MATERIAL RECICLABLE


Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, ella vigilaba el puñado de ojos asustados que la recibieron dentro. Murmuró un saludo y se acopló como pudo entre los codos y rodillas de los demás. Buscó, sin éxito, la silueta de la mano de su padre entre las que aplastaban por fuera las paredes del contenedor y aprovechó las despedidas de otros para terminar de acomodarse antes de iniciar el largo viaje. Algunos lloraban, otros rezaban en voz baja, los menos reían nerviosos, pero todos sabían que no volverían, ya no había futuro para ellos en este planeta. 

FONDO DE ARMARIO



Siempre tengo a mano un vestido negro para despedir a los que se van y otro de lunares para disfrutar con los que se quedan. Unos tacones de aguja para contonearme ante las adversidades y pisotearlas después. Una buena capa que cubra mis desamores y mis fracasos. El picardías rojo lo reservo para los instantes de magia y pasión, mientras el jersey de cuello alto me aporta el  calor que me niega la soledad del invierno. Poseo una gran colección de paraguas de distintas formas y colores, pero aún no he conseguido que me resguarden de las más oscuras tormentas. 

EPÍLOGO

Últimamente no me acompaña la suerte en el Concurso de Abogados. A mi me gusta y... ¿a vosotros? Las palabras del mes eran:  ocaso, accionista, jolgorio, titularidad, preferente







EPÍLOGO

Ya no queda nadie, solo mi toga y yo, ella sigue tan negra y brillante como el primer día, en cambio a mí se me han arrugado las manos y encogido la memoria. Parece que fue ayer cuando cedí la titularidad del despacho familiar a una gran firma y adquirí la condición de accionista de un renombrado bufete; cuando contaba con un asiento preferente en la ópera y estaba presente en todos los jolgorios de la alta sociedad. Mírame ahora, en un local que no conozco al que llaman "El Ocaso", sentado ante una mesa que no es la mía y  rodeado de abogados con toga blanca que me interrogan sobre mi edad y otras tonterías. Cierto es que no me acuerdo de mis años, pero ellos tampoco recuerdan ni un solo artículo del Código Civil. 

FINALISTA EN III CONCURSO PUNTO DE LIBRO



El dulce sueño de una noche

Veinte años juntos, compartiendo éxitos, bonanzas y  sábanas de seda  y ahora duermen sobre cartones al lado de un carro de hipermercado que se les hace grande para llevar todo lo que les queda.
  
Él lleva días preparando la sorpresa y cuando empieza a caer la noche, esconde el carro tras unos arbustos, la coge de la mano y la lleva hasta el palacete de la colina, que sabe deshabitado hasta el verano. Penetran por un hueco del enrejado, empujan una contraventana y se cuelan en el interior. Él ya tiene la mesa puesta en el Salón de los Espejos con mantel de hilo y aroma a alcanfor, candelabros y cubertería de plata, cristalería de Bohemia y vajilla de porcelana fina. Ella sonríe nerviosa entre tanto lujo, mientras, él saca de la bolsa los recuerdos de otros tiempos sazonados con dos latas de sardinas. Se contemplan a la luz de las velas saboreando el tiramisú que el restaurante de la plaza desechó porque  agriaba y se miran más allá de sus ojos y de sus miserias. Él le regala una flor de papel, se besan  y se aman en una inmensa cama con dosel. Antes de que el reloj del pasillo marque el final del hechizo, lo abandonan poco a poco rumbo a su callejón reteniendo el tacto de las alfombras mullidas en las plantas de sus pies.

Los periódicos del día siguiente recogen la noticia: " Una pareja de indigentes es abatida por disparos de los  Cuerpos de Seguridad del Estado cuando intentaba huir tras perpetrar un robo en el palacio de la colina. La policía sigue buscando el botín".

No queda rastro alguno, sólo una flor de papel pisoteada y teñida de sangre en la que nadie ha reparado.

Este relato ha resultado finalista en el III Concurso Punto de Libro y publicado en la revista nº 31. http://puntodelibro.es/index.php/la-revista/179-n-31-septiembre-2013  con el honor de compartir podium con Joaquín Valls y Rafa Heredero y  pasar a la final.


PUNTO FINAL

Sabía que al doblar la esquina estaría de nuevo en el punto de partida con la misma maleta, repleta entonces de aventuras y ahora de arrepentimientos. El miedo le salió al encuentro al igual  que hace cinco años cuando supo que iba a ser padre, entonces le hizo huir y esta vez le ha hecho volver.
Ella está asomada a la ventana tendiendo la ropa, más bella que nunca, con ese mechón rebelde que juega a taparle los ojos. Sus miradas se encuentran e intercambian reproches y remordimientos. Por un instante esboza una leve sonrisa en la ventana y él se abraza a un destello de esperanza en la calle.

─¿Eres cliente de mi mamá?─ le pregunta un niño que juega a las canicas frente al portal.

─Pablito, sube, te he dicho mil veces que no hables con desconocidos─ grita ella desde arriba  antes de cerrar todas las contraventanas.

Un olor a puchero flota en el aire junto con los besos que no le dio y el hijo que no educó. Se aleja, al fin,  con  el precio de su cama clavado en las entrañas.  

(Esta es mi contribución de Septiembre al concurso de ENTC sobre el tema "Volver")

MERCEDES GARCÍA LLANO

La conocí el año pasado cuando se alzó con el primer premio de la I edición de Concurso de Relatos Breves Leonardo Barriada con un relato muy evocador "Tras las brumas de los sueños". Es una escritora que no sabe que lo es, un diamante en bruto que ya emite destellos, no la perdáis de vista.

Vladimir Kush

GUSTOS Y DISGUSTOS

Me gusta que el mar me robe los ojos; me gusta que su orilla se adueñe de mis pies , me gusta que me permita acariciar su piel camaleónica. Me gusta que me regale al oído el ronroneo de sus olas y que me salpique con agua del agua del horizonte. Me gusta ver cómo las mareas desafían  las alturas de los acantilados y sin embargo odio asomarme al vértigo.
No me gustan las flores pero  me enternece cuando alguna se digna a sobrevivir entre el asfalto. Me gusta callejear sin rumbo por la ciudad y recoger supervivientes margaritas que decoran mis jarrones.
Me gusta cuando mi amigo Martín hace alarde de la palabra “amigo” y me regala ramilletes de libros. Me gusta cuando él me advierte de no dejarme llevar por el romanticismo temiendo que los deshoje y pierdan su esencia.
Me gustan las pelis de “llorar y llorar” y mentir cuando digo que me sorprende su final feliz.  Me enloquecen las de amor y desamor, especialmente si sus protagonistas se camuflan en cuerpos de Richard Gere o Antonio Banderas, y no necesariamente en ese orden.
No me gusta la lógica aplastante de mi amiga Isabel cuando me recuerda que tengo muy poco en común con ellos: Ni me gustan las alfombras ni el color rojo me apasiona especialmente. Y sin embargo yo insisto, practicando desfiles en tacones imposibles que me hacen perder la razón. No me gustan esos test de compatibilidad de los que ella tanto se fía. Creo que desahucian de amor relaciones incipientes y son innecesarios para las duraderas.
Me gustan las sonrisas de la gente que un día se convierten  en imprescindibles: la tímida del chico desconocido con el que me cruzo en la calle cada mañana. La disimulada de mi hija, a la que su rebeldía de adolescente no le permite mostrarse  como niña. La calentita, con olor a hogaza recién hecha, del panadero de mi barrio. La de sonido a bostezo de mis compañeras de trabajo. La fantasmal de mi marido a las 7 de la mañana frente a la cafetera. La libertadora de mi jefe los viernes a las 3. La inesperada de mi madre cuando el olvido le presta algún recuerdo.
Me gusta el chocolate y en consecuencia, no me identifico  con las verduras. Me gusta de disfrutar de una buena comida (cualquiera)  y digerirla en  una buena sobremesa, aunque carezco de conversación con las básculas.
No me gustan los médicos. Me producen hipocondría y sin embargo mi pareja empieza a sospechar que le engaño con “Hause”.
Me gusta recordar mis 17 con las canciones de “Los Secretos”. Sí es cierto. Me gusta la melancolía. Me gusta creer en el azar y no obstante creo que no es casualidad que me apasione Paul Auster. No me gusta hablar tanto de mí misma y sin embargo, le he robado parte del mes de octubre a Sabina para confesar que, “el gusto ha sido mío.”


Mercedes García Llano


ACTO DE ENTREGA DE PREMIOS DEL II CONCURSO DE RELATOS BREVES "LEONARDO BARRIADA"

Los diplomas


La nieta de Leonardo Barriada entregando el 2º premio a Mar González Mena

Conchita Piñera Barriada entregando el 1er premio a Cristian Martín Ríos

Félix Bonilla, Mar González Mena, Cristian Martín Ríos, Esperanza Temprano, Conchita Piñera

Me hubiera gustado charlar un buen rato con Mar y conocer un poco mejor a Cristian pero la tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos. Me quedo con el dulce sabor de la caricia en el aire de Carmencita y el escalofrio de las huellas en la nieve de Filandon y os dejo con estos versos que cerraron el acto de entrega de premios que tuvo lugar en nuestra grandiosa y mimada Escuela.

No dejes que se sequen los tinteros
ni que el olvido se escriba en las pizarras
no permitas que los pupitres se tiñan de soledad.
Vamos a respirar un sueño 
que perdure al despertar




MOVIOLA



No sé qué me está pasando, pero mis manos se vuelven  cada día  más pequeñas. Mis largos y estilizados dedos han dado paso a unas gordezuelas manitas de bebé, torpes y ávidas de aprender nuevas texturas. Lo mismo me pasa con los dientes, se me han ido cayendo los definitivos para dejar paso a los de leche e incluso éstos últimos han desaparecido de mi boca. He dejado de correr y estoy aprendiendo a andar, mañana tal vez solo gatee.
Sospecho que son estas pastillas que nos dan en el orfanato, al fin y al cabo nadie nos espera. Estoy deseando llegar al principio para poder nacer en otro sitio donde mi historia se escriba con lápices de colores.