera ................

Dedicamos tres cuartas partes de la reunión a compartir la angustia de un ser humano desubicado y yo me permití hablarle con el corazón y sugerirle que cerrara capitulo y procurara curar la herida, porque sino no pararía de sangrarle durante toda la vida. Solo al final tratamos el asunto jurídico para el que nos habíamos citado.

Hoy me ha llamado por teléfono para darme un dato sobre el litigio, que, por otra parte, no me hacía falta, aunque yo se que realmente su llamada obedecía a la necesidad de decir: “gracias, me has ayudado, tendré en cuenta lo que me has dicho”, aun sin haberlo hecho palabras.

Si hay alguna razón, después de veinticinco años, para seguir vistiendo la toga, día a día, esta es, sin duda, la satisfacción que te proporciona el servir de ayuda a quien te pide auxilio.

EL SUSURRO DEL DUENDE (53ª entrega)

Alia

Laura empleó la mañana en leer sentencias del 11 de Marzo de 2004, acotó la búsqueda a las que incluían alguna alusión al Parque del Oeste de Madrid y finalmente se quedó con diez que releyó una y otra vez para discernir cual de ellas identificaba el sitio exacto de la tercera y última pista.

Bajo las escaleras en busca de Roberto que acababa de volver del mercado cargado de bolsas.

- Mira, creo que ya lo tengo. Me he quedado con estas dos sentencias que aluden al Parque del Oeste: Una es de un despido de un jardinero que cuidaba las rosas por trastorno mental, el Ayuntamiento le acusaba de hablar solo como si estuviera compartiendo conversación con alguien invisible y él se defendió con uñas y dientes diciendo que los seres con los que hablaba eran tan reales como las rosas que cuidaba.

La otra es de una anciana que iba todos los días al Parque con pan para dar de comer a las palomas y un día es agredida por dos skin-head que no la mataron porque alguien apareció cuando la estaban pegando. Salieron huyendo aunque fueron capturados por la Policía y alegaron que una especie de diablo les había echado un maleficio. Evidentemente nadie se creyó su versión. –

- Las dos sentencias se refieren a la Rosaleda Ramón Ortiz, además el mensaje del duende dice que reserve una rosa blanca que me hará falta –

- Pues vamos para allá- dijo Roberto

El movil de Laura empezó a sonar, pero ella no estaba dispuesta a contestar.

- ¿Por qué no lo coges? –

Laura contestó – No quiero hablar con él –

- No puedes estar huyendo toda la vida – le contestó Roberto.

Laura le miró y contestó la llamada: - Hola Luis –

(Continuará) ...............

LA DIFICIL TAREA DE EDUCAR

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Decía mi admirado Antonio Blay Fontcuberta, que la mejor manera de educar a un hijo es educándonos a nosotros mismos. Y es que a veces, a fuerza de intentar tener siempre bien amueblada la cabeza, se nos va la pinza.

Nos aferramos a nuestros rígidos criterios y todo lo que no siga sus dictados, lo atacamos, pateamos y destruimos ¿por qué? ¿Tal vez porque tenemos miedo a abrirnos a lo desconocido? ¿Tal vez porque tenemos miedo a perder el control?. Cuando creemos que estamos en posesión de la verdad absoluta, acabamos perdiendo la cabeza, poniéndonos el mundo por montera con tal de imponer nuestras reglas, gobernando casas ajenas, convencidos de que sólo nosotros sabemos hacerlo y poniendo en evidencia y vergüenza a nuestros propios hijos, cuya aspiración es no alcanzar protagonismo por las ventoleras intempestivas de sus padres.

Educar no es demostrar a un hijo que puedo luchar contra el mundo, educar es enseñarle a buscar su lugar en el mundo. Educar no es decirle quien tiene que ser, sino ayudarle a conocer quien es. Educar es abrazarle y confesarle que tu también lloras, dudas y te equivocas, pero que siempre estarás a su lado cuando te necesite.

Nada más lejos de mi intención que erigirme en modelo de nada ni de nadie, me queda mucho por aprender como madre y cada día aprendo algo nuevo de mis hijos, pero si algo no me perdonaría, es convertirles en victimas de mis propias frustraciones.


EL MICRORRELATO DE LA SEMANA


Este es el microrrelato que he presentado esta semana al Concurso de la Cadena Ser, os recuerdo: empieza por la última frase del ganador de la semana anterior y puede tener máximo 100 palabras, sin contar la frase obligada. Esta semana empezaba por: Y dio otro bocado. No he sido agraciada esta vez.

VACUO

Y dio otro bocado mientras ella le observaba en silencio. Masticaba despacio para poder digerir su anodina existencia, con la boca cerrada para que no se le escapara ningún grito de auxilio, moviendo exageradamente su mandíbula para recordarse a sí mismo que aún seguía vivo. – Mañana me voy – dijo ella y el ni siquiera levantó la vista del plato. Los latidos del reloj de pared retumbaban en sus sienes, - quédate, inventemos una nueva vida juntos, aún estamos a tiempo – pero los deseos no se hicieron palabras. La miró, dio el último bocado y se tragó su última esperanza.

EL SUSURRO DEL DUENDE (52ª entrega)

Sonomaleducata

“ Como sentina la conocí, en campo de batalla se transformó y ahora bien podría ser mi lar.. sigue allí el rastro de la justicia y busca en el día en que esta ciudad descendió a los infiernos de la mano de los más violentos agarenos, y reserva una rosa blanca, te hará falta.-“

Roberto releyó el segundo enigma despacio, desmenuzándolo para poder desvelarlo y se lo tradujo a Laura: - He estado analizándolo y he comprobado que una sentina es un lugar lleno de inmundicias y basuras, podría ser un vertedero......que luego se transformó en campo de batalla y que el duende dice que bien podría ser su lar, su casa, ¿dónde viven los duendes? –

- ¿En los cuentos? – respondió Laura sarcásticamente.

-Vamos, Laura ¿dónde? –

-¿ En la mente de los lunáticos? – volvió a cuestionar ella burlonamente.

- Esta bien, veo que no quieres colaborar, te lo diré yo, en los bosques, los duendes viven en los bosques, pero como en Madrid no hay bosques, lo más parecido son los grandes espacios verdes.......¡ los parques! –

- He buscado dentro de los grandes parques de Madrid y he descubierto que los terrenos que hoy ocupan el Parque del Oeste, antes del siglo XX eran el principal vertedero de basuras de la ciudad.........el duende dice “como sentina la conocí” . He comprobado que también se convirtió en campo de batalla durante la guerra civil . Hoy en día aún se conservan un par de "búnkers" de hormigón de la época. La mayor parte de las especies vegetales plantadas en el origen del Parque desaparecieron como consecuencia de los combates y tuvieron que ser replantadas después de terminada la guerra - .

-Prosigo- dijo Roberto en vista de que Laura se mantenía callada, sin hacer comentarios - el mensaje del duende dice “ busca en el día en que esta ciudad descendió a los infiernos de la mano de los más violentos agarenos” es obvia la fecha a la que se está refiriendo ¿no crees? –

- ¿El 11-M? – preguntó Laura

-¡Exacto! El 11 de Marzo de 2004 -

-Ahora te toca a ti buscar sentencias de esa fecha que salga el Parque del Oeste y nos dirija al lugar exacto donde encontremos la tercera y última pista . Es tu turno, Laura –

(Continuará).....................

EL SUSURRO DEL DUENDE (51ª entrega)

Alejandro Sanchez Nuñez

Había tanto ruido en su cabeza que incluso podía oírlo. En ella se agolpaban, luchando por un espacio preferente, todas las situaciones que había vivido en las últimas horas. La entrevista con Arturo Hidalgo......la noche vivida con Roberto....el diabólico juego del duende....

Sentada en el asiento del coche, Laura cerró los ojos, buscando un poco de calma que le permitiera decidir qué hacer. Pero apenas había pasado un minuto cuando un golpecito en el cristal le sacó de su intento. -¿Vas a salir? – le preguntaba una mujer de mediana edad que pretendía aparcar su vehículo en el hueco que su coche ocupaba. Después del sobresalto inicial, Laura contestó afirmativamente con la cabeza, y decidió volver a casa. Necesitaba ver a Roberto.

Abrió la puerta pensando que nada más entrar, Chelo iba a asaltarle con sus quejas sobre Roberto, sobre el estado en que se había encontrado la cocina, sobre sus intenciones o sobre vete tu a saber qué, pero no ocurrió nada de eso.

La asistenta estaba en el salón limpiando y ni siquiera se asomó al hall, fue Laura la que se acercó a ella y le preguntó por Roberto.

- Está arriba en el despacho con el ordenador – contestó Chelo – hay que ver que remango tiene, me ha preparao el café y too, y me he encontrao la cocina toda limpia –

Laura no salía de su asombro con el cambio de actitud de la extremeña, - me alegro – atinó a decir mientras subía las escaleras.

Roberto estaba ante el ordenador mirando la pantalla con suma atención.

Laura le contemplaba de brazos cruzados apoyada en el quicio de la puerta, las sensaciones vividas la noche anterior parecían flotar aún en el ambiente, sentía unos deseos irrefrenables de abrazarle y sentirse nuevamente entre sus brazos, pero no lo hizo, su lado racional dominaba habitualmente su conducta y le impedía dejarse llevar por sus sentimientos.

- ¿Qué le has hecho a Chelo que ahora bebe los vientos por ti? –

- Conquistarla, como a ti – dijo Roberto guiñándole un ojo y dándole un breve beso en los labios.

- ¿Cómo te ha ido? –

Laura le relató detalladamente su entrevista con Arturo y su decisión de seguir con el juego del duende hasta el final.

- No quiero que me pase como a él – concluyó Laura.

-Y no te va a pasar, creo que ya tengo la solución al segundo enigma – le respondió Roberto, acariciándole la cara con el dorso de su mano.

Se miraron largamente y en silencio, recreándose el uno en el otro, sobraban las palabras.

(Continuará) . ...........

OS INVITO A PALABREAR

Anónima

Desde primera hora de la mañana me rondaba una molestia en las sienes que según avanzaba el día se iba convirtiendo en un descomunal dolor de cabeza. En cuanto he aterrizado en casa he buscado el remedio a mis males, que no ha pasado por tomarme una aspirina, no, sino por descargar y liberar mi pobre azotea de todo lo que lleva dentro. Me he puesto a aporrear el teclado hasta que la pantalla ha quedado repleta de palabras y los efectos liberadores sobre mi dolor de cabeza no se han hecho esperar.

Ya se que puede parecer increíble, pero es así, algunos pensareis que puede ser un efecto placebo, pues puede ser, y ¿que más da? ¿el objetivo no es liberarse del dolor de cabeza? El cómo, pues, no importa.

Confio tanto en los efectos curativos de la palabra que invito a menudo a mis fieles lectores a que se atrevan a mandarme sus palabras, que yo estaría encantada de hacerles un espacio estelar en el blog, o por lo menos yo creía haber cursado reiteradamente la invitación, porque ayer, Angel, mi más feroz crítico y el más díscolo e indómito comentarista de este espacio, me hizo saber ante una cerveza caliente y una música ensordecedora que no se había sentido invitado, o por lo menos eso entendí yo, entre tanto ruido y tanto humo nublando los sentidos.

Para que no quede ninguna duda, os invito formalmente a todos los que os asomáis habitualmente a esta página a que “palabreeis” ¡atreveros! aun a riesgo de ser tomados por locos ¿qué más da? Me mandáis vuestros textos por correo electrónico y yo los coloco en el blog. Eso si, Ángel, vaya por delante que no te voy a aceptar que me escribas ningún capitulo de la novela, y no me apeles a la libertad de expresión y demás monsergas, que no cuela.

"Me gusta decir. Diré mejor: me gusta palabrear. Las palabras son para mí cuerpos tocables, sirenas visibles, sensualidades incorporadas. Tal vez porque la sensualidad real no tiene para mí interés de ninguna especie -ni siquiera material o de ensueño, se me ha transmutado el deseo hacia aquello que crea en mí ritmos verbales, o los escucha de otros. Me estremezco si dicen bien".
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego de Bernardo Soares

EL SUSURRO DEL DUENDE (50ª entrega)

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- Buenos días, Chelo, ¿Ha desayunado ya? Están aún calientes – dijo El Comisario Vielva señalando el paquete de pastelería que llevaba en la mano.

- Pase usted – contestó Chelo haciéndose a un lado con cara de circunstancias.

Cada vez que alguien le regalaba algo, aunque fuera un simple pastel, era con intención de sacarle algo y terminaba pagándolo con creces. Por lo menos, así lo sentía ella.

- ¡Hombre! ¡El Comisario Vielva! ¡Que sorpresa!- dijo Roberto sin levantarse de su silla,- y ¡trae bollos para desayunar¡ ¡que detalle! –

Javier Vielva no podía ocultar su contrariedad, no esperaba encontrarse allí a Roberto, su intención era mantener una distendida conversación con la sirvienta mientras ésta engullía los croissants recien horneados que él traía, y entre bocado y bocado sacarle a la extremeña algún secreto familiar que le ayudara a avanzar en su investigación que, por otra parte, había entrado en una vía muerta.

Chelo le sirvió un café al Comisario, tomó asiento y cogió el croissant que le pareció mas grande.

- Así que por fin te has instalado aquí – le dijo Javier Vielva a Roberto.

- ¿y qué si fuera así?- contestó Roberto con una sonrisa irónica.

El Comisario no contestó y Roberto aprovechó la ocasión para tomar él las riendas de la conversación.

- ¿Cómo va la investigación, Comisario? ¿Ya tenéis alguna pista de donde está Diana?-

La irritación de Javier Vielva crecía por momentos, mientras Chelo se chupaba los dedos tras terminar su primer croissant.

- No, todavía no, a lo mejor me das tu la primera, ¿Qué hacíais Laura y tu anteayer en la Casa de Campo? -

-¿Dando un paseo?- respondió Roberto

-¿Qué buscabais en el Puente de Culebra?-

Chelo había empezado a degustar el segundo croissant ajena al tiroteo dialéctico entablado entre sus dos compañeros de mesa, haciendo grandes y sonoros elogios al bollo que se estaba zampando.

-¿El amor perdido, tal vez? contestó Roberto socarronamente.

- No se lo que estáis ocultando, pero te aseguro que lo descubriré - dijo el Comisario apuntando con su dedo a Roberto.

Chelo miraba intermitentemente a los dos hombres y éstos creyeron que les escuchaba atentamente, cuando en realidad, no había escuchado una palabra, tan sólo les vigilaba para que no se dieran cuenta que había cogido el tercer croissant.

- Tal vez sería mejor que te centraras en encontrar a Diana en vez de perder el tiempo espiando a una pareja que se pierde por el campo buscando intimidad -

Javier se levantó de sopetón y dijo, dirigiéndose a Chelo que le miraba sorprendida y con la boca llena – Me voy, ya volveré en otro momento para entrevistarme con usted – y salió de la cocina sin despedirse de Roberto.

Chelo seguía masticando el último trozo del tercer croissant, que cobró un sabor especial al darse cuenta que era la primera vez en su vida que disfrutaba de un regalo sin tener que dar nada a cambio.

-Estaban buenos ¿eh? – comentó Roberto mirando divertido a Chelo.


(Continuará) .........................