EL HOMBRE CANGREJO


Era la comidilla del  pueblo, no se hablaba de otra cosa en los corrillos de la plaza: lo había conseguido. Algunos presumían de conocerle y otros se pavoneaban de haber estrechado su mano. Era el primero de la especie  que no se arrastraba  por la tierra, el primero  que  dejaba de caminar hacia atrás.

Dicen que no paró hasta despegar su torso del suelo, después vinieron los intentos de saltar cada vez más alto, hasta que una noche  de otoño tomó  carrerilla, cogió impulso  y se lanzó  a  la busca de  su  estrella bajo el atento guiño de la luna.  Nunca más volvió. Casi todos pensaban que había sido tragado por un agujero negro y que lo tenía merecido por iluso y soñador, solo unos pocos sabían la verdad.

En las noches estrelladas aún se puede  ver su sonrisa de nácar  y sus paletas de cangrejo iluminadas como un árbol de navidad sobre el firmamento. 

2 comentarios:

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Un micro fantástico en todas las acepciones del término, Esperanza. Con la inmesa virtud -además- de poder ser disfrutado tanto por un lector adulto como por un niño. (esto te lo confirma el niño que aún vive en mí)

Un abrazo,

Gloria dijo...

He saltado con él, de verdad.
¿que sería de este mundo sin los lanzados y soñadores?.
Un micro de soñadora Navidad, no hay que cejar en el intento... tien tantas lecturas que mejor te digo ¡Lánzate y disfruta la luz nacarada de la Navidad y de la vida!
Besos de gofio.