BURBUJAS

Oscar Albert Rius

Mis sueños son las burbujas que acarician el aire que respiro.

Mi presente, el regalo que abro cada día.

Mi pluma, la magia que respinga mi alma.

Mi espacio, el jardín secreto de mi recreo.

Mi equipaje, lo que he aprendido y lo que no.

Mi memoria, la caja de mis luces y mis sombras.

La palabra, compañera de lunas y fatigas …………

EL ESTIGMA DE LA TOGA

Liniers

Pertenezco a un gremio largamente vapuleado, maltratado y condenado por la literatura, la historia y la sabiduría popular, es raro que junto con un chiste de Lepe no te cuenten uno de abogados.

Que si no tenemos escrúpulos……que si sólo nos importa el dinero……que si no hay ninguno bueno…..y otras lindezas similares.

A aquellos que nos critican indiscriminadamente les invitaría a ponerse en nuestra piel, vestirse nuestra toga solo por un día y vivir experiencias únicas como la de repetir una y otra vez al cliente lo que debe de hacer y verle como hace justo lo contrario, culpándote de su suerte.

Comprobar cómo en décimas de segundos pasamos de residir en el cielo a quemarnos en el fuego del infierno, dependiendo del fallo de una sentencia.

Aguantar consultas que no terminan nunca porque el cliente vuelve una y otra vez a preguntar lo mismo, a ver si un día suena la flauta y finalmente le dices lo que lleva mucho tiempo queriendo oír.

Si ya sé que todos los oficios tienen su luz y su sombra, pero es que el nuestro cada día está más a oscuras, nos jubilamos a los 69 años, ¡quien pillara los 67!!!! (todo es relativo) …….nos meten todos los días demandas por negligencia profesional (es fácil, tan sólo necesitas una sentencia desfavorable para cargarte al abogado) y estamos tan perseguidos que un día, a nuestros hijos les va a dar vergüenza decir que su padre/madre es abogado y no exagero, que ya está pasando con los retoños de los controladores aéreos, y en su día pasó con los hijos de los Guardias Civiles en el País Vasco.

Con todo y con eso, cuando uno se encuentra en un aprieto corre a ponerse en manos de uno de esos seres infectos y despreciables que se hacen llamar abogados y que, habitualmente, te sacan de apuros y te hacen la vida más fácil.

En cualquier caso, el estigma de la toga sobrevuela nuestra cabeza cuan maldición de la gitana: “juicios tengas y los ganes”.

RECUERDOS

Ocyste

Mi infancia transcurrió entre las señales horarias de Radio Nacional al son de mi plato de lentejas y el consultorio de Elena Francis sobre mis deberes en el cuarto de estar, mientras mi madre planchaba. Mi padre no me dejaba salir a la calle a jugar, con los otros niños, “la calle es una cantera de gandules” decía. El tiempo le dio la razón, se convirtieron en unos benditos gandules, que a día de hoy día siguen viviendo mejor que yo.

Mi casa olía a pared mojada en invierno y a patio de vecinas en verano. Las paredes eran de papel y los techos y suelos de corcho, por eso, vivíamos todos juntos, los ronquidos, las toses y las disputas eran comunitarias. También las miserias eran compartidas……y las envidias …..y las penas……y los sueños. Éramos tan pobres que sólo teníamos tiempo.

Mi niñez creció en blanco y negro en una época gris esperando los veranos en Soto, las comuniones en Mayo y las muñecas en Reyes, sufriendo las Semanas Santas televisivas, la carta de ajuste y las inyecciones sin aguja, leyendo TBOs e historias de los cinco, esperando a ser mayor, esperando a ser princesa, esperando a ser feliz, tal vez por eso me llamo así.

Mi infancia desapareció entre padrenuestros y temores, entre colegio de monjas y lecturas y sobre todo entre esas cuatro paredes que cada noche siguen presidiendo mis sueños.

VUELVEN LAS NOMINACIONES ¡¡BIEN!!


Desde el mes de Septiembre, no me comía una rosca en los concursos literarios, pero parece que se ha roto el maleficio con el nuevo año y uno de mis relatos ha quedado finalista en el Concurso sobre Abogados del mes de Enero. Cinco eran las palabras a utilizar: pacto, gaseosa, banquillo, recibo y hotel. Va por ustedes!!!!!


EL CAZADOR CAZADO

Anochecía cuando entré en el hotel acompañada de mi maletín negro y de mis más hondos recelos. Encontré a mi colega en un sillón de la recepción, jugando con una chapa de gaseosa. -Lleguemos a un pacto. Te haré una oferta que no podrás rechazar– me había adelantado por teléfono. No me fiaba de él, sus proposiciones nunca eran de recibo, aún así acudí a la cita con la remota esperanza de poder levantar a mi cliente del banquillo. Seguía siendo el mismo embustero y tramposo de siempre, el mismo que años atrás me había dejado tirada llevándose los casos y dejándome los pufos. Ahora me ofrecía retirar los cargos de un inocente sin coartada a cambio de mis favores. Le miré con desprecio y salí de allí exultante, acariciando la grabadora en mi bolsillo -mira por donde, vas a ser tú quien se siente en el banquillo-.

¡ QUE PENA DE OFICIO !

Toniu

Los Reyes Magos me han echado un curso en la Escuela de Escritores del que estoy disfrutando muchísimo. Este es uno de sus ejercicios: describir una profesión. Espero que os guste.

¡ QUE PENA DE OFICIO ¡

Se miró en el espejo mientras terminaba de abrochar los últimos botones de su camisa negra. Era casi la hora. Se atusó el pelo recogido en un moño alto que dejaba desnudo el rostro doliente, recolocó su falda azabache que completaba su uniforme de luto riguroso y como toque final se subió en sus zapatos de duelo, compañeros de fatigas y de lágrimas al peso, esperando que el espejo le diera el visto bueno.

Ya se oían las campanas tañendo el toque de difuntos y asomaba por la cuesta el cortejo fúnebre. Ensayó los gestos finales, apretó los ojos, carraspeó aclarando la voz y cuando el féretro pasó por delante de su puerta, se unió a la comitiva, profiriendo primero desgarradores gritos de dolor, para acto seguido continuar con un espectáculo de llantos y golpes de pecho , que hizo las delicias de la apenada familia del extinto.

Sin duda era la mejor plañidera de la comarca, la de más alta factura, la más autentica, nadie gemía la pena como ella, sus packs de lágrimas y lamentos estaban muy valorados en el entorno, daban el pego, engañando hasta al difunto al que, en alguna ocasión, se le vio vagando, en busca del camino de vuelta para consolarla.

GOLPECITO A NUESTRAS CONCIENCIAS



Mi inquieto y polémico amigo Ángel me ha pasado este vídeo de Arcadi Oliveres que creo que merece la pena ver.

A mi siempre me asalta la duda de si es verdad lo que me cuentan tanto unos como otros, pero creo necesario tener oídos para todos y que cada uno saque sus propias conclusiones.

EL SUSURRO DEL DUENDE (ADDENDUM)

A menudo nos acomodamos a nuestras pequeñas miserias porque siempre es menos arriesgado que luchar por nuestros sueños……….casi siempre descubrimos el valor de lo que tenemos cuando lo perdemos y algunas veces…. muy pocas, conseguimos ver más allá de donde alcanza nuestra mirada.

Gracias a todos por vuestra fidelidad, por vuestra paciencia y sobre todo, por vuestro cariño.



EL SUSURRO DEL DUENDE (última entrega)

Para Beatriz, por su apuesta y por su victoria.


- Dime cielo …..¿quien te llevó al parque donde nos encontramos? – preguntó su madre acariciándole su melena rubia.

La niña le miró con ojos suplicantes – si te lo cuento ¿te vas a enfadar conmigo? - Laura negó serenamente con un movimiento de cabeza.

- El duende, mamá, el duende me llevó allí –

Volvía a aparecer la figura del duende que tantas dudas despertaba en Laura y cuya existencia tanto alimentó Roberto, ahora que parecía que toda la historia del duende había sido un cuento, Diana volvía a evocarlo. Laura decidió seguir interrogando a su hija

- Pero….. ¿el duende ha estado contigo siempre? –

Diana afirmó con la cabeza - él me sacó de la habitación que tenía y me acompañó al parque, estaba cerquita andando y me dijo que los dos ibamos a volver a casa. –

- ¿y donde está ahora? -

- Volviendo a Loya, se fue con Roberto – contestó Diana con una sonrisa.

Laura recordó que Roberto llevaba una caja en una mano y la maleta en la otra, cuando se marchó.

- Demonio de chica – contestó divertida Chelo – Si ya lo decía el señor Arturo, ¿quien va a creer a una criatura de seis años?-

El timbre de la puerta rompió el clima de absoluta atención que se había creado en torno a la historia de Diana. Chelo hizo ademán de levantarse a abrir, pero Laura se adelantó.

- Deja, ya voy yo – albergaba la remota ilusión de que tras la puerta se encontrara Roberto, dispuesto de nuevo a entrar de lleno en su vida.

En su lugar encontró una adolescente que no conocía, aunque su rostro le resultaba familiar, no le dio tiempo a hacer más cábalas sobre su identidad, la joven la saludó y se presentó:

- Soy Marta Hidalgo. –

La noche se estaba echando encima, pero el color azafrán del atardecer de Madrid se resistía a darle paso, el aire se le antojó repleto de olor a pino y a lavanda y el canto de los pitos reales y las bisbitas se confundía más que nunca con el susurro de un duende.

F I N