HACERSE VIEJO


El abuelo nunca está contento, creo que no debe ser divertido hacerse viejo porque se queja mucho y sonríe poco, como me ocurre a mí cuando me aprietan los zapatos.  A lo mejor lo que le pasa es que ya no le quedan amigos para jugar al balón ni le mola tirar petardos porque ya no oye como estallan. Se enfada mucho si le llevan la contraria pero a él no le castigan, ni le obligan a comer si no quiere, como a mí. Nadie le rechista y yo creo que es porque sospechan  que tiene poderes,  ayer  cuando se levantó de la siesta hablaba mal  y hacía cosas raras con los labios y la lengua y entonces me di cuenta:  -¡Hala abuelo, que de cosas te va a traer el Ratoncito Pérez esta noche!- pero con tal de no tener que dar las gracias a nadie, se fue a su cuarto y al rato apareció con todos los dientes puestos otra vez en su sitio. Él se lo pierde. 

10 comentarios:

Mar Horno dijo...

La mirada infantil que todo lo salva, todo lo endulza. Es muy difícil disfrutar de la vida cuando ves que se te escapa de las manos. Precioso. Un beso.

Juglar dijo...

¡Con cuánta ternura has dibujado la tragedia del anciano, ante su fragilidad, en todos los sentidos!
Magnífico, Esperanza.
¡Enhorabuena!
Un abrazo.

Elysa dijo...

Me encanta, esa voz infantil es creible y retrata de una manera perfecta a ese anciano un tanto cascarrabias.

Besitos

CDG dijo...

No es fácil mostrar la mirada de un niño con tanto éxito y en tan pocas líneas. Y más cuando se junta con la vez, la otra cara de la moneda. O la misma, si se piensa bien...
Me gustó.
Un abrazo.

Nicolás Jarque dijo...

Esperanza, que bonita forma de mostrar la niñez en la vejez. El ser humano tiene la capacidad de retroceder en el tiempo a estas edades. La visión del niño le da un toque tierno al relato muy agradecido.

Me gustó mucho.

Un abrazo, Escritora.

MJ dijo...

¡Cuánta ternura se desprende de este micro!
Precioso, Esperanza.

Un beso.

Sergio Cossa dijo...

Tragicómico micro, y muy bueno.
La mirada de un niño y un comentario que, como todos los de ellos, no tiene ni pizca de hipocresía. Por eso nos duele a los adultos.
Saludos, Esperanza.

Puck dijo...

La relación entre los ancianos y los niños siempre es especial. Me gustó
saludillos

Adrián dijo...

Yo, en cambio, veo dosis de humor negro, no veo tanta ternura como cierta maldad en la voz del narrador. O será el modo en que yo lo percibo, y eso me gusta.

Un abrazo.

Ximens dijo...

Es encantador como te pones en el papel del niño. Efectivamente, la vejez es eso: andar todo el día con zapatos que hacen daño. Es muy simpático tu relato.