GRANDES REMEDIOS



Ya no podíamos contar con él, hacía lo que quería, se ponía en rojo para dar paso a la enfermera de ojos de gata y en verde para el celador forzudo que se las veía y se las deseaba para cruzar el patio. Cuando pasaba el cocinero cambiaba bruscamente de color e invitaba a los internos a proseguir la marcha arrollándolo. Intentamos asignarle otro cometido como el de papelera o autobús, pero no había manera, él quería seguir siendo semáforo. Tras largas horas de negociación, el director lo ha desenchufado y ha decidido convertir el patio en zona peatonal.    

5 comentarios:

Miguel jiménez salvador dijo...

Qué lástima, con lo que cuesta encontrar la verdadera vocación, je je.
Muy bueno escritora!
Abrazos.

Belén Sáenz dijo...

Muy bueno el relato, he disfrutado mucho leyéndolo.

JOSEP Mª Panades dijo...

Muy original y divertido.
Las larga espera ha valido la pena.
Saludos.

Miguelángel Flores dijo...

Qué bueno, niña. Pues no entiendo por qué no estuvo entre los escogidos??
Abrazazo, hermosa.

Gloria Santana Gonzalez dijo...

Siempre sorprendes, eso me gusta. Una pena que no puedas regalarnos estas joyas más a menudo.
Besos de gofio.