Para Beatriz, por su apuesta y por su victoria.
- Dime cielo …..¿quien te llevó al parque donde nos encontramos? – preguntó su madre acariciándole su melena rubia.
La niña le miró con ojos suplicantes – si te lo cuento ¿te vas a enfadar conmigo? - Laura negó serenamente con un movimiento de cabeza.
- El duende, mamá, el duende me llevó allí –
Volvía a aparecer la figura del duende que tantas dudas despertaba en Laura y cuya existencia tanto alimentó Roberto, ahora que parecía que toda la historia del duende había sido un cuento, Diana volvía a evocarlo. Laura decidió seguir interrogando a su hija
- Pero….. ¿el duende ha estado contigo siempre? –
Diana afirmó con la cabeza - él me sacó de la habitación que tenía y me acompañó al parque, estaba cerquita andando y me dijo que los dos ibamos a volver a casa. –
- ¿y donde está ahora? -
- Volviendo a Loya, se fue con Roberto – contestó Diana con una sonrisa.
Laura recordó que Roberto llevaba una caja en una mano y la maleta en la otra, cuando se marchó.
- Demonio de chica – contestó divertida Chelo – Si ya lo decía el señor Arturo, ¿quien va a creer a una criatura de seis años?-
El timbre de la puerta rompió el clima de absoluta atención que se había creado en torno a la historia de Diana. Chelo hizo ademán de levantarse a abrir, pero Laura se adelantó.
- Deja, ya voy yo – albergaba la remota ilusión de que tras la puerta se encontrara Roberto, dispuesto de nuevo a entrar de lleno en su vida.
En su lugar encontró una adolescente que no conocía, aunque su rostro le resultaba familiar, no le dio tiempo a hacer más cábalas sobre su identidad, la joven la saludó y se presentó:
- Soy Marta Hidalgo. –
La noche se estaba echando encima, pero el color azafrán del atardecer de Madrid se resistía a darle paso, el aire se le antojó repleto de olor a pino y a lavanda y el canto de los pitos reales y las bisbitas se confundía más que nunca con el susurro de un duende.
F I N