ÁNGELES Y DEMONIOS





Para Marta
Crónica del 24 de Agosto de 2019 

Ir a recoger un premio, por esta afición que tiene una de juntar letras, se convirtió en la excusa perfecta para pasar un poco más de 24 horas juntas. Nos unen lazos de sangre, aún más las lágrimas lloradas juntas, los momentos vitales tatuados en nuestras almas con tinta indeleble, el dolor que se esconde en nuestras miradas y todas las risas reídas y que aún nos quedan por reir y que empezamos el fin de semana.
Lerma nos acogió con unos boquerones en vinagre y un queso de cabra que bien podían haber preparado los ángeles que nos esperaban en “Las Edades del Hombre” y que el demonio, que también estaba allí, acompañó con pan prohibido. Seguramente que fue el mismo que nos indujo a dar placer al cuerpo con un masaje relajante que nos dieron dos ángeles en el hotel. Después de relajarnos, nos centramos en el objeto de nuestro viaje: recoger el premio. Llegamos al Corral de Comedias Felipe Segundo de Territorio Artlanza a tientas y en la oscuridad, tan solo guiadas por las voces que llegaban desde allí. Aún no sabíamos si me correspondería el primer, segundo o tercer premio y salimos con la estatuilla más pequeña y con la sensación de que los demonios de Angelis habían hecho de las suyas con el jurado sembrando la confusión entre qué es un cuento y qué un microrrelato. Un rapsoda y un violinista hicieron las delicias de la concurrencia y fueron los verdaderos protagonistas de la velada. De vuelta a Lerma, al filo de la medianoche nos tuvimos que conformar con improvisados bocadillos de cortezas y salchichón en la habitación del hotel. El domingo la visita obligada al convento de las clarisas y la compra de ese manjar angelical que son sus trufas puso punto final a nuestra escapada. No se si habrán sido los ángeles los que pusieron este premio en nuestro camino pero de lo que estoy segura, MiMarta, es que a tu lado es más fácil luchar contra los demonios que se atrevan a asomar.  


PEQUEÑAS ALEGRÍAS

Esta vez no pudo ser, me quedé con las ganas de estar en la Quedada de Santiago, por eso quise estar presente de alguna manera participando en el concurso del Ayuntamiento de Betanzos en la categoría de "No Asistentes" y las meigas se pusieron de mi lado y me alcé con la victoria. Son esas pequeñas alegrías que te animan a seguir juntando letras para contar historias. A partir de esta foto,  incluyendo la palabra "ochocientos" conmemorando los 800 años de esta villa gallega, un relato sobre uno de mis temas favoritos: el paso del tiempo. Espero que os guste. 

  
Tempus fugit
Maruxa fue un regalo tardío e inesperado para unos padres en edad de malcriar nietos. Ya de niña apuntaba maneras y cuando pasaba por delante de los relojes del Parque del Pasatiempo caía en trance. Creció a la vez que su atracción hacia esas 41 esferas que consiguió parar atrapando el tiempo que señalaban con sus agujas. Los primeros minutos que rescató se los regaló a una señora que pasaba por ahí. Enseguida se corrió la voz y pronto había más de ochocientas personas en la cola, en busca de horas, días e incluso años qué inyectar a sus apretadas vidas. La Parca también esperaba su turno para llevarse a Maruxa porque había usurpado un oficio de dioses y ella, que fue regalo tardío, inesperado y breve para sus padres, solo pudo ofrecerles los segundos que quedaron prendidos entre sus dedos para decirles adiós.

VIENTOS DEL NORTE






Todo empezó con un simple comentario “podíamos hacer una quedada” Dicho y hecho, no estábamos todos los que eramos, pero eramos todos los que estábamos. Y fue, en “El Batán del Molino” un antiguo molino del siglo XI, que a decir de la dueña, había sido construido por monjes, tal vez esa era la razón por la que conseguí dormir como una niña en paz durante el fin de semana o quizá por esas sábanas blancas de algodón con primorosos remiendos que han guardado el sueño de muchos huéspedes. Lo cierto es que los astros se alinearon para disfrutar de un fin de semana digno de recordar. Bajo una esmerada organización por parte de Rubén y una cuidada intendencia dirigida por Belén, dimos buena cuenta de las ricas viandas traídas para la ocasión, donde no faltaron los bizcochos caseros de nuestras improvisadas reposteras, Toña, Belén y Marta, ni el jamón de Maria Jesús, y nos quedamos con las ganas de escuchar a Alberto tocar su nuevo piano de cola. Degustamos los vinos de Arlanza en una cata con maridaje en compañía de “los barnizados” que se apropiaron de la guía y de las sillas. Disfrutamos del desfiladero de la Yecla aún arriesgando el móvil de Marta para inmortalizar el momento. Saboreamos Lerma, sus miradores recitados por Zorrilla y sus pasadizos presididos por el Duque de Lerma que intentó convencernos de que era una pobre víctima, sin conseguirlo y rematamos la jornada en el Territorio Arlanza, que abrió los ojos de Juan a las infinitas posibilidades de realizar un Territorio Jorakaño y convencer a Vicente de que “El Pascualín” se les había quedado pequeño. Covarrubias nos esperaba el domingo, con sus calles y plazas y su magnífica Colegiata que nos enseñó un joven con cara de ángel, voz de haber rezado mil rosarios y zapatos de cura. Rematamos el encuentro con una magnífica comida en “Galin” donde no faltó la olla podrida y las morcillas. Ni los 3000 pasos que separaban a Marta de María Jesús, ni el talante “cañero” de Andrés que no pasó ni una en el “Tabú”, ni la afonía de Rubén, consiguieron perturbar lo más mínimo un encuentro donde reinó el cariño, el buen rollito y donde, una vez más, pudimos comprobar que esos lazos que nos unen desde la infancia siguen siendo tan fuertes como los vientos del norte que cantamos a voz en grito junto con Nando Agüeros, coronando el encuentro.


LÁGRIMAS VERDES





Las primeras gotas del rocío le salpican en los ojos y se despierta armando tal escandalera que los luganos huyen en desbandada. Ha dormido tantas lunas que su gorro se ha cubierto de musgo y sus polainas de hiedra. Se atusa mirando su reflejo en la charca de las ranas y se sacude la chaqueta para quitarle el olor a hierba recién cortada. Con un trébol de cuatro hojas en la solapa, avanza decidido hacia el claro del bosque desde el que se divisa la aldea y tras rascarse con fruición sus orejas puntiagudas suspira porque, por fin hoy, ella se unirá a él para siempre. Mientras la espera, se mimetiza en un arbusto y después en un sauce bajo el que, unas mujeres hacen la colada. Las escucha hablar de la hija del furtivo, cuentan que ha acabado en un manicomio porque le dijo a todo el mundo que en el bosque habitaba un duende que la amaba. El agua se vuelve verde y las lavanderas huyen despavoridas. El sauce que les daba sombra ahora llora, a través de sus hojas, lágrimas verdes.




XANA



Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba aventuras increíbles sobre mi madre y mi abuela; yo escuchaba con los ojos muy abiertos cómo volaban entre los árboles y se escondían tras las ramas para que nadie las descubriera. A papá no le gustaba que el abuelo me contara esas historias, ni que pronunciara mi nombre con una “x” delante, pero no podía evitar que me escapara al bosque ni que mi pelo oliera a lluvia, ni que aquella noche de luna llena crecieran bajo mis omóplatos unas minúsculas alas. Papá dijo que era mejor que nadie se enterara, pero ya era tarde, desde el borde del camino los ojos negros de una lechuza fueron testigos.


Con este relato me hice con el segundo premio del concurso "A Curuxa"

Los requisitos eran que empezara con la frase "Cuando era pequeña, mi abuelo Luis me contaba... y terminara con "desde el borde del camino los ojos negros de una lechuza fueron testigos"y no más de 100 palabras, sin contar con las frases de inicio y final". Le tengo un cariño especial a este micro porque Xana es el avatar con el que participo y me conocen en unos cuantos concursitos de estos que nos gustan a los microrrelatistas y esta hadita me ha proporcionado muy buenos momentos.  



¡CUÉNTAMELO OTRA VEZ!






De pequeña quería ser peluquera y después, monitoria de aerobic. Jamás dijo que seguiría mis pasos como abogada, aunque había que estar muy ciego para no ver que la vocación la llevaba en la sangre. Cuando era niña le leía el flautista de Hamelín y disfrutaba con sus ojillos repletos de fascinación por un hombre que con una simple flauta defendía los derechos de la ciudadanía, librando a un pueblo de las ratas. Otras veces me agotaba cuando se convertía en acusación particular contra los cuarenta ladrones por pervertir al bueno de Ali Babá, aunque siempre terminaba diciendo “cuéntamelo otra vez”. Hoy el destino une nuestras togas y mientras yo celebro mi veinticinco aniversario de profesión, ella jura la Constitución como nueva letrada. Este oficio le viene como anillo al dedo y estoy segura de que dentro de poco compartirá sus éxitos conmigo y entonces diré “cuéntamelo otra vez”.


Relato seleccionado este mes de octubre en el X concurso de microrrelatos sobre abogados que organiza el Consejo General de la Abogacía. Los requisitos son que trate sobre abogados, que no supere las 150 palabras y que incluya estas cinco: Constitución, cuarenta, aniversario, derechos, ciudadanía. 

LA MIRADA DEL TIBURÓN BLANCO


El miedo me recorrió las entrañas la primera vez que me topé con su mirada.  Los ojos del tiburón blanco son negros como el carbón, con esa negrura que solo da la ausencia de materia, la vacuidad; y me siguen haya donde yo vaya, es capaz de revirarlos hacia atrás y no perderme de vista ni estando de espalda, soy su presa favorita. Se mueve con tal sigilo que nunca percibo su presencia hasta que está junto a mí y es entonces cuando un escalofrío acompaña las palabras que me susurra al oído: «La espero en mi despacho, señorita Peláez»

EL VESTIDO DE FLORES




Al anochecer, la encargada llega al mostrador y con un simple gesto indica a las dependientas que deben recoger y marcharse antes del toque de queda. Cierra la puerta tras ellas, y recorre con parsimonia el almacén de la improvisada tienda, ojeando los nuevos sombreros recibidos, que empiezan a no caber ya en las estanterías, las blusas, las faldas y por último los vestidos. Se detiene ante uno con estampado de flores y cuello de encaje, No hay duda, es el de su vecina de arriba, lo llevaba puesto la última vez que la vio. Lo superpone a su silueta ante el espejo y piensa que con descoser la estrella amarilla de la manga y subirle un poco el bajo, le quedará perfecto. Aporrean la puerta, un nuevo cargamento de ropa procedente de Auschwitz acaba de llegar.

(Con este relato me hice con el 2º premio del V Concurso de Microrrelatos de la Asociación Cultural Olombrada)