LA SOMBRA DE LA DUDA

Gabriel Sanz

Hace un par de semanas recibo una llamada de una entidad financiera que me comunica que me han bloqueado mis tarjetas de crédito porque figuro en una lista de morosos por una deuda de 123 € con una empresa de telefonía.

A partir de ese momento, me hacen utilizar un tiempo que no tengo en demostrar que mienten: confirmación de mi proveedor de telefonía de que estoy al día, visitas al Banco, carta pidiendo detalles de cómo, cuándo y cuanto.

Ayer recibo una carta donde un Servicio de defensa del consumidor me comunica que habiendo hecho las comprobaciones oportunas, proceden a quitar mi nombre de la lista y nada más que aquí no ha pasado nada.

Leo varias veces la carta por si me ha pasado desapercibido el renglón donde piden perdón, pero por más que lo busco no lo encuentro.

No doy crédito a lo ocurrido, ni una disculpa, ni un mea culpa, ni una pregunta sobre los perjuicios ocasionados ¿Qué está pasando? ¿Dónde está el Estado de Derecho? ¿y la presunción de inocencia? ¿Qué pasa con mi imagen?

Si hay una cosa que tengo clara después de tantos años de oficio a mis espaldas es que la sombra de la duda nunca se borra. Uno de nuestros más famosos políticos acostumbraba a decir: “Difama que algo queda” o nuestro refranero popular acuña “cuando el rio suena, agua lleva”.

Nadie repara el perjuicio de esa sombra que injusta y arbitrariamente se pega un día a tu persona, por eso debería estar perseguido e incluso penado incurrir en acciones que dan por hecho que eres culpable.

Por lo pronto he cancelado las tarjetas de crédito con la entidad que las bloqueó, si ellos no se fían de mí, tampoco yo de ellos. Ya no las quiero.

Y lo mejor de todo ¿sabéis que es? Que yo nunca he sido cliente de la empresa de telefonía con la que figuraba la deuda.

¡Qué país!

2 comentarios:

Elèna Casero dijo...

Pues, fíjate tú, que estás en el oficio lo que podemos pensar los ajenos a todo ello. El sentimiento de impotencia te subleva.
Como tú dices: qué país

Besos, compañera

ESPERANZA dijo...

Los niveles de impotencia van in crescendo pero nuestra capacidad de denuncia tiene que superarlos porque sino la bestia nos acabará engullendo.

Besos y buen día compañera