SE HA ROTO LA RACHA DE NOMINACIONES


Este es el microrrelato que presento este mes de junio al Concurso de Microrrelatos sobre Abogados. No ha sido seleccionado, ¡que le vamos a hacer! Las palabras obligatorias son Testigo, Declaración, Alergia, Soldado y Escrito.

RATA O RATERO


Desde que descubrí que todas las pruebas estaban allí, supe que tenía que hacerlo. Entré en la Secretaría del Juzgado como un soldado en acto de servicio, con disfraz de Letrado y maletín vacío, aprovechando la hora del desayuno, sin más testigos que una funcionaria, enterrada entre expedientes, que archivaba escritos , sin reparar en mí. Me acerqué a la pila de legajos del rincón, con cuidado aparté los diez primeros y luego los diez siguientes, allí estaba mi seguro de vida, mi declaración de libertad, deslicé el expediente dentro del maletín y me dispuse a salir victorioso. Una rata vino a mi encuentro, ¡con la alergia que me dan!. Mi grito ahogado se confundió con los exabruptos de la funcionaria, al ver como una manada de roedores se abalanzaban sobre los expedientes del rincón. Mi coartada perfecta. Ellas serían las culpables.

EL RELATO DE LA CADENA SER


Este es el relato de la semana pasada. Tenía que empezar por Pedro el oculista ha salido corriendo, lo que sigue es producto de mi imaginación que algunas veces está más despierta que otras.


VENGANZA CIEGA


Pedro, el oculista, ha salido corriendo despavorido, no ha podido sostener la mirada de esos ojos pardos que un día abandonó en una calle mojada de engaño y éter. La misma mirada que temía en sus sueños cada noche, la que le recordaba que había jugado con fuego y se abrasaría en el infierno. Todos los ojos que había apagado, todos los experimentos realizados, cegaban su conciencia. Esa mirada se había salvado y ahora era su condena. No hay sitio para esconderse, está acorralado. Mira por última vez al cielo antes de que el líquido caliente corra por sus ojos. Después todo fue oscuridad.

EL SUSURRO DEL DUENDE (36ª entrega)

entelepentele


Laura encendió el ordenador y Roberto se sentó a su lado. Mientras esperaba a que los programas estuvieran disponibles, ella le relató el sueño que había tenido la noche anterior:

“Era de noche y deambulaba por las calles buscando las fuentes. Me encontré con un hombre, que estaba leyendo un libro y le pregunté si sabía donde estaban y me respondió “aquí”, ofreciéndome el libro que leía. Recorrí unos metros más y me encontré a una anciana sentada en un banco leyendo, le pregunté por las fuentes e hizo lo mismo, dio unos pequeños toques con sus dedos en las páginas del libro y dijo “las fuentes son éstas”. Salí corriendo y me encontré un hombre con toga de juez y le grité: “Estoy buscando las fuentes ¿sabe donde están? y me respondió “aquí” , se tapó la cabeza con la toga y desapareció” .

Roberto la miró fijamente y tras unos instantes confesó: - no he entendido nada-

Laura le expuso sus deducciones releyendo el ticket donde Roberto había apuntado la frase: “Empieza cuestionándose si soy abogada o leguleya y me dice que el juego lo dirá. Luego el juego tiene que ver con el derecho. Es obvio.

En mi sueño las personas que encuentro me indican que las fuentes están en los libros y por último sale una persona con toga de juez que dice que las fuentes están allí. Esta claro ¿no?”

Roberto la observaba con los ojos muy abiertos intentando comprender su proceso deductivo. Finalmente, se dio por vencido y dijo – No, la verdad es que no te sigo, me he debido de perder algo –

Laura volvió a sus deducciones con más ímpetu: - Si, si ¿No lo ves? Hay una cosa que se llaman las fuentes del Derecho, y son la ley, la costumbre, los principios generales y la jurisprudencia ¿te das cuenta? El mensaje se refiere a las fuentes del Derecho y el juez de mi sueño me conduce a la jurisprudencia –

Roberto seguía observándola con una gran expectación. Laura prosiguió: - la jurisprudencia es el criterio que van marcando los jueces con sus sentencias. En varias ocasiones, antes que desapareciera Diana, me encontré misteriosamente abierta mi base de datos de jurisprudencia. Todo encaja. –

El seguía intentando encajar las piezas del puzzle – Así que las tres llaves están en la jurisprudencia ¿no es así? –

Laura asintió con la cabeza.

Roberto releyó muy lentamente: - Vuelve al bosque urbano en el día más largo del último lapso capicúa y busca la llave que te permitirá continuar – Miró a Laura y le dijo –Traduce, princesa-

(Continuará)

LO QUE APRENDÍ

lefhand rotation

El paso del tiempo nos proporciona la distancia necesaria para valorar con suficiente perspectiva lo vivido. Mi infancia y mi adolescencia estuvieron marcadas por la férrea disciplina del colegio de monjas, complementada por una estricta y exigente educación paterna.

No guardo un especial cariño por mi colegio, su patio olía a puré de verduras y a supervivencia. Allí aprendí el significado del trueque: Yo le regalaba mis bocadillos a Marisol y ella me bordaba los pañitos para la asignatura de hogar.

Allí descubrí la necesidad de encomendarme al Altísimo a través de la oración: La Madre Abencia nos repetía, una y otra vez, que nadie se podía resistir a la llamada de Dios hacia la vocación religiosa y yo rogaba al cielo: - a mi no me llames, por favor, no me llames- .

Allí aprendí a sobrevivir y a hacerme respetar en la jungla de las niñas despiadadas que esperaban cualquier síntoma de debilidad para convertirte primero en su esclava y luego en escoria, rechazada por todas.

Las monjas me enseñaron los trucos necesarios para ser una buena esposa, siempre dos pasos por detrás de tu marido, elegante, sumisa, dedicada por entero a él y a su promoción personal y profesional. Debí faltar mucho a clase en esa época porque no recuerdo ni una sola de las consignas.

Pero sobre todo allí descubrí el valor de la amistad, que la recompensa es más dulce cuanto mayor es el esfuerzo realizado, que hay que saber guardar un secreto y que nunca hay sitio para los traidores y los chivatos.

Los trece años pasados en el colegio de monjas me curtieron sobremanera para manejarme en el mundo exterior, me dejaron un gusto por el latín que aún perdura y una afición por la lectura que nunca podré agradecer lo suficiente.

Pero......¡tan sólo era una niña!....... no era necesaria tanta dureza.

EL SUSURRO DEL DUENDE (35ª entrega)

pez de tierra

- Vaya, que rápido eres, te ha dado tiempo a subir hasta aquí y apagar el ordenador – dijo Javier Vielva en tono mordaz - ¿quién eres? -

- Eso me gustaría saber a mí – respondió Roberto – que tipo de Comisario eres que te permites andar por esta casa como si fuera tuya? ¿Es costumbre en la Policia? .

-Digamos que soy un viejo amigo de Laura, fuimos compañeros de carrera y de algo más – contestó Javier levantando el mentón, mostrando su mejor derecho para estar allí que Roberto.

-¿Y? – preguntó Roberto levantando exageradamente sus cejas.

-No me has respondido todavía – replicó Javier con una dura expresión en su cara – ¿porque apagaste el ordenador? –

Roberto adoptó una expresión burlona y le contestó – Digamos que yo también soy un viejo amigo de Laura, fuimos compañeros de niñez y de algo más....... ¡ah¡ y apagué el ordenador porque estaba encendido.-

La llegada de Laura abortó lo que parecía un inminente desencuentro entre los dos hombres.

-Buenos días – dijo Laura apretando el cinturón de su albornoz, dirigiendo su mirada al Comisario – yo pensé que mi casa era mi reducto de intimidad pero ya veo que no –

No hacían falta palabras, sus miradas lo habían dicho todo, Laura había invitado a Javier a abandonar su casa, Roberto le había transmitido a Javier que era éste el que sobraba y el Comisario a su vez, miró a Laura con un “Ya me voy” y a Roberto con un “Tú ganas, por ahora”.

Laura miró de reojo el ordenador mientras Javier se despedía, su cara de pavor casi la delata, menos mal que Roberto le hizo rápidamente un gesto mostrando el borde de un papel asomando por el bolsillo de su camisa.

Cuando por fin se quedaron solos, Roberto sacó el ticket del bolsillo y mirando a Laura le dijo: -¿Te dice algo de por donde empezar?-

- Creo que si – respondió ella, llevándole de la mano al despacho y cerrando la puerta tras ellos.

(Continuará)

TODO SIGUE IGUAL


Este post va a levantar ronchas, lo sé. Con todo y con ello voy a tirarme a la piscina, voy a desatar mi lengua y me voy a permitir el lujo de opinar sobre la reforma laboral.

¿Qué porqué? Porque creo que conozco bien el percal, no en vano llevo veinticinco años tomando el pulso al escenario capicúa: empresa versus trabajador versus empresa y porque hace tiempo que deje de intentar gustar a todo el mundo, y eso me da la libertad de opinar a sabiendas de que muchos/algunos no compartáis mi criterio.

Por más que leo el tan traído y llevado Real-Decreto Ley no veo donde esta la reforma, todo sigue igual, no se ha flexibilizado nada, el despido de 45 días sigue existiendo, aunque nos pretenden vender que se ha reducido a 33 días, no es cierto, ese ya existía para algunos colectivos y ahora se aplica a otros, no a todos. No han conseguido alejar a los tribunales para interpretar las causas de despido, luego no pueden dar estabilidad a un mercado, dejando que lo moldee los dispares criterios de nuestros jueces.

Nos han vendido una de paños calientes, porque todo sigue igual, y creedme que la reforma laboral es fácil, lo que pasa que es impopular y quien la acometa saldrá escalabrado, sin duda. Si quieren flexibilizar el mercado laboral sólo hay dos soluciones: O abaratan el despido o vuelven a establecer el contrato temporal de seis en seis meses hasta 3 años.

Me gustaría conocer el currículo de los que han elaborado este Real-Decreto, seguro que no son ni trabajadores ni empresarios, ni unos ni otros lo habrían hecho así.


Sine ira et studio.

EL SUSURRO DEL DUENDE (34ª entrega)

vannis.phaedra

El Comisario Vielva estaba esperando en el coche cuando Chelo llegó. Eran las ocho y media de la mañana y los chichipanes, herrerillos y petirrojos llevaban ya un buen rato dando la bienvenida al nuevo día.

Javier Vielva alcanzó a Chelo cuando ésta estaba abriendo la puerta. ¡josú que susto ma dao! ¡recontra! ¿Qué hace usted aquí tan de mañana? - Pues ya he llamado un par de veces y no me ha abierto nadie. Laura ¿no está?-

- Sa habrá quedao dormia, últimamente no levanta cabeza –

Chelo entró en la casa seguida de Javier Vielva que una vez dentro sondeó. –Me gustaría subir un momento a la habitación de Diana para comprobar unas cosas, ¿es posible? –

La extremeña no sabía si finalmente Roberto se había quedado a dormir y pensó que si el Comisario se lo encontraba arriba, la situación podía complicarse aún más. No tuvo que esperar mucho para despejar sus dudas, Roberto estaba llamando a la puerta.

¿San caido todos de la cama hoy? refunfuñó Chelo. El Comisario todavía esperaba una respuesta de la niñera, pero el nuevo visitante había despertado de tal manera su interés que se olvidó del objeto de su visita. Chelo se metió en la cocina, dejándoles uno frente al otro en el hall. Javier Vielva se apresuró a presentarse, sin dejar de observar ni uno sólo de los movimientos de Roberto, quien se presentó, a su vez de una manera parca y distante.

Javier Vielva intentó un acercamiento con Roberto para poder ubicarle dentro de la trama, pero Roberto se resistió y rápidamente abortó la maniobra con una sonrisa diciendo: - Disculpa que no pueda contestar a tu interrogatorio, pero es que, como no lo esperaba, me he dejado el abogado en casa.-

Chelo salió de la cocina para ofrecerles un café que los dos rehusaron y el Comisario insistió en su petición de subir a la habitación de Diana, a lo que la niñera asintió de mala gana.

Roberto pensó que tal vez el Comisario husmeara por otros lugares y entrara al despacho. Tenía que comprobar que no había ningún mensaje en la pantalla, así que, cuando el policia entró en la habitación de Diana, subió sigilosamente las escaleras y se coló en el despacho, donde el ordenador aún mostraba el mensaje de la noche anterior. Copió rápidamente en un ticket que tenía en el bolsillo, las frases que se mostraban en la pantalla y apagó el ordenador en el mismo instante en que el Comisario abría la puerta del despacho.

(Continuará)

EL SUSURRO DEL DUENDE (33ª entrega)

Teresa Mtz

-No te preocupes, mamá, estoy bien, me ha dicho mi amigo el duende que tienes que ganar un juego y yo volveré a casa – Laura se despertó sobresaltada, su hija acababa de hablarle, no había sido un sueño, Diana había estado allí, podía olerla, podía sentir aún su presencia, estaba segura incluso que la había dado un beso. Se levantó rápidamente y recorrió ansiosa toda la casa esperando encontrarla, pero fue inútil, en su lugar encontró un largo mensaje en la pantalla del ordenador:

¿Abogada o Leguleya? La primera ha de ser como la hoja de una espada: recta, flexible, brillante y acerada, la segunda convierte la más noble de las profesiones en el más vil de los oficios. ¿Qué eres? El juego te descubrirá.

Tres son las llaves, tres son las puertas que abren el camino de vuelta a casa. Busca en las fuentes, allí las encontrarás.

Vuelve al bosque urbano en el día más largo del último lapso capicua y busca la llave que te permitirá continuar.

Laura leía una y otra vez el mensaje, el desasosiego no le permitía respirar acompasadamente, quería descifrar el acertijo inmediatamente y cada vez se ponía más nerviosa al descubrir que no comprendía en absoluto su significado.

Eran las tres de la madrugada, estaba sola en casa y sus problemas se transformaban con la oscuridad en monstruos gigantescos que la engullían sin remedio.

A pesar de que no era creyente, sintió unos irrefrenables deseos de rezar, volvió a su habitación, se arrodilló al lado de la cama y con las palmas de sus manos unidas, enfocando sus dedos al cielo, se encomendó al Ser Supremo cuya existencia imploraba y con absoluta entrega le rogó a media voz: “Ayúdame”.

(Continuará)