CÓDIGO DE BARRAS

Paskalarla

Ordenó los billetes por importes, terminó la recaudación y cerró la caja. Era el mejor momento del día, por un instante soñaba que eran suyos y olvidaba la rutina de cajera de supermercado y los malditos códigos de barras que pasaba por el lector, una y otra vez.

Tampoco en casa se podía librar de ellos, allí no necesitaba lector, los sabía de memoria: la boca babeante de su marido apestando a vino identificaba una noche de torpes intentos con una libido borracha que terminaría buscando el placer a golpes. La mirada ausente de su hijo identificaba a la perfección el producto: ya no cabía más polvo blanco en su cerebro. La tosecilla nerviosa del abuelo alertaba de una nueva quemadura en el sofá mientras dormitaba con el cigarro encendido entre los dedos.

Esa noche había demasiadas estrellas en el cielo como para irse a casa, volvió a abrir la caja, volvió a soñar que los billetes eran suyos, los metió en el bolso y partió en dirección opuesta a su vida.

9 comentarios:

Rosa dijo...

Jo, Esperanza preciosa manera de contar tristezas y pasarlas por el lector de caja( mis ojos que las registran y las envian al cerebro para guardarlas).
No me extraña que corra en dirección opuesta a su vida, pues no lo es.

Besos (envidiosos de tus letras) desde el aire.

montse dijo...

Con o sin billetes es una buena decisión, alejarse.

Sucede dijo...

Ufff, esa dirección no es la mejor salida creo yo... pero bueno, algo hay que hacer sin duda...
Un abrazo!!!

Pedro Alonso dijo...

Una vida desesperante nos puede llevar a adoptar medidas desesperadas. No creo que sea la solución pero no seré yo quien la culpe. Desgarrador testimonio que representa la triste realidad de muchas mujeres. Un abrazo, Esperanza.

Ángel dijo...

Ficción.....Me ha gustado mucho.

Y digo ficción porque es raro, raro, raro, que una mujer huya en dirección contraria a la de su hijo...

Y la autora podrá indicar que está inspirado en hechos reales......

Un beso

Albajara dijo...

Excelente decisión, virar el rumbo a veces es necesario. Aunque quizás... luego tenga problemas...

Un saludo.

Rocío Romero dijo...

Comparto la opinión general... tomó la decisión correcta al alejarse en dirección opuesta. A veces, hay que hacer lo que hay que hacer ;-). Estupendo Esperanza. Y besos

ESPERANZA dijo...

ROSA efectivamente esa era la lectura del lector del código de barras. Has dado en la diana. Gracias por pasarte.

Besos

MONTSE ¡ ojala que muchas mujeres se atrevieran a alejarse de sus infiernos personales!

Gracias por comentar.

Besos


SUCEDE tienes razón, no es la mejor salida, pero es la de la desesperación.

Gracias por tu visita y tu comentario.

Abrazos

ESPERANZA dijo...

PEDRO ALONSO tienes razón ¡cuanta gente se ve atrapada por una existencia gris, incluso negra! Esa pretendía ser la esencia del relato, espero haberlo conseguido.

Gracias por pasarte y comentar.

Un abrazo.

ANGEL ¡Ya te echaba de menos! Temí que hubieras olvidado el camino de mi casa.

Cuando el hijo se ha convertido en piltrafa sin remedio, ya no es ficción que busque el camino opuesto.

Gracias por volver.

Un beso,

ALBAJARA virar el rumbo es necesario cuando ves que te vas a estrellar, aunque el viraje no sea todo lo bueno que se podría desear.

Gracias por venir.

Un abrazo,

ROCIO, lo difícil es romper con la rutina y cambiarla por la incertidumbre. Esa es la decisión valiente, lo demás es una simple anécdota.

Gracias por pasarte.

Un beso,