AGENTES TÓXICOS



Me resisto a ver la tele, creo que perjudica seriamente mi salud, como muestra un botón: hace unos días oí como un ministro decía que la subida del IVA se hubiera evitado si los que estamos obligados a pagarlo lo hubiéramos hecho, no pude por menos que vomitar a sus pies. Estuve intentando localizar su teléfono para que él me pagara este trimestre  la mitad del IVA y así tuvieran sus palabras algo de razón.

Mis desordenes intestinales se agravaron cuando oí a una diputada alegrarse con despecho de la bajada de la prestación del desempleo a los parados y la consigna del gobierno de que así espabilan y buscan trabajo antes. ¿Dónde? ¿En la empresa que les ha echado para sustituirlos por jovencitos que no van a ser ni siquiera mileuristas?  O tal vez ¿en las empresas que han muerto porque los Bancos les han cerrado el grifo?  ¿En cual de ellas prefieren que busquen empleo?

En este país hay dos tipos de ciudadanos: los que se levantan cada día y salen a la calle a ganarse la vida y los que cuando se levantan ya tienen la vida ganada. El sistema se vuelve aberrante desde el momento en que son los segundos los que les dicen a los primeros como tienen que proceder.


Cada vez que compruebo que los sacrificios siempre los hacen los primeros,  me da una arcada;  que el cinturón que se aprieta es el de los parados y el de las pymes que aún sobreviven, un brutal ardor de estómago empieza a  quemarme el esófago;  y ya cuando percibo  que los palos de ciego son  palos de tuerto porque a algunos ni les rozan  y los recortes ni los huelen quienes más tienen que apoquinar, sufro una obstrucción intestinal.


El médico me ha prohibido ver la tele hasta que la situación cambie. He decidido cubrirla con un tapete de ganchillo y desterrarla al rincón de pensar para que reflexione y la próxima vez que la encienda no se haga eco de más despropósitos. Dicen que lo que no se nombra, no existe, aunque no se yo…

Después de publicar esta entrada recibo de un amigo un diálogo mantenido hace cuatro siglos y que podría haber sido escrito ayer. Lo transcribo:

Diálogo entre Colbert y Mazarino, durante el reinado de Luís XIV de Francia.


Colbert:
Para conseguir dinero, hay un momento en que, engañar [al contribuyente] ya no es posible.
Me gustaría, Señor Superintendente, que me explicara cómo es posible continuar gastando cuando ya se está endeudado hasta al cuello...

Mazarino:
Si se es un simple mortal, claro está, cuando se está cubierto de deudas, se va a parar a la prisión.
¡¡ Pero el Estado... Cuando se habla del Estado..., eso ya es distinto !!
No se puede mandar el Estado a prisión.
Por tanto, el Estado puede continuar endeudándose.
Todos los Estados lo hacen.

Colbert:
¿Ah sí?... ¿Usted piensa eso?-
Pues... con todo y eso..., precisamos de dinero.
¿ Y cómo hemos del obtenerlo si ya creamos todos los impuestos imaginables?

Mazarino:
Se crean otros.

Colbert:
Pero ya no podemos lanzar más impuestos sobre los pobres.

Mazarino:
Es cierto, eso ya no es posible.

Colbert:
Entonces..., ¿sobre los ricos?

Mazarino:
Sobre los ricos tampoco.
Ellos no gastarían más y un rico que no gasta, no deja vivir a centenares de pobres.... Un rico que gasta, sí...

Colbert:
Entonces cómo hemos de hacer?

Mazarino:
¡¡Colbert ¡¡ Tu piensas como un queso de gruyere o como el orinal de un enfermo.-
¡¡Hay una cantidad enorme de gente entre los ricos y los pobres !!.
Son todos aquellos que trabajan soñando en llegar algún día a enriquecerse y temiendo llegar a pobres.
Es a esos a los que debemos gravar con más impuestos...,cada vez más..., siempre más!

¡Esos, cuanto más les quitemos, más trabajarán para compensar lo que les quitamos¡
¡Son una reserva inagotable!.


NOTA ACLARATORIA (fuente, Wikipedia)

Jules Mazarin, (nacido como Giulio Mazarini o Mazzarini o Mazarino),
más conocido como el cardenal Mazarino (Pescina, Abruzos, 14 de julio de 1602 –Vincennes, 9 de marzo de 1661) fue un hábil diplomático y político, primero al servicio del papa y más tarde al servicio del reino de Francia. Fue el sucesor del cardenal Richelieu como primer ministro.

(Jean Baptiste Colbert fue secretario personal de Mazarino y su sucesor)



8 comentarios:

Sara Lew dijo...

Sí que duele el mundo, Esperanza. Y tú llevas en tu nombre lo único que nos queda...
Muy acertada tu disertación de hoy y la comparto plenamente.
Un fuerte abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

¡Cómo te entiendo, Esperanza!

Un abrazo,

Gloria dijo...

Es que el 90% de la población tenemos vomitera incontrolada, vas al médico y también la tiene¡es un virus! te dice y ¿cuál es el remedio?pregunto, me mira con resignación y dice "tragarnos todas las trolas que dicen", me niego ,respondo, me mira satisfecho y bajo su careta de médico de familia aparece otro indignado o encabronado. Cda vez somos más, algo podremos hacer ¿no?

CDG dijo...

Ese médico tuyo tiene más razón que un santo.
Y tú, también.
Lo firmo.
Un beso.

Nicolás Jarque dijo...

Esperanza, compartimos médico al parecer pues a mí con tales desmanes que la TV refleja de la realidad en la que vivimos, también me ha recomendado lo mismo. El otro día hasta me salía espuma por la boca al escuchar a esa hija de papá, que no conoce el concepto horarios ni trabajo, gritar aquello.

Un abrazo, Escritora.

Arte Pun dijo...

Qué triste el sistema que tenemos. Ya casi estamos en la primera división de impuestos y en la última regional preferente de servicios. Más impuestos para tener menos y peores servicios.

Gracias por el relato Esperanza, haces bien en no ver la tele, esos ruinosos monstruos devora recursos -escasos.

Abrazos

Pedro dijo...

Y donde esta el pueblo?
¿Donde esta la revolución?
Esta clarismo, ahogados entre tanta mierda.

Elysa dijo...

También mi tele está de cara a la pared y en un rincón, no quiero ni verla ni oírla, aunque eso no me aisla, no hay manera de aislarse. En fin... Y cierto ese diálogo es muy, muy actual.

Besitos