Luego cruzó el pasillo, bajo al sótano y mató al
prisionero; estaba
harto de tanto lloriqueo y tanta amenaza con "te vas a enterar cuando me encuentren".
Se acabó. Ya no le importaba el rescate, ni que le pillara la policía, ni siquiera
le enternecía ver a los padres en televisión pidiendo su liberación. Nada le
iba a llevar a arrepentirse de lo que había hecho. Al fin y al cabo, hacía
mucho tiempo que no soportaba a su hermano.
Aquellos sabios con boina
Hace 1 semana









