SE VENDE

    
Por fin iba a vender la casa, necesitaba dinero y la pareja que tenía delante parecía encantada con su luz, su distribución y mis dotes de convicción. Solo les quedaba ver el sobrado.

Me adelanté para abrirles la puerta y las siestas de las tardes de verano escaparon por los huecos de mi memoria, seguidos del pan con chocolate y los secretos compartidos con Purita. Volaron de su escondite las furtivas cartas de amor de aquel monaguillo de ojos azules y la picadura de tabaco del abuelo. La cama de latón me hizo un guiño y empezó a chirriar en mis oídos al compás de la pasión de aquella noche de abril...

─¿Les he contado que al atardecer se oye una voz femenina que entona boleros?...guárdenme el secreto, es mi abuela la que canta, murió  en esa mecedora─ aclaré bajando la voz.

No volvieron. Me quedé escribiendo sobre los haces de luz que se colaban por las rendijas  a través del lenguaje de signos, como tantas veces había hecho con la abuela, sordomuda de nacimiento. Delante de su recuerdo rompí el cartel de "Se vende".                  

12 comentarios:

Petra Acero dijo...

¡Una vida de recuerdos... es tan difícil de vender!
Poético y visual, luminoso y tierno.
Me quedo con el peso de ese lenguaje de signos entonando boleros.

Un beso grande, Esperanza.

LA CASA ENCENDIDA dijo...

Ohhhh como nme ha gustado. He recorrido todo el lugar de tu mano y hast ahe escuchado la mecedora y olido el tabaco. La ternura elvuelvew el micro.
Besicos muchos.

Asun dijo...

Me ha gustado mucho. Los recuerdos poblando toda la casa, y por último esa mecedora. Haces que sintamos las sensaciones y el final es perfecto.
Felicidades.

Barlon Mrando dijo...

Jo, te hace sentir envidia. Deseas ser tú quien ya no desea vender la casa. En realidad nos haces sentir no querer venderla.

Saludos.

Montesinadas dijo...

Pura nostalgia al lugar al que un@ siempre ha `pertenecido.
Bien por no venderla ya saldrá de la situación y seguirá sabiendo quién es y de dónde viene.
Muy bonito Esperanza.

Nicolás Jarque dijo...

Esperanza, que todo tiene un precio es cierto, pero que no cualquiera. Los recuerdos por ejemplo se cotizan muy altos, si con ellos has vivido en felicidad.

Me gustó cuando se abrió la puerta y la casa le recordó todas aquellas vivencias que le hicieron feliz.

Besos, Escritora.

Rosa dijo...

Cuesta desprenderse de las cosas que guardan nuestros recuerdos, que a fin de cuentas son nuestra vida. No hay dinero que pague eso...

Besos desde el aire

Mei Morán dijo...

Qué bello, ese retazo de nostalgia.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Una pieza impecable, Esperanza. Me parece genial como abordas el hecho del autosabotaje y como logras que no sólo lo entendamos, sino que nos digamos que nosotros hubiéramos hecho lo mismo.

Un micro fantástico.

Mis aplausos.

Ángeles Sánchez dijo...

Qué historia tan bella Esperanza y qué bien contada. Recuerdos que ni se pueden ni se quieren vender.

Abrazos

Arte Pun dijo...

Impresionante... ¡Puf, qué bueno!
Me ha impactado esa forma de hablarle a la abuela.

Me encantó. Besos

Miriam Márquez dijo...

Este es mi favorito. Me encanta. Por la idea pero sobre todo por todo lo que hay debajo latiendo. Un abrazo.